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De Vido pide cumbre CGT, pero choca con recelo anti-Moyano
Hugo Moyano y Gerardo Martínez, enfrentados en la CGT, unificaron criterio en el Consejo del Salario. Sin embargo, fuera de ese ámbito, todavía no se reunieron, objetivo con el que trabaja Julio De Vido.
Hace 10 días, Julio De Vido intenta, sin éxito, reunir a los grupos. Espera lograrlo esta semana -se habla de mañapero «gordos» e «independientes» le enviaron un mensaje: si el ministro oficia de celestino deberá, como mínimo, llegar con algún gesto de voluntad de la Casa Rosada.
La historia se repite y la agenda es con tema único: la Administración de Programa Especiales (APE), oficina que maneja el reparto de casi 1.000 millones de pesos anuales entre obras sociales sindicales, área que el último tiempo estuvo manejada por delegados de Moyano.
La gestión oficial para evitar la fractura de la CGT, episodio que tuvo su día de furia el jueves 23 de julio, giró hacia una solución consensuada en torno del APE donde el moyanismo tenía a Hugo Sola y donde Mario Koltan cayó 24 horas después de asumir.
Sin embargo, todavía no hubo novedades sobre ese asunto. Ahora es Juan Rinaldi, titular de la Superintendencia de Seguros de Salud (SSS), quien administra la transición, pero los sectores anti-Moyano pretenden que haya, en ese cargo, una figura que garantice continuidad y equilibrio.
Prenden una alarma para evitar que Moyano logre, finalmente, imponer su criterio y consiga que designen en ese cargo a José Luis Lingieri, titular del gremio de Obras Sanitarias, aliado del camionero y alineado con la Casa Rosada con quien comparte intereses en AySA.
Como en ese capítulo no hay certezas, «gordos» e «independientes» gambetean una convocatoria al consejo directivo de la CGT y esperan, como etapa previa, una encuentro con el camionero, pero con la intermediación de De Vido como garante de la tregua.
Simple: no sólo por la desconfianza hacia Moyano -que más de una vez dijo que empezaría a compartir las decisiones- sino, sobre todo, porque pretenden un compromiso expreso del Gobierno respecto de que modificará su modo de relacionarse con la central obrera.
Por ahora, dicen desde los gremios que amagaron con la ruptura, no hay movimientos concretos en esa dirección. Esa es la razón por la cual se niegan a participar de una reunión del consejo directivo y aceptan, pero con un pacto sólido, la intermediación de De Vido.
Un ensayo, sin embargo, fue la reunión del Consejo del Salario en el que Moyano, Gerardo Martínez (UOCRA), y Armando Cavalieri (Comercio), exponentes de los tres grupos, unificaron criterio para plantear la elevación del mínimo a 1.500 pesos, escalonado, desde enero.
«La decisión es participar, sin que afecte la situación interna, en los ámbitos institucionales como el Consejo del Salario y el Consejo Económico y Social, pero que nadie crea que la situación con Moyano está bien. Falta mucho todavía para eso», le dijo anoche a este diario un «gordo» que pidió ocultar su nombre por temor a represalias, que últimamente son muy duras.
Hay excepciones. El más virulento de los voceros anti-Moyano, Oscar Lescano de Luz y Fuerza, compartió con el camionero esa negociación en el Ministerio de Trabajo y cinco días después de haberle imputado todas las pestes, lo saludó como si nada hubiera pasado.


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