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Decastelli: hacer del material rugoso una sustancia noble
Carteras de cartón corrugado, una de las admirables obras del artista Osvaldo Decastelli.
El cartón corrugado es un producto industrial que proviene de la celulosa. Su estructura está dada por tres papeles misioneros, uno central con ondulación de configuración geométrica pegado a otros dos, planos, que hacen las veces de tapa. Es consistente, rígido y duradero, se entrega sin pretensiones al paso del tiempo, ofreciendo a nuestra mirada una visión de la simplicidad de su esencia, brutamente expuesta.
Con estas palabras del artista se abre el hermoso libro dedicado a su obra con textos de Mercedes Casanegra «Encuentros en la intimidad de la materia» y «Obras 1990-2011» de María José Herrera - María Torres. ¿Cómo trata Decastelli a este material considerado pobre, que se asocia con lo industrial y el descarte? «Excito al material para obtener respuesta; golpeo para que vibre; raspo y responde, desgarro y descubro, provocando confrontaciones. Saco lo mejor de él, forzándolo a revelar su alma, lo reciclo, le saco, le arranco las entrañas.»
Con este «noble» material ha desarrollado su labor escultórica: figuras humanas, cajas-objeto, libros-objeto, objetos útiles e inútiles, carteras, zapatos, juguetes, animales fantásticos como los que bajo el título de «Estigma» presentó en 1998 así como lo que puede considerarse obra textil.
En los últimos tiempos su creatividad lo ha llevado a registrar, a través de la fotografía, las porosidades y rugosidades del material así como las manipulaciones que ejerce sobre él, entonces, lo reproduce fotográficamente para hacer más visible lo que es capaz de hacer. Esto quedó expuesto en 2009 en una de las instalaciones que realizó en Arte X Arte, fotografías en planos de cartón suspendidos, de un cromatismo fiel al material y enmarcados en negro, lo que le agregaba un halo de austeridad.
El libro permite recorrer las distintas facetas de su quehacer, de cómo su manipulación e investigación lo lleva a extremos impensados para un material que en sus manos ha sido reivindicado y resignificado al sacarlo de su funcionalidad. Formas abstractas, con o sin bisagras, combinación de texturas y otros materiales, lograr que parezca blando y maleable, búsqueda de su resistencia (edificación de una casa prefabricada, botes para la navegación de ríos rápidos, o muebles personales), el elemento lúdico de sus «juegos de artista», divertimentos como el «banco de artista», el objeto para compactar huevos en forma cuadrangular, una idea surrealista, materializada, un objeto imprevisible, se cuentan entre esos extremos. A pesar del material «pobre», su obra obedece a las leyes más severas como si trabajara la piedra o la madera; tampoco cayó en la trampa del arte povera ni de asignarle un tinte social. La última parte del libro está dedicada a su «Obra en construcción» comenzada en 2011, de carácter minimalista y que dialogan con la pintura. Obras de gran refinamiento, el mismo que ofrece el libro, edición y coordinación editorial de María Torres, diseño gráfico de Alejandro Ros, fotografía de Gustavo Lowry.


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