27 de noviembre 2009 - 00:00

Déficit forestal en la Argentina

Déficit forestal en la Argentina
A pesar de que la Argentina cuenta con uno de los índices de crecimiento (por árbol) más alto del mundo, lo que fue ratificado en el reciente congreso realizado en Buenos Aires, del que participaron más de 6.000 representantes de todo el mundo, el país sigue manteniendo un fuerte déficit en materia forestal.

De hecho, el año pasado las importaciones rondaron los u$s 1.700 millones, mientras que las ventas al exterior sólo alcanzaron los u$s 1.000 millones.

Según la Asociación Forestal Argentina (AFOA) el mercado internacional de productos de base forestal es actualmente de unos u$s 150.000 millones anuales.


A su vez, mientras los países vecinos registraron un fuerte despegue, especialmente en los últimos años, que llevaron a Brasil a superar los 7 millones de hectáreas forestadas, Chile más de 2 millones y hasta Uruguay con su extensión mucho menor ya se acerca al millón de hectáreas, la Argentina apenas supera 1,2 millón, con una lenta expansión anual y muchas pérdidas productivas.

Para entender la situación es necesario señalar que el país cuenta con 29 millones de hectáreas de bosques nativos (la mayoría de madera dura). Sin embargo, el 90% de la producción industrial forestal (46% de pulpa y papel; 46% de madera y 8% de comestible) proviene de los bosques cultivados, de los cuales hay apenas 1,2 millón de hectáreas.

De éstas, el 80% están en la Mesopotamia y compuestas mayoritariamente, por pinos (47%), eucaliptos (35%), y sauces y álamos (15%).

Atraso

Pero, ¿qué determina que la actividad local esté tan atrasada, incluso, frente a los vecinos, justamente cuando se registra una demanda internacional muy fuerte (se prevé un incremento de otros 900 millones de toneladas de madera para los próximos 20 años) y, además, la Argentina es el país que presenta las áreas con mayor potencial de expansión de bosques cultivados?

Básicamente se podría hablar de la inestabilidad económica y fiscal que afecta, especialmente a las actividades de mediano y largo plazo, tal el caso de la forestación.

Tanto, que el proyecto de plantar 100.000 hectáreas anuales que planteaba la Ley Forestal a mediados de los 90, y que se sancionó recién hacia fines de esa década, apenas se pudo cumplir cuando, el abrupto cambio en las reglas económicas de fines de 2001 y 2002, con salida de la convertibilidad mediante, volvió a provocar un profundo retroceso que, aunque atenuado, aún se mantiene.

Así, se llegó a caer a 20.000 hectáreas forestadas por año, y a 3-4 años de atraso en las asignaciones de los planes forestales por los que el Estado se hace cargo de los costos de implantación (una vez que se comprueba que, efectivamente, la plantación está concretada).

Grandes inversores

Hoy, el ritmo de ocupación es de 50.000-60.000 hectáreas por año, aunque los planes siguen sin regularizarse totalmente.

Aun así, las muy buenas perspectivas internacionales y las excepcionales condiciones productivas del país determinan que, especialmente los grandes inversores hayan recomenzado con la actividad, no así las pymes que no pueden financiar los costos de la plantación.

Otro problema, para nada menor, es que sólo el 60% de la producción actual del país tiene salida industrial local, ya que faltan plantas para absorber el resto de la materia prima.

De hecho, las últimas que se construyeron para papel, fue hace 25-30 años atrás cuando los volúmenes de madera para pulpa y papel que se manejaban eran sensiblemente menores.

Sólo en Corrientes hay ahora más de 400.000 hectáreas forestadas (y tiene otras 3-4 millones de ha óptimas para agregar a la actividad), buena parte de las cuales se están «pasando» por falta de capacidad industrial para absorberlas.

Con la oferta actual, sólo en esa provincia, podrían funcionar dos plantas de triturado, que implican una inversión de alrededor de u$s 1.000 millones cada una, y pueden representar exportaciones por unos u$s 1.500 millones anuales.

Valor nulo

En tal sentido, y aunque comienzan a registrarse ciertos movimientos provinciales en la materia, todavía falta incentivo para que se instalen industrias procesadoras que, en definitiva, son las que marcan el «techo» a la actividad forestal.

Dicho de otra forma, si no hay proceso, el valor del bosque es nulo.

En síntesis, la Argentina tiene alrededor de 5 millones de hectáreas de excelente calidad forestal para ampliar la capacidad de sus bosques implantados y, por ende, la actividad forestoindustrial y las exportaciones (lo que conllevaría el consiguiente ahorro de divisas por las importaciones, especialmente de papel, que hoy se deben realizar).

El ritmo de plantación debería alcanzar las 150.000 hectáreas anuales lo que, además, significaría un fuerte aumento en la demanda de mano de obra .

Para conseguirlo, es imprescindible que la actividad industrial acompañe este desarrollo, para lo cual se requiere de inversiones internacionales de magnitud que, aunque están atraídas por las condiciones ecológicas y la tasa de crecimiento que muestran la mayoría de las especies forestales en la Argentina, necesitan de mayores certezas sobre la estabilidad de las normas económicas y fiscales como para invertir en el país.

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