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"Déjenme ser legisladora", dijo y relanzó teoría fueros
• FUE EN UN CRUCE CON MORALES.
• LA PLAZA NOMINADA Y UNA BANDERA SINTOMÁTICA.
Cristina de Kirchner saludó desde una combi donde estaban Julián Domínguez, “Wado” de Pedro y la diputada Mayra Mendoza, entre otros.
"Déjenme volver a ser legisladora", jugueteó cuando, ante una ráfaga por AMIA, el senador radical Gerardo Morales le habló desde su banca y le pidió "retomar el debate".
"Me encanta, Gerardo -le respondió- déjenme volver a ser legisladora por un momento, y voy a volver al debate". Ayer, en las usinas del kirchnerismo, esa sola frase reavivó la fantasía, varias veces negada por la propia Presidente, de tenerla al frente de una lista en 2015: así como se habló de legisladora del Mercosur o de candidata a gobernadora por Buenos Aires o por Santa Cruz, ahora se agregará la de diputada o senadora.
Circula, claro, en ese territorio de equívocos y brumas en que una frase se interpreta y se abraza como un dictamen. Ante una plaza colmada, en la que según la Policía Federal hubo 300 mil personas, la broma interna de la Presidente a Morales, con quien convivió en el Senado, sembró interpretaciones, aunque en el último tiempo Cristina de Kirchner negó, en más de una ocasión, que esté en sus planes ser candidata. Llegó, incluso, a refutar por Facebook a Carlos Kunkel cuando éste la postuló genéricamente: "Va a estar en alguna lista", dijo el proto-K.
La de ayer, la convocatoria del 1-M, fue la movilización más numerosa de un inicio de sesiones ordinarias y una de las más grandes del dispositivo oficial. Como pocas veces antes, la Casa Rosada activó para que todos los sectores muevan y convoquen, con lo que logró un lleno absoluto en la plaza y en las avenidas y calles cercanas.
Allí hubo un duelo, no del todo perceptible, de banderas y carteles para promocionar a los candidatos, aunque el ring, con Cristina de Kirchner como único árbitro, estuvo en el recinto. En línea con lo hecho en las últimas semanas, la presidente citó a Florencio Randazzo y a Patricio Mussi, los dos dirigentes que aparecen en la foto actual del cristinismo con mayor visibilidad.
Con el ministro del Interior y Transporte, que bracea por recordarse como el actor más competitivo en la interna K contra Daniel Scioli -que, a diferencia de otros años, esta vez no quedó desnudo en la línea de fuego de la Presidente-, tuvo el mayor guiño porque el único proyecto "taquillero" que envió al Congreso está ligado con su área: la estatización del servicio de trenes.
Deslizó, en esa gestualidad que cotiza en Bolsa ante la ausencia de definiciones tajantes, palabras de cercanía con Julián Domínguez y algunas referencias de gestión a otros funcionarios-candidatos como Diego Bossio, de ANSES, y Agustín Rossi, el ministro de Defensa.
Afuera, entregados a la disputa numérica de mostrar tropa y despliegues, pujaban otros actores y sectores: el Movimiento Evita y La Cámpora, los intendentes del conurbano sur para reforzar la idea de último bastión leal -marcharon juntos encabezados por Julio Pereyra y Fernando Espinoza, otro candidato al acecho-, Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella y, entre otros, Kolina de Alicia Kirchner, alineado con la premisa de instalar a Carlos Castagnetto, su vice, en la carrera por la sucesión de la butaca que dejará vacante Scioli.


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