21 de octubre 2015 - 00:12

Desafíos de la Banca de Desarrollo

Miguel G. Peirano
Miguel G. Peirano
La voluntad política de priorizar el crecimiento y consolidar el proceso de reindustrialización debe potenciarse a partir de la creación de una Banca de Desarrollo. Ése es uno de los objetivos del candidato a presidente Daniel Scioli, quien apuesta a mejorar la oferta de crédito a largo plazo y a tasas competitivas para estimular las inversiones, orientar la radicación de empresas en términos regionales y sectoriales. De ese modo, el incremento de la producción facilita bajar la inflación y al mismo tiempo que se incrementen las exportaciones para generar más dólares y lograr un sendero que permita ganar márgenes de libertad en el sector externo.

Una Banca de Desarrollo se inserta en una estrategia dónde las decisiones macroeconómicas, los planes de infraestructura, las decisiones en las negociaciones internacionales, las políticas de innovación y capacitación y los incentivos sectoriales priorizarán la mejora de la competitividad desde una visión sistémica. El financiamiento es clave para el éxito de las empresas. En los mercados se compite por precio, calidad y también por las condiciones financieras que las empresas pueden tener para ofrecer a sus clientes o para tomar sus propias decisiones.

La experiencia internacional evidencia la importancia de contar con activas políticas financieras y con un rol del Estado activo en la materia. El Eximbank ha tenido un papel estratégico fundamental en EE.UU. También Japón cuenta con un banco de desarrollo. La economía coreana basó la mayoría de sus grandes proyectos industriales en el Korea Development Bank, un banco de propiedad estatal. Las naciones de Europa han avanzado en instituciones similares. La creciente escala de empresas brasileñas también se vincula al estímulo financiero que les brinda el BNDES, el cual no sólo financia la industria sino también proyectos de agricultura, servicios, y comercio de pequeñas, medianas y grandes empresas a tasas subsidiadas por el Estado.

Incluso los BRICS han decidido como una de sus primeras y estratégicas decisiones poner en marcha un Banco de Desarrollo. Argentina tiene recursos y posibilidades para encarar un desafío similar, incentivando nuevas inversiones con financiamiento a tasas y plazos favorables y asegurando el recupero de los créditos sin reglas diferenciales en materia de garantías al sistema general. Esta concepción implica potenciar los programas e instituciones existentes creando un ámbito de coordinación para definir los objetivos regionales y sectoriales. Es necesario resguardar la tarea articulada de bancos oficiales, bancos públicos provinciales, sociedades de garantías recíprocas, y los propios fondos previsionales. Es clave la fortaleza patrimonial del Banco Nación con presencia en todo el territorio. También visualizar esta labor incrementando la cofinanciación en proyectos de inversión con la banca privada, con esquemas de trabajo en líneas de segundo piso.

Es un desafío necesario incrementar el capital del BICE, como entidad que priorice la inversión y las exportaciones, concentrando su tarea en las pequeñas y medianas empresas y la radicación de empresas en el interior del país. Todo el conjunto de decisiones e instrumentos debe seguir vinculando al sistema financiero con el sector productivo, con criterios de articulación entre el mercado de capitales, la banca privada y un rol activo del Estado para orientar e incrementar el financiamiento destinado a la inversión y las exportaciones.

(*) Exsecretario de Industria de la Nación. Exministro de Economía y Producción de la Nación.

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