Desaire de la UIA a la Iglesia: no firma su documento

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La Unión Industrial Argentina (UIA) decidió ayer no suscribir el documento elaborado por la Comisión de Paz y Justicia de la Iglesia Católica, titulado «La pobreza: un problema de todos». En una reunión de su junta directiva, la central fabril determinó «estudiar» el documento antes de suscribirlo, una forma más o menos elegante de «patear para adelante» lo que fue visto más como un problema que como una necesidad por el centenar de dirigentes empresarios reunidos ayer.

Uno de los participantes de la asamblea le confesó a este diario que «no llegamos al 14 de abril»; se refería a la fecha en que estaba previsto que la Iglesia presentara ante la sociedad su reclamo de más acciones para combatir la pobreza, su protesta por el flagelo que es la inflación para los sectores más carentes y otros pedidos en esa línea.

«Nos enteramos por los diarios; vamos a estudiarlo», fue el argumento que se escuchó ayer, tanto en la reunión de junta como en sendas reuniones previas que mantuvieron las dos líneas internas de la UIA (Industriales y Celeste y Blanca). El «ninguneo» fue tal que Héctor Méndez, Luis Betnaza (Techint) y Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza) se abstuvieron de concurrir; la asamblea la presidió Federico Nicholson (Ledesma).

En realidad, lo que se quiso evitar son varias cosas a la vez:

  • Un nuevo enfrentamiento con el Gobierno Kirchner, que a través de sus habituales operadores se habría puesto en contacto desde el viernes pasado con altos dirigentes de la UIA para evitar una aprobación «a libro cerrado» del documento eclesiástico.

  • La firma de un documento elaborado fuera de la UIA, y que además iba a ser suscripto por entidades con las que la central fabril está enfrentada (como la CAME o, sobre todo, la Sociedad Rural y las Confederaciones Rurales Argentinas). De todos modos, no están solos en este rubro: las sospechas y distanciamientos entre las agrupaciones de empresarios son una especie de alfombra de pared a pared: el Grupo de los Siete -que está reducido a cinco por la deserción de la Rural y la CRA- no quiere oír hablar de la AEA (Asociación Empresaria Argentina); los banqueros nacionales de ADEBA -que preside Jorge Brito- tampoco quieren aparecer junto al campo, al que consideran demasiado opositor.

    Hasta ayer parecía que la Iglesia había logrado suavizar estas peleas más o menos sordas, pero la UIA fue la primera en romper la incipiente alianza empresarial; cabe recordar además que monseñor Jorge Casaretto -presidente de la Pastoral Social e impulsor del documento- había invitado también a la CGT y a la CTA a la firma del acuerdo, dos fuerzas gremiales pero sobre todo dos posturas políticas paradas en polos opuestos.

    Los industriales consultados insistieron en que hoy «tenemos otras urgencias, como la inflación, la puja distributiva por pedidos de aumentos salariales, la inseguridad...». Todas esas cuestiones -según trascendió- conforman el nudo central de los contenidos del documento eclesiástico.

    La intención de la UIA de despegarse de la iniciativa es tan obvia como que en el comunicado oficial distribuido anoche, en el que se relatan los tópicos abordados por la junta, la consideración del documento ocupa el último lugar del temario y se le dedica apenas dos líneas: «Documento del Foro de Habitantes a Ciudadanos. La junta le encargó al Comité de Presidencia de la entidad su análisis».


  • Después, un abogado de la UIA explicó los peligros que se ciernen sobre el empresariado en caso de aprobar el Congreso el proyecto de Ley Penal Tributaria, que aumenta las penas de cárcel para los evasores e incrementa la presión fiscal.

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