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Desde anoche es público (con tachas) informe Rattenbach
El propósito de poner en el centro de la atención, a 30 años de la guerra este informe es desmilitarizar la campaña de reivindicación que lleva adelante el Gobierno exhibiendo los errores de los responsables de haber ordenado el despliegue militar en 1982 así como la actuación que les cupo a los mandos en el teatro de operaciones. La presunción del Gobierno es que exhibir esos detalles y las conclusiones del informe que hizo el Gobierno de facto de 1982/3 le quitará argumentos a Gran Bretaña cuando responde a los reclamos argentinos de una negociación de la soberanía en las islas diciendo que Buenos Aires persigue el mismo propósito que los militares de 1982.
La Presidente, al anunciar la publicidad del informe busca que «cada uno de nosotros sea militante de la paz, se piense como se piense». También se refirió a la figura de Rattenbach: «Se intentó decir que era antiperonista y otras cosas más. Mi papá también era antiperonista. Lo importante es que mi papá y Rattenbach nunca desaparecieron a nadie. Quiero valorizar al general Rattenbach -agregó- porque no debe haber sido fácil para él. Siempre hay corporativismos, debe haber sido un hombre muy valiente y el informe lo debe haber hecho con mucho dolor, pero con sentimiento y pertenencia de patriotismo».
Y agregó: «Que haya sido antiperonista para esta Presidenta es una anécdota nada más, lo importante es que nos dio verdad y ése fue el objetivo que tuvo el general».
También destacó la tarea de los integrantes de la comisión que revisó el informe, que tiene 17 tomos.
Explicó que en el mismo «se testea el nombre de una persona porque es miembro activo de la SIDE y de un párrafo en el que se hace referencia a un kelper» que colaboró con las tropas argentinas durante el conflicto.
En el acto estuvieron Amado Boudou, Juan Manuel Abal Medina, Arturo Puricelli, la encargada de Asuntos Legales de la Cancillería, Susana Ruiz Cerruti, representantes de las FF.AA. y los miembros de la comisión, entre otros.
El embajador en Costa Rica y exjefe del Ejército durante el mandato de Carlos Menem, Martín Balza, destacó la publicidad del informe y contó que «terminará con una ceguera intelectual y fabulación histórica en muchos aspectos sobre el conflicto. Siendo jefe del Ejército -relató-, opiné que debía levantarse el secreto del informe, pero no hubo acuerdo entre las fuerzas ni decisión política».
Sobre el origen del informe, Balza recordó que Rattenbach presidió la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades Políticas y Estratégico-Militares, creada a fines de 1982, por ser el más antiguo de sus seis integrantes designados, dos por cada una de las Fuerzas Armadas. Desde esa responsabilidad en la comisión conformada tras la derrota en Malvinas, «impuso su reconocida capacidad académica y profesional, exigió celeridad en la gestión, sin detenerse en aspectos históricos sino exclusivamente en los del conflicto».
Rattenbach, que había pasado a retiro en 1957 y falleció en 1984, «fue el único que renunció a la remuneración que se asignó a todos los miembros» de la comisión, destacó Balza, quien en 1983 prestó declaración informativa en ese ámbito, como otros militares. «La comisión -agregó- no tuvo alcance jurídico ni capacidad de juzgamiento; los órganos jurisdiccionales eran (en esa época) el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y, en revisión, la Cámara Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal». Balza añadió que «estos organismos, lamentablemente, sólo se centraron y condenaron a los miembros de la Junta Militar», integrada durante la guerra por Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo, pero sin sancionar a otros responsables. En mi opinión, no hubo una estricta correlación sobre el alcance medular y asignación de responsabilidades del Informe Rattenbach con los fallos ni de la Justicia militar ni de la Justicia civil», sostuvo.
A título de ejemplos, citó los casos del «vicealmirante Juan José Lombardo, los generales Mario Benjamín Menéndez y Omar Edgardo Parada y el canciller Nicanor Costa Méndez, cuya impericia y marcada incompetencia fueron señaladas y documentadas por la comisión, (pero) no recibieron sanción alguna».
En contraste, Balza aludió a la valoración del comportamiento de las tropas desplegadas en el campo de batalla, incluidos comandos operacionales y unidades, puntualizada por el Informe Rattenbach y admitida también por británicos como el general Anthony Wilson.


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