Teherán - La indignación que provocó el fallecimiento de Neda Soltani, la estudiante de Filosofía de 19 años cuya muerte dramática durante la marcha del sábado pasado quedó registrada en un video aficionado que dio la vuelta al mundo, inspiró coraje a algunas familias para romper el silencio que se habían impuesto y hablar de la angustia que vivieron estos días.
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«Durante la última semana fuimos a todas partes a preguntar por mi esposo y todavía no tenemos ninguna explicación. Fuimos a los centros de Policía, a los hospitales, a la morgue y al cementerio, y no lo encontramos. Lo máximo que nos dijo un funcionario en una oficina gubernamental, cuando le mostramos su foto, es que si estábamos buscando al 'vándalo'», cuenta Negor. Es la esposa de uno de los siete muertos -según la versión oficial- de la marcha del lunes 15 de junio, que reunió a tres millones de personas en silencio a lo largo de la avenida Enquelab (Revolución) hasta llegar a la famosa plaza Azadi (Libertad). Según la versión de Negor, su esposo fue asesinado en este lugar.
«En la morgue vimos muchos cadáveres maltratados, como si les hubieran pegado durante largo tiempo», relata. «Pero no encontramos a mi esposo. Descubrimos en internet que había muerto», asegura Negor, sentada en el salón de su casa, situada en un barrio residencial de las afueras de Teherán, junto a las montañas que rodean la capital. «Cuando vimos que no regresaba a casa, mi hijo empezó a buscar por internet para ver qué encontraba sobre las marchas de ese día y descubrió la foto de una persona tirada en el suelo, llena de sangre, cerca de la glorieta Azadi. Era su padre», sigue narrando Negor. «No somos políticos», reitera.
Este hombre, que está cercano a los 50 años y del que su familia prefiere guardarse el nombre para no causar problemas futuros a sus hijos adolescentes, había dejado ese lunes la oficina a las cinco de la tarde. Había dicho a la secretaria que iba a hacer un trámite. «Mi padre es un mártir de esta revolución. Es un símbolo», asegura el hijo mayor, junto a su madre. Negor repetía que todavía tenía esperanza de que regresara vivo.
Esta esperanza también la tienen en la casa de Naser Shaker Hoseini, empleado en un laboratorio médico. Está desaparecido desde el sábado pasado, cuando su familia asegura que tenía una reunión de trabajo cerca de la glorieta de Azadi. Hasta ese lugar iba a llegar la marcha del sábado, pero fue detenida por los cuerpos de seguridad.
Tortura
«Según la ley, las autoridades tienen que avisar a la familia que una persona está detenida. Nadie lo hizo y estamos viviendo una tortura», dice Mitra, la esposa de Naser. Desde entonces, Mitra y su hija mayor lo buscan por todas partes. Sin éxito. «La reacción del Gobierno no es acorde con lo que la gente quiere. ¿Cómo es posible que traigan tres tipos de fuerzas de seguridad para proteger una misma calle si lo que la gente pide son sus votos?», se pregunta Mitra. Ella participó, junto con su esposo, en la marcha del lunes pasado. «Sabíamos que con Musaví las cosas iban a cambiar muy poco. Pero ese poco era importante para nosotros», declara. «La gente quiere hablar con libertad, no ser asesinada», asegura.
Tras once días de protestas, el balance son 19 muertos, más de 450 detenidos y un centenar de desaparecidos, según las organizaciones de derechos humanos. De Musaví no se tienen noticias desde el lunes.
«A pesar de que nos encontramos en un punto muerto, la gente de mediana edad tiene esperanza de que a corto plazo algo pueda cambiar. Sé que muchos jóvenes han perdido las esperanzas en el futuro, porque ven que ya no pueden salir a la calle sin poner su vida en peligro, pero ellos no conocen la historia», dice una doctora y académica iraní de 45 años que participó en todas las marchas con excepción de la del pasado lunes.
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