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Despedida a García Márquez
La viuda de García Márquez, Mercedes Bracha, rodeada por sus hijos Gonzalo (izq.) y Rodrigo (cineasta, director de “Con sólo mirarte”), con la urna funeraria que contiene las cenizas del escritor.
La urna con las cenizas fue llevada hasta el centro del vestíbulo por la esposa de García Márquez, Mercedes Barcha, y sus hijos Rodrigo y Gonzalo, acompañados por el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar. Entre las coronas de flores que acompañaban las cenizas se encontraba una que dice: "De Fidel Castro Ruz, al amigo entrañable".
El homenaje fúnebre contó, en la parte final, con la presencia de los presidentes de México, Enrique Peña Nieto, y de Colombia, Juan Manuel Santos.
Santos aterrizó por la tarde en el aeropuerto de la capital mexicana acompañado de su esposa, María Clemencia Rodríguez, y su hijo mayor Martín. Lo acompañó una decena de amigos íntimos de García Márquez, entre ellos el ex presidente colombiano César Gaviria (1990-1994), el escritor William Ospina y los periodistas Enrique Santos -hermano del presidente- y Roberto Pombo, director del diario El Tiempo.
García Márquez, que llamaba a México su "otra patria distinta", encontró en este país la estabilidad para escribir la mayor parte de su obra literaria, incluida su novela mayor "Cien años de soledad" (1967).
Aunque nunca se nacionalizó mexicano, "era una persona que amaba este país, que estaba muy agradecido y se sentía tan mexicano como cualquier otro", describió Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada y presidida por García Márquez, a la emisora mexicana MVS.
Desde horas antes de la ceremonia en Bellas Artes se formó una larga fila de personas bordeando el edificio en el centro histórico de la ciudad, a la espera de poder entrar. Muchos llevaban en la solapa o en las manos rosas amarillas, la flor preferida de García Márquez, y otros mariposas amarillas, en homenaje al escritor, que las hizo revolotear en sus páginas de "Cien años de soledad" alrededor del personaje de Mauricio Babilonia.
El cuerpo del escritor fue incinerado en una ceremonia privada a petición de la familia, y por el momento se desconoce cuál será el destino final que tendrán sus cenizas, aunque el embajador de Colombia en México, José Gabriel Ortiz, dijo que éstas podrían repartirse entre los dos países. La ceremonia de honras fúnebres estuvo abierta al público durante las primeras tres horas y después se restringió el acceso para cuando ingresaron los presidentes.
Durante el homenaje un cuarteto y una orquesta interpretaron música principalmente clásica, elegida por la familia del escritor de entre las piezas que más le gustaban a García Márquez, entre ellas, obras del compositor húngaro Béla Bártok. Al fondo del vestíbulo, donde fue colocada una foto de García Márquez, podía leerse la misma frase que abre su libro de memorias, "Vivir para contarla": "La vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".
A las 15:20, hora mexicana, las cenizas de García Márquez salieron de su casa en la calle Fuego 144 del barrio del Pedregal de San Ángel en un cortejo fúnebre formado por siete vehículos y escoltado por decenas de motocicletas de la policía. Los restos fueron trasladados en un automóvil gris por su esposa y sus hijos. García Márquez vivía desde hacía varias décadas en México, ciudad que eligió como su lugar principal de residencia.


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