21 de enero 2011 - 00:00

Después de 50 años, Kennedy todavía cautiva

El discurso de asunción de John Kennedy, el 20 de enero de 1961, es una de las piezas oratorias más recordadas de la historia. Los estadounidenses siguen buscando ese carisma en sus nuevos líderes.
El discurso de asunción de John Kennedy, el 20 de enero de 1961, es una de las piezas oratorias más recordadas de la historia. Los estadounidenses siguen buscando ese carisma en sus nuevos líderes.
Washington - El discurso con el que un joven John F. Kennedy sedujo a Estados Unidos a su llegada a la Casa Blanca sigue resonando, 50 años después, en las paredes del Despacho Oval y en los oídos del que muchos creen su heredero político: Barack Obama.

«No se pregunten qué puede hacer Estados Unidos por ustedes. Pregúntense qué pueden hacer ustedes por Estados Unidos», instó Kennedy, en traje y sin abrigo, a la multitud congregada en el Mall de Washington la gélida mañana del 20 de enero de 1961.

La mezcla de ilusión y determinación del joven senador por Massachusetts había conquistado a un país que comenzaba a ver al general Dwight D. Eisenhower como el abuelo de las clásicas ilustraciones de Norman Rockwell, y que buscaba una mirada fresca para remontar la Guerra Fría e impulsar la economía nacional.

A sus 43 años, Kennedy iba a convertirse en el presidente más joven de la historia del país, tras una trepidante campaña electoral que se vivió por primera vez ante las pantallas y se cerró con un estrecho margen de ventaja sobre su oponente, el entonces vicepresidente Richard Nixon.

Aún en blanco y negro, y por las tres cadenas de televisión que existían entonces -CBS, NBC y ABC-, millones de estadounidenses siguieron expectantes aquel discurso inaugural, que marcaría la entrada a la Casa Blanca de una fotogénica familia con dos niños pequeños y una primera dama, Jackie Kennedy, que destilaba elegancia.

Los que escucharon aquella mañana al nuevo mandatario no podían imaginar la huella que dejarían sus palabras en la conciencia colectiva de Estados Unidos.

Aún hoy en día los estadounidenses perciben que JFK fue uno de los «grandes presidentes», y una encuesta de USA Today publicada el miércoles lo coloca por encima de las tres cuartas partes de todos los mandatarios.

Poco antes del ecuador de su mandato, cuando tres balas truncaron su vida un 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas), el idealismo que impregnaba esas propuestas serviría para forjar la leyenda de Kennedy, un mito venerado por ambos signos políticos y convertido en vara de medir de todo aspirante a dirigir el país.

En la dura carrera de las primarias de 2008, Caroline Kennedy aseguró haber encontrado, por fin, al heredero político de su padre: otro joven senador que, igual que le ocurrió a Kennedy con sus raíces irlandesas y su religión católica, prometía romper moldes y dar representación a otra raza gracias a su excepcional carisma.

Como él, Obama llegó al poder un helado 20 de enero y, como él, ha tenido dificultades en trasladar al papel el idealismo que inspiró al país en tiempos complicados.

Si Kennedy tropezó con la crisis de los misiles en Cuba y el desembarco de la CIA en la Bahía de Cochinos, Obama ha encarado una rígida recesión económica, dos guerras estancadas y el escepticismo del país ante algunas de sus propuestas más progresistas, como la reforma sanitaria.

El giro pragmático que tomó Kennedy parece ser también el camino elegido por Obama tras la pérdida de apoyos en el Congreso.

Agencia EFE

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