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Después del cine on line, la batalla por las bibliotecas
El proyecto de Google de expandir la digitalización de bibliotecas europeas chocará en Francia.
Por aquellos años en los que no existía Internet, Lang se proponía limitar la presencia del cine hollywoodense en la TV a través de un régimen estricto de «cuota», cuyo establecimiento repudiaba el ultraliberal Valenti, en aras de la defensa de la producción americana y sus derechos internacionales de pantalla. La era digital ha socavado tanto esa modesta guerrilla que hoy el presidente, Nicolas Sarkozy, pretende un objetivo algo más angustiante: que los EE.UU. no se queden con la totalidad del patrimonio literario francés de todas las épocas.
Las alarmas del presidente se manifestaron ayer cuando declaró que no permitirá que aquel patrimonio se lo lleve una gran empresa americana «amigable» (empleó el término tan vulgarizado en informática) en una velada referencia a Google, empresa que viene avanzando, no sin obstáculos aun dentro de su propio país, en la quimera borgeana de la «biblioteca universal» a través de la digitalización de grandes bibliotecas públicas.
Francia, según Sarkozy, quiere evitar que la literatura en francés sea devorada por los proyectos internacionales de digitalización y pretende crear su propia compañía nacional digital. «No permitiremos que se nos prive de nuestra herencia para beneficio de una gran empresa, no importa lo amigable, grande o americana que sea», dijo Sarkozy, sin nombrar a Google.
Un lustro atrás, el cineasta Costa-Gavras, presidente de la Cinemateca Francesa, también propuso la creación de una base de datos de cine de cuño europeo, para rivalizar con Imdb.com, que desde hace mucho es el sitio por excelencia en ese dominio. Sin embargo, el proyecto del director de «Z» aún continúa en las buenas intenciones.
En una mesa redonda celebrada en Geispolsheim, al este de Francia, el presidente indicó que la digitalización de libros será uno de los proyectos que financiará un préstamo nacional previsto de miles de millones de euros en el 2010. «No se nos va a privar de lo que generaciones y generaciones han producido en la lengua francesa simplemente porque no fuimos capaces de financiar nuestro propio proyecto de digitalización», agregó. El mundo editorial es el último sector creativo que se ve sacudido por la revolución digital.
Google ha puesto en marcha una enorme biblioteca con libros escaneados y los libros electrónicos son cada vez más populares, mientras los gobiernos intentan seguir el ritmo frenético de los cambios en el sector privado. El proyecto de Google forma parte de un acuerdo alcanzado con el Sindicato de Autores Estadounidenses y ha sido alabado por ampliar el acceso a los libros, aunque también ha sido criticado por algunos por cuestiones de monopolio, derechos de autor y control de la privacidad.
El primer ministro francés, François Fillon, ordenó el mes pasado la creación de una comisión para estudiar cómo preparar al sector editorial para una reforma, ya que dijo que es necesario «evitar el tipo de daños que las descargas ilegales han causado en el mundo del cine y de la música». En una carta abierta, hizo una lista de posibles estrategias, entre las que estaría escanear el contenido de las bibliotecas europeas. También hacía referencia a aplicar las leyes contra la piratería en Internet en el mundo editorial, pedir a las editoriales que propongan modos de controlar las descargas y desarrollar el mercado de los libros digitales legales.
El Gobierno francés ha propuesto una de las legislaciones más estrictas del mundo contra la piratería en Internet, y en septiembre el Parlamento aprobó una ley que permite a las autoridades desconectar a los usuarios que hagan descargas ilegales.
También ha animado a la Unión Europea a emprender un enorme proyecto de digitalización. En el 2005, Francia y Alemania anunciaron con mucha fanfarria que trabajarían juntos para desarrollar un motor de búsqueda multimedia llamado Quaero («yo busco» en latín) que muchos vieron como una respuesta directa a Google. Pero el proyecto falló por falta de financiación.
El programa Google Books lleva cuatro años en su proyecto de digitalización y ofrece online fragmentos de libros, algunos de ellos protegidos por copyright. En octubre, tras dos juicios en su contra, Google llegó a un acuerdo en el que se compromete a adelantar 34 millones de euros en concepto de indemnización para los titulares de los derechos de las obras escaneadas.
En los EE.UU., la empresa ya firmó acuerdos para la digitalización de sus bibliotecas con las universidades de Michigan, Stanford, Harvard, Oxford y la Biblioteca Pública de Nueva York.
Susan Wojcicki, directora de la división productos de Google, dijo entonces que «el objetivo del proyecto es abrir la riqueza de la información que está off line y ofrecerla on line», pero en ningún caso la compañía pagará por los enlaces a los nuevos contenidos digitales. La biblioteca de Michigan, por ejemplo, será digitalizada en su totalidad en un plazo de seis años (son siete millones sus volúmenes). La Biblioteca Pública de Nueva York sólo permitirá a Google digitalizar algunos de sus libros exentos de copyright. Harvard estableció un límite de 40.000 volúmenes. Oxford también redujo su muestra a la digitalización de los volúmenes del siglo XIX, incluyendo novelas, obras poéticas, obras políticas y libros de arte.


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