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Destacada presentación del Estudio Coral
El Estudio Coral de Buenos Aires presentó “Conmemoraciones”, en el Teatro Colón.
Los aniversarios "redondos" son una excelente excusa para poner de relieve obras u autores de valor. A ellos dedicó íntegramente su actuación (cierre del ciclo Intérpretes Argentinos) el Estudio Coral de Buenos Aires, tal vez el único coro argentino que puede llenar un Teatro Colón por la sola convocatoria de su nombre y (muy especialmente) el de su director, Carlos López Puccio.
Ante una sala colmada de un público muy receptivo, la presentación comenzó tibiamente, con dos delicadísimas canciones de John Dowland que no se prestan dócilmente a la interpretación coral. A continuación el bicentenario de Verdi fue recordado con el "Ave María" de sus "Quattro pezzi sacri", y el clima cambió por completo. Una ejecución profunda y rica en matices fue la puerta de entrada a este festín de música coral "a cappella".
El "Scherzo vocale para coro a 10 voces" de Gilardo Gilardi basado en un poema de Arturo Capdevila "Amor goloso" (ofrecido en calidad de primera audición) sorprendió por su ligereza y constituyó un excelente aporte. Tras la muy ardua "Entflieht auf leichten KTMhnen" de Anton Webern llegó uno de los momentos de mayor perfección: el ciclo de ocho "Canciones francesas" de Francis Poulenc, con bellos solos de Cecilia Pastawski ("Margoton va t'a l'iau"), Alejandro Di Nardo ("Clic, clac, dansez sabots") y Pablo Zartmann, Diego Pietropaolo y Clodomiro Forn y Puig ("Les tisserands").
En el segundo bloque sobresalieron las versiones que el Estudio Coral ofreció de las "Five Flower Songs" de Benjamin Britten de sobrecogedora belleza- y el muy difícil "Stabat Mater" de Krzysztof Penderecki, antes de cerrar con "Hortobágy" de György Ligeti y brindar dos bises en tono popular (la canción venezolana "La puerca" y el spiritual "There's no hiding place" con el muy buen solo de Pol González).
El Estudio Coral es un grupo de voces con personalidad tímbrica (aunque eso dificulte por momentos el empaste) y de músicos con enorme inteligencia interpretativa. El gran mérito de López Puccio es estimular mediante su gestualidad estas cualidades y dar un innegable vuelo a cada obra y un carácter diferenciado a cada estilo.


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