7 de agosto 2015 - 00:00

Destruir la herencia de Obama, la mayor fijación republicana

De izquierda a derecha: Jeb Bush, Ben Carson, Chris Christie, Ted Cruz, Mike Huckabee, John Kasich, Rand Paul, Marco Rubio, Donald Trump y Scott Walker. Apenas diez de un total de diecisiete que debatían anoche.
De izquierda a derecha: Jeb Bush, Ben Carson, Chris Christie, Ted Cruz, Mike Huckabee, John Kasich, Rand Paul, Marco Rubio, Donald Trump y Scott Walker. Apenas diez de un total de diecisiete que debatían anoche.
Washington - El 20 de enero de 2017, el sucesor de Barack Obama será investido y, en caso de victoria de uno de los aspirantes republicanos, se espera un programa supercargado, que buscará derogar o anular centenares de decisiones del presidente demócrata.

Scott Walker, gobernador de Wisconsin, se comprometió a anular el acuerdo nuclear con Irán en el primer día de gobierno. La expresidenta de Hewlett-Packard, Carly Fiorina, levantará su teléfono para obligar al líder supremo iraní a abrir sus bases militares a las inspecciones.

Donald Trump construirá "muy rápido" un "gran muro" para bloquear el ingreso de inmigrantes clandestinos mexicanos y anulará "inmediatamente" las regularizaciones de residencia acordadas por Obama. El senador Rand Paul pondrá fin a los programas de "vigilancia anticonstitucionales". Rick Santorum, exsenador, revocará por decreto todas las reglamentaciones "que cuestan empleos estadounidenses". Y su compañero de partido Ted Cruz derogará "todos los actos ilegales y contrarios a la Constitución de la era Obama".

Todo o casi todo antes de la medianoche, el día de la investidura presidencial. La derogación de la reforma del gran sistema de salud pública, así como su programa, tomarán más tiempo, admiten los candidatos republicanos.

La radicalidad de sus promesas coincide con el récord histórico de postulantes: 17, de los cuales 10 debatían anoche por primera vez. Al menos la mitad de los electores no han escuchado hablar de ocho de los que intervenían, y lanzar muchas ofertas de campaña es recurso eficaz para tratar de atraer la atención de los medios.

La estrategia de Obama de actuar por decreto, para eludir al Congreso dominado por los republicanos, especialmente en temas de inmigración y el cambio climático, les da un argumento aparentemente irrefutable.

"Todo lo que el presidente Obama hizo con su estilo o su teléfono puede ser deshecho en un día con una lapicera", dijo Rick Santorum, con un 2% de respaldo en los sondeos sobre las primarias. Pero "el primer día del mandato, mi Dios, ellos no sabrán ni siquiera dónde están las lapiceras", relativiza el profesor de ciencias políticas Timothy Hagle en la universidad de Iowa. "La promesa de hacer mucho desde el primer día cae en la retórica, porque el presidente aún no tendrá probablemente su gabinete y sus colaboradores a cargo".

Jeb Bush que, como hijo y hermano de dos expresidentes Bush, es probablemente el candidato republicano que conoce mejor la Casa Blanca y él mismo llamó a sus rivales a ser más realistas. "Cuando uno es candidato a la presidencia, es importante tener madurez y ser reflexivo", dijo.

Los cien primeros días de una presidencia adquirieron un sentido mítico, símbolo de voluntarismo. El demócrata Franklin Roosevelt concretó el monumental New Deal en los tres primeros meses de su presidencia en 1933. Al contrario, John F. Kennedy previno a sus conciudadanos en su discurso de investidura que "todo no estará terminado en los primeros cien días". Pero la tendencia a abundar en promesas es una constante universal en política. "Los estadounidenses no quieren a alguien como Walter Mondale, quien en 1984 explicó que nuestra economía tenía un problema de largo plazo", recuerda Allan Lichtman, catedrático de la American University de Washington.

Las promesas rotas son legión: la reducción de impuestos prometida por Bill Clinton a la clase media en 1992, el juramento de George H. W. Bush en 1988 de nunca aumentar los impuestos o el cierre de la prisión de Guantánamo, de Obama el primer día de su mandato en 2009.

Pero cuando las promesas terminan, los candidatos recurren a las performances menos sutiles. Como amante de las armas de fuego, Ted Cruz calentó un pedazo de panceta en el cañón recalentado de un rifle semiautomático. El senador Rand Paul talló en un tronco de árbol el código de los impuestos, mientras el candidato Ben Carson prometió una reforma inspirado en "la persona más justa del mundo", Dios, y planteó el equivalente a un diezmo. Para su primer día al frente de la Casa Blanca, los candidatos podrían inspirarse también en Franklin Roosevelt. Unas horas después de su investidura, tomó juramento a nueve miembros de su gabinete al mismo tiempo, por primera vez en la historia de EE.UU. Un bonito espectáculo, declaró entonces.

Agencia AFP

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