25 de julio 2017 - 00:00

Diálogos de actualidad

Lobbying: “Argentina está en un punto de partida”

El 'lobbying' "suele tener una mala reputación como concepto porque se lo asocia con la corrupción", pero "Argentina tiene la oportunidad de debatir el proyecto para aprovechar su valor y reducir su potencial negativo". Así lo afirmó Mark Fagan, catedrático de la escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad de Harvard, al referirse en diálogo con periodistas al proyecto de ley de gestión intereses que está tratando el Gobierno para regular las acciones de lobby ante los organismos del Estado.

Periodista: ¿Cómo funciona el proyecto de gestión de intereses?

Mark Fagan: El 'lobbying' es un fenómeno que existe en todo el mundo. Se puede permitir que el proceso se desarrolle en la marginalidad o se lo puede regular y registrar para saber quién ejerce influencia sobre el Gobierno. Los lobistas le transmiten su experiencia y conocimiento a los hacedores de política, para que tengan la información necesaria sobre los diversos temas. Suele tener una mala reputación como concepto debido a que se lo asocia con la corrupción, pero debe ser regulada e institucionalizada. Argentina se halla en un punto de partida. Tiene la oportunidad de debatir este proyecto para aprovechar su valor y reducir su potencial negativo.

P.: ¿Cuáles son las ventajas de establecer una ley?

M.F.: Permite asegurar la transparencia del sistema y su apertura, es decir, que la información se dé a conocer para cualquiera que busque acceder a ella. En EE.UU., el sistema permite establecer un registro entre los lobistas, quienes deben informar quiénes fueron sus clientes en los últimos seis meses e indicar qué temas fueron tratados. Hubo algunos problemas al principio, cuando se introdujo la ley en 1995, porque al principio muchos se veían tentados por dar obsequios a los legisladores; también hubo problemas con el fenómeno de la 'puerta giratoria', que es muy difícil de controlar, ya que se generaba un conflicto de intereses porque había algunos que cambiaban constantemente entre el sector público y el privado y se beneficiaba desde el Estado a empresas en las que habían trabajado anteriormente. La ley no fue perfecta, pero funcionó muy bien.

P.: ¿Existen penalidades para quienes no cumplan?

M.F.: En 1995 sólo se aplicaban penas civiles. Luego, con la modificación de la ley se establecieron penas criminales con multas muy elevadas. Sin embargo, no se le puede quitar la licencia a los lobistas porque estos no se matriculan, a diferencia de los abogados. Se podían hacer ciertas mejoras en ese sentido.

P.: ¿En qué cuestiones hay que poner el foco para que la ley sea exitosa?

M.F.: Es necesario tener instituciones fuertes para que el sistema funcione. Pero resolver los problemas del lobbying es un proceso de largo plazo. Por un lado, hay que establecer un registro y la apertura de datos, sumado a que los lobistas no puedan dar obsequios. Pero lo más importante me parece que el proceso de la puerta giratoria debe ser transparente; en Estados Unidos se determinó de prohibición intermedia, donde deben transcurrir dos años para pasar del sector privado a un cargo similar en el Estado. El sistema argentino deberá ajustarse al contexto nacional, va a tener que encontrar las soluciones a sus propios problemas, pero tiene una gran oportunidad para salir adelante.

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