5 de julio 2010 - 00:00

Diálogos

Demagogia de oposición



Para Aldo Abram, ningún sistema previsional de reparto es sostenible en el tiempo. En ese sentido, este economista, de la consultora EXANTE, en diálogo con un periodista de este diario, sostuvo que el problema «es que se contabilizan los recursos como ingresos corrientes, entonces los políticos interpretan que se los puede gastar. Sin embargo, deberían anotarlo como deuda».

Periodista: ¿Qué opina de pasar a las jubilaciones al 82% móvil?

Aldo Abram:
Lo primero que hay que evaluar es que sea viable el pago de ese monto, es decir, lograr sostenerlo en el tiempo. El sistema de reparto que comprometió ese porcentaje quebró hace varios años porque el dinero fue malgastado tal como se está haciendo ahora. Y, lamentablemente, cuando ocurre una quiebra, no se puede reconocer el total de la deuda. Pero hay que tener en cuenta de que esto está ocurriendo en todo el mundo.

P.: ¿Con los países que pagan el 82% móvil?

A.A.:
No, con los que pagan cualquier porcentaje o monto. No existe un sistema de reparto que funcione bien, por la misma dinámica. Sería como si un trabajador pusiera en una cajita parte de sus ingresos y que los jubilados tomaran de allí. De esta manera, el Estado asume un compromiso de pagar una determinada suma al momento de retirarse. Es decir, es un sistema de endeudamiento del Estado. Los políticos de todas partes están contentos porque se contabilizan los recursos como ingresos corrientes, entonces interpretan que se los puede gastar. Sin embargo, deberían anotarlo como deuda, déficit. A finales de los 80 se declaró la emergencia previsional, que fue precisamente reconocer esto, que el sistema de reparto había quebrado.

P.: ¿No sería viable entonces pagar el 82% móvil?

A.A.:
Habría que discutirlo dentro de la revisión del presupuesto. Implicaría una reasignación de recursos. Entre la demagogia de la oposición, que no dice de dónde se van a sacar los fondos para hacer frente a esta medida, y la del Gobierno, que malgasta los fondos, lo mejor sería al menos reconocer la deuda con los jubilados.

P.: ¿Pero no sería sostenible en el tiempo?

A.A.:
Es el gran problema. Lamentablemente, no creo que así sea. Sucede en todo el mundo, incluso en los países en donde se manejan bien los recursos. En general está asumido que lo que se aporta al sistema de reparto es un impuesto para poder trabajar.



Llevará a la bancarrota

«El 82% móvil a las jubilaciones llevará al sistema a la bancarrota», advirtió el economista Pablo Rojo. El ex presidente del Banco Hipotecario habló con
Ámbito Financiero y explicó que no alcanzan los cotizantes para financiar esta reforma y que lo mejor sería enfocar los esfuerzos en corregir los haberes considerando la inflación de este año.

Periodista:
¿Qué opina de esta iniciativa que ya desató el debate entre la oposición y el Gobierno?

Pablo Rojo: Hay varios proyectos, algunos son absolutamente disparatados y otros más sensatos. Van desde el 82% móvil de la remuneración actual hasta el 82% al mínimo vital y móvil que se restableció hace poco por ley. Desde luego que no tienen la misma implicancia económica. Pero no debería darse este debate en las circunstancias actuales.

P.: ¿Existen los recursos para encarar este proyecto?

P.R.:
El sistema debería poder respetar la movilidad en materia de precios, los ajustes por costos de vida, antes de asumir en el corto plazo un compromiso que no pueda cumplir. Hoy existe sólo un cotizante y medio por cada jubilado. De manera tal que una relación de este tipo no autoriza un compromiso del 82% móvil. Lo único que generará es una bancarrota del sistema.

P.: ¿No hay otras formas de financiarlo?

P.R.:
La otra manera es aumentar los aportes por parte de las empresas y la patronal. Esto provocará una explosión del empleo en negro, porque las empresas no podrán afrontar los pagos. No estoy de acuerdo con que la oposición haya planteado este debate, porque es inviable.

P.: ¿Sumado a las negociaciones salariales qué efectos generaría esto en la economía?

P.R.:
Vemos varios aumentos de paritarias que son inviables y que van a generar presiones en el tipo de cambio difíciles de controlar. Además, hay una presión en la inflación de costo y pérdida de competencia para el sector industrial, que no puede trasladar los aumentos brutales que tuvieron en los costos laborales durante los últimos meses.