28 de enero 2009 - 01:44

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con un experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»-, para quien la crisis «va a continuar devorando recursos». Analiza los casos de Gran Bretaña y Estados Unidos y sus respectivas monedas y lo que puede deparar el futuro cercano.

Periodista: Los compromisos que asumen los gobiernos para capear la tormenta crecen cada día. Pero, su capacidad financiera es finita, no se puede estirar como si no existiesen límites. Las dos agencias hipotecarias -Fannie Mae y Freddie Mac- requerirán una nueva inyección de recursos superior a los 50.000 millones de dólares; habrá que aumentar el tamaño del plan de rescate bancario y así sucesivamente. ¿No se está tensando la cuerda en demasía?
Gordon Gekko: La capacidad de respuesta varía país por país. Es finita, pero no necesariamente rígida. Puede aumentar a medida que la crisis se profundiza si el soberano es reputado como un sujeto libre de riesgo de crédito. Que es lo que estamos viendo en los EE.UU.
P.: Gracias a la búsqueda de refugio por parte de los inversores...
G.G.: La recesión deprime las necesidades de crédito privado; el vuelo a la calidad permite ampliar las colocaciones de deuda pública a tasas nominales irrisorias.
P.: Pero puede no ser el caso. El problema podría resultar demasiado grande como para que lo afronte el sector público. Pienso en lo que ocurrió en Islandia.
G.G.: Islandia no es el mejor ejemplo. Ni logró hacerle frente al vendaval ni retener su estatus crediticio (que no era malo, era un crédito con grado de inversión aunque tampoco podía asimilarse a la noción de un sujeto exento de riesgos). Islandia estalló en el acto. Como cualquier otro emergente de fines de los años 90.
P.: Lo sé. Pero qué tal si trepamos un escalón y nos referimos a Gran Bretaña.
G.G.: Ese es un mejor punto. La calidad del Tesoro británico como deudor en libras no está objetada. En el margen, observando el comportamiento de las tasas de interés pertinentes, sus compromisos pueden expandirse aún más.
P.: Pari passu, la libra se hunde como si no tuviera un mañana.
G.G.: Es verdad que se deprecia rápido. Eso es arma de doble filo. Eriza la piel, pero también contribuye al ajuste. Como sea, la caída no es todavía un revulsivo que encrespe las tasas de interés.
P.: No hay una crisis cambiaria.
G.G.: No. De haberla, tampoco el camino se interrumpe definitivamente aunque comenzaría a estrecharse.
P.: Pero ¿hasta dónde se puede avanzar? Si uno mira la cartera de activos de la banca -cuyos riesgos se están socializando a paso acelerado-, es fácil advertir que su tamaño equivale a más de cuatro veces el producto bruto de las islas.
G.G.: Si los destrozos fueran de esa magnitud, costaría diferenciar Gran Bretaña de Islandia. La crisis va a resultar muy onerosa -toda crisis financiera lo es- pero no debería ser prohibitiva. La experiencia de los últimos 40 episodios de trastornos severos dejó tras de sí una factura promedio de 16 puntos del producto bruto.
P.: Me imagino que este episodio se aparta en mucho de lo que puede catalogarse como la vivencia promedio.
G.G.: Así es. Pero todavía rondamos el umbral de los costos convencionales. La mala noticia, por supuesto, es que la crisis no está bajo control. Va a continuar devorando recursos.
P.: ¿Cuánto mejor es la posición de los EE.UU.?
G.G.: Es una ventaja ser el emisor de la moneda de reserva internacional. Uno se beneficia del vuelo a la calidad de los inversores de todo el mundo.
P.: Sin embargo, la paciencia parece agotarse. Las tasas largas que cerraron 2008 apenas por encima del 2%, han vuelto a empinarse. Subieron a lo largo de todo enero y ahora trepan por encima del 2,60%...
G.G.: No sea tan exquisito. No son niveles que reflejen una preocupación tremenda. Y ésta es una semana con fuerte emisión de nuevos papeles.
P.: Miro la tendencia y pienso que hay un déficit que superará con holgura el billón de dólares y que precisa financiamiento.
G.G.: No será sencillo de digerir. Pero no se intentará deglutir todo de un solo bocado. Habrá que ir paso a paso. Si la crisis se agrava mucho más, la deflación forzará a monetizar buena parte de la asistencia...
P.: Lo dudo. La crisis de crédito privado ¿no terminará siendo una crisis soberana? ¿No nos estamos arrimando deprisa a una zona de frontera? ¿Cuánto cuesta protegerse del riesgo de crédito del Tesoro de los EE.UU. o de Gran Bretaña? Ya no es una suma despreciable.
G.G.: Costaba menos de 10 diezmilésimos al año cuando empezó 2008. Ahora demanda 75 en el caso de los EE.UU. o 135 si quiere cubrir Gran Bretaña.
P.: Lo que se requería, un año atrás, para protegerse del default de un crédito de estirpe dudosa como Brasil o Perú.
G.G.: Correcto. Pero, a la par, las tasas de interés de la deuda pública se derrumbaron. Tanto en EE.UU. como en Gran Bretaña. No son las que pagaban los emergentes hace un año. Si hubiese verdadero temor otra sería la historia.

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