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Diálogos en Wall Street
«Hay que tomar riesgos. Si hay que errar, que sea por el lado de la agresividad», explicó.
Periodista: La Reserva Federal anuncia que manda más caballería al rescate.
Gordon Gekko: En buena hora. La Fed ganó la batalla del mercado monetario en enero y febrero, lo cual es un gran mérito, pero pese a ello estaba perdiendo la guerra.
P.: No son refuerzos cualquiera. Comprar bonos del Tesoro constituye una innovación decisiva.
G.G.: La Fed barajó la iniciativa y la hizo pública por primera vez en noviembre. En el comunicado oficial tras la reunión de enero confirmó que el tema estaba en carpeta. Ahora se decidió, por unanimidad.
P.: Tarde, entonces, pero seguro. Aunque hubo quienes le ganaron de mano.
G.G.: Japón, Gran Bretaña y Suiza ya se internaron en este terreno sensible. De los tres, sólo Japón aquilataba experiencia. Pero los tres lanzaron programas agresivos.
P.: La Fed no se queda atrás. Son 300 mil millones de notas y bonos del Tesoro más 750 mil millones en instrumentos hipotecarios.
G.G.: Es una meta ambiciosa. La Fed va a incrementar el programa de adquisición de títulos hipotecarios «pass through» de los 500 mil millones de dólares actuales a 1,25 billón. Y duplicará la capacidad del casillero asignado a la compra de obligaciones de agencias hipotecarias llevándolo a 200 mil millones de dólares.
P.: Todo esto, ¿aumentará el tamaño de los activos de su hoja de balance o sólo modificará su composición?
G.G.: Aumentará el crédito doméstico de la Fed. No es tiempo de andar con medias tintas: la Fed impulsará con fuerza la cantidad de dinero primario. No se olvide que, a la par, se apresta a estrenar el programa TALF.
P.: Con el objeto de recuperar el crédito de consumo.
G.G.: La idea es resucitar la «titulización» (securitization) del crédito de consumo. Y, más adelante, incorporar otros segmentos.
P.: El comunicado de la Fed anticipa que se piensa ampliar el rango de activos elegibles. ¿A qué apunta?
G.G.: La Fed de Nueva York va a financiar a los inversores en determinados instrumentos (llamados «asset backed securities» o ABS) hasta un tope de un billón de dólares. Estos ABS deberán calificar como AAA y tener como colaterales nuevas emisiones de préstamos de consumo, ya sean saldos de tarjetas de crédito, prendas automotrices, préstamos a estudiantes o a pequeñas empresas garantizados por la Small Business Administration (SBA). Lo importante es que la Fed de Nueva York prestará sin recurso.
P.: O sea, toma a su cargo el riesgo de crédito.
G.G.: La Fed prestará exclusivamente contra el colateral que oficie de garantía. El deudor no es responsable en caso de ocurrir un quebranto.
P.: Como sucede con la mayoría de las hipotecas en los EE.UU. El deudor entrega las llaves, cede el activo y se va limpio de polvo y paja.
G.G.: Así es.
P.: Suena como una oferta atractiva. No deja de ser tentador.
G.G.: Es un anzuelo para que haya pique abundante. Si se logra restablecer el circuito de originación y distribución de crédito de consumo, el siguiente objetivo serán las hipotecas comerciales.
P.: Déjeme ordenarme. La Fed va a comprar toneladas de bonos del Tesoro y también de activos hipotecarios. Y, por si fuera poco, financiará sin recurso el crédito de consumo. Esto quiere decir que, si las cosas no marchan bien, también habrá comprado deudas de tarjetas de crédito o deberá tomar posesión de automóviles usados. ¿Entendí bien?
G.G.: Esto es lo que anunció. Como ya le mencioné, algunas iniciativas datan de noviembre. Quiero decir, las tareas de ejecución pueden dilatarse mucho tiempo. El comunicado oficial habla de un proceso de seis meses.
P.: Sin embargo, la Fed de Nueva York ya señaló por escrito que planea comenzar con la primera subasta de compra la semana próxima. Y llevar adelante dos o tres adquisiciones por semana. Mi pregunta es muy natural: ¿se podrá pagar todo esto? ¿No se estará pecando por exceso de ambición?
G.G.: La Fed pasó a la ofensiva por primera vez en mucho tiempo. Hoy, el Banco Central controla 1,9 billón en activos (supo comandar más de 2,2 billones en diciembre). El menú que acaba de presentar, más el programa TALF, conocido con anterioridad, describen una hoja de ruta, bastante precisa, sobre cómo duplicar su hoja de balance.
P.: Dos billones de dólares adicionales no es cambio chico. ¿No será volcar demasiado dinero?
G.G.: No será todo de golpe. Pero si hay que errar, que sea por el lado de la agresividad. Tenga presente que, en algún momento, en la segunda mitad del año, el paquete fiscal de Obama también estará aportando estímulo. La artillería que se alista tiene dos bocas de fuego: política monetaria y política fiscal.
P.: Cuando la Fed compre bonos del Tesoro estará monetizando el déficit de las cuentas públicas.
G.G.: Cubrirá una parte del déficit con emisión de dinero. Esa es la idea. Mire, toda la discusión sobre la efectividad o no de la política fiscal desaparece si el rojo resultante se cubre con emisión monetaria y no con un aumento de deuda pública (e impuestos futuros). Así aumentan las chances de que la demanda agregada reaccione al estímulo.
P.: Parece la receta de la abuela para fabricar inflación.
G.G.: Lo es. Pero todavía se duda de su eficacia. La economía no deja de acumular inventarios sin vender.
P.: ¿No estaremos probando con entusiasmo un remedio peor que la enfermedad?
G.G.: No hay certezas. Y hay que tomar riesgos. La Fed le dará sal abundante a una economía hipotensa que, hasta ahora, no reacciona. Paradójicamente, cuando tenga éxito deberá tomar los recaudos para apartarla.


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