15 de mayo 2009 - 00:41

Diálogos en Wall Street

El experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» advierte que los inversores no deben confundirse. Mientras se registran ganancias del Dow Jones, la economía estadounidense todavía está cayendo. «La Bolsa es la que trepa rápido, no la actividad económica», sentenció, y adelantó que algunos datos positivos llegarán este mes.

Periodista: Se calmó el vendaval en las Bolsas. Se percibe una segunda mirada sobre la información económica. Con un prisma más crítico.

Gordon Gekko: Es lógico. Son otros precios. Para entrar hay que pensarlo dos veces.

P.: Y salir es tentador.

G.G.: Hasta que la gente se pregunta qué hacer con el dinero. Sumarlo a una pila de efectivo ocioso no atrae mucho ahora que se disipó el pánico. En rigor, los únicos vendedores sistemáticos son los «insiders».

P.: Los propios ejecutivos de las compañías.

G.G.: Correcto. Los que conocen la cocina, alivianaron cartera. Muy fuerte, las dos últimas semanas.

P.: Los que se supone que saben.

G.G.: El ejemplo más contundente lo dieron seis funcionarios de General Motors que liquidaron todas sus posiciones personales.

P.: No le tienen mucha fe a la reestructuración en marcha de GM.

G.G.: Como ya vimos en Chrysler, no está hecha para beneficiar a los accionistas. Pero el mercado les dio una oportunidad de salida y no dudaron en sacarle provecho.

P.: Hasta ahora, la suba de la Bolsa funcionó con un esquema muy básico: no importa la caída de un indicador siempre y cuando resulte más suave que en la lectura previa. Queda claro que eso, por sí solo, no garantiza una recuperación. ¿Cree que ahora se pedirán constancias concretas de un repunte en serio?

G.G.:
No las va a tener a mano. Aunque las pida.

P.: ¿Por qué?

G.G.: No existen. La economía todavía está cayendo. La Bolsa es la que trepa rápido, no la actividad económica. Por un tiempo deberá arreglársela con las señales de humo. Me refiero a la disección de los indicadores líderes.

P.: ¿Cuáles?

G.G.: La propia Bolsa, la pendiente de la curva de rendimiento, la cantidad real de dinero, las cotizaciones de las materias primas y, si quiere, el oasis de paz financiera, que se traduce en la resurrección de los bancos, el alejamiento del fantasma de la nacionalización inexorable y hasta la posibilidad de emitir acciones que son recibidas con entusiasmo. Diría que estos cinco elementos son los más destacados.

P.: Todo muy subjetivo, salvo la cantidad de dinero. Todo susceptible de cambiar sin preaviso si mudan los ánimos.

G.G.: No hay pájaro en mano. Son cien volando. Y el dato duro, el fuerte crecimiento de la cantidad real de dinero, es el que más se debe tomar con pinzas. Después de todo, lo que tracciona a la economía es el crédito. Como supo ocurrir durante más de una década en Japón, hoy el dinero aumenta, pero el crédito al sector privado, no.

P.: Crecen los pasivos del sistema financiero consolidado, pero no los activos crediticios.

G.G.: Allí anida la raíz de la crisis. Con su alta exposición actual, el sistema no tiene estómago para incorporar más activos sujetos a riesgo de crédito. Si inspecciona los números de la banca comercial de EE.UU., el recorte desde que empezó el año se aproxima a un 2%.

P.: No suena muy alentador.

G.G.:
Hay otros signos promisorios. La canasta de indicadores líderes del Conference Board -una cesta de diez series en donde figuran tres de las que le cité- cayó hasta marzo. Estimo que tendremos la primera lectura positiva después de nueve meses, cuando se conozcan los resultados de abril. Acompañada por un incremento en los índices de difusión; o sea, con la participación de un mayor número de componentes. Si piensa en la presencia persistente del masivo estímulo monetario y fiscal, el trasfondo es constructivo.

P.: Nada que anuncie, sin embargo, un punto de giro inminente.

G.G.: Las variables que se mueven en tándem con el producto están todas en declive. El empleo y la producción industrial operan en franca retracción. El sector privado destruyó 611 mil puestos netos de trabajo en abril. No hay duda que todavía la economía está en problemas y se repliega.

P.: El consumo subió el 2,2% en el primer trimestre. Pensé que sumaríamos noticias más alentadoras en abril. La reducción de impuestos que promueve el paquete de estímulo fiscal no se nota. ¿No debería aportar un impulso más decidido?

G.G.: El gasto de consumo fue la primera variable en estabilizarse.

P.: No es un renglón de poca monta. Representa dos terceras partes de la demanda agregada.

G.G.: No se discute. Y tuvo su rol. Fue la piedra fundamental, la base en donde se apoyó el rally de las Bolsas. Las ventas minoristas de enero y febrero sorprendieron con un repunte a contramano del pesimismo más cerril. En el primer trimestre, no se olvide, la venta de bienes de consumo durable creció, anualizada, más del 9%.

P.: Quizá demasiado pujante en un entorno tan delicado. Es difícil de sostener.

G.G.: Seguro. La idea de una recuperación lineal, la dinámica de un progreso sucesivo mes a mes, no se verifica. Es interesante porque las Bolsas cabalgan sobre esa convicción. Las ventas minoristas de abril fueron inferiores a las de marzo, que a su vez ya habían bajado con respecto a febrero. En consecuencia, el nivel de transacciones de abril está por debajo del promedio del primer trimestre. Y no es un descenso despreciable: es una merma del 6,5%.

P.: No obstante el fuerte avance de las Bolsas en marzo y abril, a pesar del notorio cambio de ánimo imperante e inclusive, del repunte de la confianza del consumidor.

G.G.: No se olvide de que el mercado laboral destruyó más de 2,5 millones de puestos netos de trabajo -en cuatro meses- desde que comenzó el año. Es munición gruesa. Imposible de obviar.

P.: ¿Volveremos a ver el consumo en rojo en el segundo trimestre?

G.G.: El marcador no está cerrado. Quizá el paquete de estímulo pueda neutralizar este resbalón vía un mayor ingreso disponible que incentive el derrame sobre el gasto. Pienso también que las vicisitudes del mercado automotor influyen en forma negativa. Si el horizonte se despeja, las ventas se tonificarán en el margen. El consumidor es sensible a los planes de financiación y a la incertidumbre sobre la continuidad de los modelos y las garantías de fábrica. Hay espacio para una suba cómoda del 10% en las ventas de autos cuando estos temas se solucionen. Pero es probable que haya que esperar un trimestre más.

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