8 de julio 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», para quien «la estabilización de la economía no espera a la vuelta de la esquina». En ese sentido, afirmó que «no es un fenómeno inminente como sugieren las Bolsas». Además, no descartó que Barack Obama lance un segundo paquete de incentivos.

Periodista: La imagen de una recuperación económica robusta se desvanece. Y los mercados sienten el impacto.

Gordon Gekko: La estabilización de la economía no espera a la vuelta de la esquina. No es un fenómeno inminente como sugieren las Bolsas.

P.: Diría que el informe de empleo -con su noticia de destrucción de 467.000 puestos de trabajo en junio- surgió como un hito decisivo.

G.G.: Es evidencia que no se puede descartar con facilidad. No es un dato menor. Y si se ahonda el análisis, se comprueba que tampoco cabe hacerse demasiadas ilusiones acerca de la potencia de la demanda agregada cuando se produzca un repunte.

P.: El desempleo continúa en alza.

G.G.: La tasa de desocupación se ubica en niveles muy altos, el número de parados ya supera 14,7 millones de personas y el episodio individual de desempleo se prolonga.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.: El tiempo que lleva volver a encontrar trabajo cada vez se torna más extenso. Antes de la crisis, la mediana de la duración del desempleo no superaba las 9 semanas. En febrero eran 11 semanas; en mayo, 14,9, y en junio ya llega a 17,9 semanas. En paralelo, se diluyen los aumentos de salarios, se reducen las horas trabajadas. Es un cuadro poco alentador, muy compacto.

P.: Por esa grieta se filtra la idea de que quizás sea necesario preparar un segundo paquete fiscal de estímulo.

G.G.: El propio vicepresidente, Joe Biden, admitió el fin de semana que el Gobierno «leyó mal lo mal que estaba la economía».

P.: Biden ha demostrado cierta aptitud para errar en sus declaraciones. No lo tomaría tan al pie de la letra.

G.G.: Hoy (por ayer) Laura Tyson, una economista demócrata que asesora al presidente, hizo hincapié en el mismo tema. No es casualidad. Si la economía destruye más de 400.000 puestos de trabajo por mes (promedió medio millón en el segundo trimestre), no piense que la política fiscal se va a quedar de brazos cruzados. No por mucho tiempo.

P.: Dos o tres semanas atrás, el propio Obama dijo que no creía que un segundo paquete de incentivos fuera necesario.

G.G.: Correcto. Pero no me extrañaría que su entorno, a la luz de la evidencia reciente, haya cambiado de posición.

P.: Puede alegarse que el programa fiscal original falló en su misión. Que no obtuvo los resultados esperados. Muchas voces señalan que, cuando se escarban las cifras de los indicadores, no se observa su incidencia.

G.G.:
Los resultados del paquete de estímulo no son muy diferentes de lo proyectado. Recuerde que los desembolsos previstos se esparcen en el tiempo. No están concentrados frontalmente; por eso mismo no se pensaba en un fuerte impacto. Los pagos de abril y mayo -por ejemplo, los u$s 400 para trabajadores solteros y los u$s 800 para aquellas parejas que presentan una declaración impositiva conjunta- son desembolsos por única vez. Aumentaron el ingreso disponible de las familias pero, en su mayor parte, se ahorraron. De ahí que la tasa de ahorro personal trepase al 6,9% en mayo...

P.: La intención era otra. Me imagino que se buscaba insuflarle aire al consumo. Impedir el avance de la tasa de desempleo.

G.G.: Si usted consulta los propios papeles de trabajo del Gobierno -por ejemplo, la presentación de Cristina Romer y Jared Bernstein- verá que la mayor expectativa de incidir sobre el mercado de trabajo opera en la segunda mitad de 2009 y primera de 2010.

P.: El territorio que nos aprestamos a pisar.

G.G.: Correcto.

P.: Quizás sea temprano para opinar. Pero si no me equivoco, lo que se argumentaba era que con el paquete fiscal se iba a evitar que la tasa de desocupación excediera el 8%...

G.G.: Ésa era la idea.

P.: Sabemos que ya se disparó al 9,5%.

G.G.: Tenga en cuenta que, sin aplicar ninguna estrategia fiscal de ayuda, se pensaba que la tasa de desocupación no iba a superar el 9%.

P.: Es un error de cálculo muy notable.

G.G.: No estaba tan claro que lo fuera en enero, cuando se trazaron las proyecciones. Recuerde que Obama asumió la presidencia el 20 de enero y el Congreso aprobó el paquete en febrero. La crisis probó ser más virulenta que lo que se creía. Por esa razón, que el desempleo sea tan elevado no implica que la propuesta fiscal en sí misma haya fracasado. El grueso de los empleos que planea promover están fechados para 2010 y 2011. Se sabía que no iba a traccionar mucha creación de puestos de trabajo en 2009.

P.: Está bien. No se puede dictaminar el fracaso del esfuerzo fiscal, pero sí que resulta insuficiente. Su tamaño estaba diseñado para una tormenta de mucho menor intensidad.

G.G.: Es lo que entiendo que dice el vicepresidente Biden, a menos que como usted sugiera, haya que considerarlo inimputable. Pero Laura Tyson lo señala con toda claridad. «Es un paquete demasiado pequeño», dijo hoy (por ayer) sin apelar a medias tintas.

P.: ¿Se podrá financiar una ampliación?

G.G.: Paradójicamente, resultará más fácil cuanto más se lo necesite.

P.: ¿Cómo impactará en los mercados de activos de riesgo? Las Bolsas subieron a cuenta de una recuperación que parecía al alcance de la mano y, en estas últimas semanas, sólo ven que sus chances se alejan más y más.

G.G.: Queda claro que el Gobierno es un socio de los inversores en la Bolsa. Si la recuperación por la que ellos pagaron se torna borrosa, el Gobierno redoblará los esfuerzos de la política fiscal para evitarlo. Por eso estamos en una fase de corrección suave y no atrapados en una repetición de los episodios de caída libre. De esa retracción del 10% desde los máximos de la que hablamos como escenario probable para el S&P 500 ya nos acercamos al 7%. Y estamos en las vísperas del comienzo de la temporada oficial de balances. Habrá que hacer buena letra, me imagino, para no perforarlo.

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