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Diálogos en wall street
El periodista dialogó con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street». Evaluó positivamente la decisión de la Fed de ayer y ahora advierte que hay que monitorear las tasas de interés de largo plazo. Veamos las recomendaciones.
Gordon Gekko: Los mercados de hoy no son muy diferentes de los colegios. En este momento, lo que les importa saber es cuánto durará el recreo.
P.: La Fed no puede cortar la diversión de buenas a primeras.
G.G.: El temor que existe no es el de un final abrupto. La preocupación es otra. Lo que se busca son indicios de que la Fed evalúe revisar su postura. Se entiende que, aunque así se decida, la ejecución no será inmediata. Pero, es obvio, los mercados pondrían antes sus barbas en remojo.
P.: En ese sentido, no hubo sorpresas.
G.G.: Diría que, entrelíneas, hay un mensaje muy sutil. Un retoque leve, pero no casual.
P.: Se mantuvo la promesa -o, digamos, si quiere, la sugerencia- de que la Fed va a mantener sus tasas de interés en un umbral «extremadamente bajo» por un «período extendido».
G.G.: Así es.
P.: La frase se preservó al pie de la letra. No sufrió siquiera una pequeña modificación que pudiera dar origen a un malentendido.
G.G.: Correcto.
P.: ¿Cuál es, entonces, el cambio que advirtió? ¿La descripción de la economía? Es verdad que ya no es tan sombría. Sobre todo, la referencia a los mercados de bienes raíces.
G.G.: Allí, sin embargo, hay un balance que se conserva intacto. Se nota el esfuerzo por equilibrar los ánimos y no dejar un hendija para que se filtre el entusiasmo. Después de todo, la reunión se celebró después de conocer las cifras del PBI. La economía, por primera vez en un año, ya no se contrae. Usted puede discutir si la recesión terminó o no, pero lo que hoy por hoy opera es una recuperación.
P.: La realidad de la macroeconomía es más efusiva que el comunicado de la Fed.
G.G.: Por eso digo que hay un esfuerzo por balancear la descripción. Se señala la mejoría que es evidente pero, a la par, se puntualiza el inventario de los problemas que faltan enderezar.
P.: La pérdida de empleos y de riqueza de las familias, el estancamiento del crédito y las condiciones adversas del crédito.
G.G.: Tanto el consumo privado como la inversión privada aumentaron en el tercer trimestre, pero enfrentan dificultades hacia delante como para sostener la mejoría. Si usted los pone en el mismo plano, a los progresos concretos y a los percances que acechan, la señal es clara. La política monetaria deberá seguir como hasta ahora. Su tarea no está resuelta.
P.: No hubo cambios de tasas de interés ni se prometen en el horizonte cercano. O sea que no debemos desconfiar tampoco de la derivada segunda. ¿Cuál es la novedad? Debe ser demasiado imperceptible. No veo que los mercados acusen recibo.
G.G.: No es imperceptible. Ni mucho menos, hay intención de ocultarla. El comunicado oficial dice bien claro que la Fed va a recortar las compras de obligaciones de agencia (Fannie Mae & Freddie Mac).
P.: De 200 mil millones de dólares a 175 mil millones. No es nada. No se olvide que mantiene la parte del león de su compromiso. Aunque, ahora que me fijo bien, no hace referencia a la adquisición de deuda del Tesoro.
G.G.: Porque el mes pasado agotó el programa. La Fed ya incorporó a su balance los 300 mil millones de dólares prometidos.
P.: Perfecto. Y ratifica que seguirá adelante con las compras de títulos hipotecarios -»pass through»- emitidos por esas mismas agencias. Es un casillero enorme: 1,25 billón de dólares.
G.G.: El mensaje no está en lo que se repite sino en lo que se cambia.
P.: Pero el cambio es muy pequeño.
G.G.: Le dije que era un mensaje sutil. Y no abriga muy malas intenciones. No busca desmayar a nadie en el acto.
P.: No hay tanta deuda directa de agencia en circulación. Quizás ejecutar el programa de compras era un engorro. ¿O me equivoco?
G.G.: No se equivoca. Pero ése no es el punto. Se podía haber traspasado el saldo de un tipo de instrumento a otro - efectivamente, el mercado de títulos hipotecarios es más voluminoso- y no hubiera habido allí ningún recado.
P.: Pero no se hizo. Se prefirió tocar un renglón que uno podía juzgar como irrelevante.
G.G.: Tal cual. Fíjese que la Fed no está tampoco obligada a ejecutar el nivel máximo de compras. Puede dejar un saldo pendiente. Es una mecánica muy flexible. ¿Por qué, entonces, habría de tomarse la molestia de cambiar la cifra?
P.: Dos semanas atrás, cuando se difundieron las minutas del cónclave anterior de la Fed, allí surgió que había quienes abogaban por incrementar el tamaño de las compras de activos de largo plazo.
G.G.: El debate en cuestión -un tema repetido en la agenda de las últimas reuniones- muestra, por primera vez en mucho tiempo, una resolución concreta. No sólo no se avanza hacia mayores compras sino que se indica la voluntad de restringirlas. El sayo no es para las tasas cortas -las que mueve directamente la Fed- sino que está pensado para el tramo largo de la curva.
P.: Debería golpear a las tasas largas. No advierto mucho impacto.
G.G.: Es un globo de ensayo. Fácil de desinflar si hiciera falta. Pienso que no lo soltarían ahora si no existiera alguna molestia. Pero habrá que revisar las minutas para obtener más precisiones.


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