22 de diciembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El especialista en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», analiza el derrotero del dólar. Considera que aún tiene un importante terreno alcista para recorrer frente al euro a niveles de 1,1 a 1,2. Recurre al Índice Big Mac y se cubre: puede llevar años el proceso.

Periodista: ¿Qué tan sólida es la recuperación del dólar?

Gordon Gekko: Un 5% frente al euro desde que se conoció el informe de empleo, tres semanas atrás.

P.: Lo sé. Pero me pregunto, ¿tiene sustento o es sólo un acto reflejo?

G.G.:
En mi libro, a principios de diciembre, el euro estaba sobrevaluado entre un 20% y un 28% con respecto al dólar de los EE.UU. En el mejor de los casos, ahora la brecha se redujo al 16%.

P.: O sea que el dólar todavía tiene recorrido alcista.

G.G.:
Seguro.

P.: Usted posee un termómetro especial que le permite decir cuál es el tipo de cambio que resulta adecuado.

G.G.: No. Me guío por estimaciones de la paridad del poder de compra.

P.: Sabrá que rara vez el tipo de cambio se asimila a los valores que sugiere la paridad del poder adquisitivo.

G.G.: Claro. Pero también sé que la relación entre el euro y el dólar tiende a esa paridad en el largo plazo. Es por eso que se trata de una referencia muy útil. Aunque casi nunca, como usted dijo, se estacione allí.

P.: O sea que el euro debería converger hacia la zona de 1,10.

G.G.: La franja de 1,10-1,20 es el área que tengo en mente. El último Índice Big Mac (que es una estimación alternativa) arroja un valor de 1,08.

P.: ¿Cómo hará el dólar para ganar tanto terreno si en el apogeo de la crisis -cuando era el refugio indiscutido de los inversores- no pudo sobrepasar 1,23?

G.G.: No va a ser de un solo envión. Ni una trayectoria lineal. Es obvio. Llevará años. Si es que ocurre como pienso...

P.: Si la historia se repite. Si se bambolea como un péndulo.

G.G.: Correcto. En buena medida, implica desandar el camino que transitó el dólar/euro entre 2002 y 2008, y que llevó el tipo de cambio de poco más de 80 centavos a 1,60 en la antesala de la crisis.

P.: No lo ve como una faena inminente.

G.G.: Me sorprendería que el dólar supere 1,40 en este avance puntual. Y, si lo hace, que se mantenga. El chicotazo por la sorpresa ya se consumió. En dos semanas, los especuladores pasaron de estar largos 22 mil contratos de futuros de euro en Chicago a estar cortos en 17 mil (el nivel más bajo desde que resucitaron los mercados de riesgo en marzo).

P.: Usted pensaba que el G-7 iba a tener que intervenir para moderar la apreciación de euro y del yen frente al dólar. No hizo falta. De repente, de la nada, la tendencia dobla en un mosaico. Apunta en la dirección contraria y, según dice, puede persistir mucho más en el nuevo rumbo. ¿Cómo se entiende?

G.G.: Ésa es la manera como se comportan los mercados de cambios. Que son los más líquidos que podrá encontrar, aunque ya no tengan la profundidad de antes de la crisis. Sin embargo, no es fácil lograr que la manada mude su rumbo. Por eso los mercados exageran. Una vez que se consiguió el giro, tome nota porque la situación se revierte diametralmente. También en estampida.

P.: ¿Qué fue lo que produjo el viraje? ¿Los fundamentos? ¿El azar? ¿El informe de empleo? ¿O Dubai y, sobre todo, Grecia?

G.G.: ¿Qué sentido tiene la apreciación del euro en una Europa más castigada por la crisis que los propios EE.UU. cuando la moneda ya está sobrevaluada más del 20%? Promueve una asfixia sin ton ni son, que es lo último que se precisa. De ahí, la idea de la intervención. En 2008, la amenaza de intervenir funcionó y frenó la apreciación en niveles de 1,60. Ése fue el umbral de tolerancia; la línea en la arena que trazó el G-7 el año pasado. Si no llegó a tanto esta vez fue por la aparición del informe de empleo que obligó, de prepo, a tomar en cuenta la dinámica de la recuperación de la economía de los EE.UU.

P.: Tengo la impresión de que Grecia (y todo lo que arrastra: España, Irlanda, Portugal, más adelante, Italia) fue también determinante.

G.G.:
Las deudas públicas son mayores en Europa que en los EE.UU. Y para los países de la periferia europea y que ahora forman parte de la Unión Monetaria ya no existe la alternativa de devaluar sus monedas. O se los rescata con cargo a toda la Comunidad o se los fuerza a un ajuste fiscal penoso cuando todavía no maduró el cambio de ciclo. Ésta no es la receta del euro fuerte. La política monetaria común tendrá que acomodarse.

P.: No es una novedad con la que nos hayamos desayunado ayer.

G.G.: No me lo diga a mí. Pero, por lo visto, hacía falta un recordatorio. Otro tanto vale acotar sobre la situación de Japón. Si bien el yen no está desalineado como el euro, yo diría que está en un valor de equilibrio, lo que sí se aparta de la normalidad es la economía nipona. La fulminante apreciación del yen importa presiones deflacionarias justo a la única economía que realmente cayó en la trampa de la deflación.

P.: EE.UU. se recupera más rápido -o con menos bemoles- que sus pares del G-7. El gasto de consumo es un puntal de la rehabilitación y vuelve a crecer en los EE.UU. ¿En qué quedó la intención de corregir los desequilibrios globales? China no aceptó apreciar su moneda. Y ahora el dólar también retoma una senda alcista. ¿Qué cabe esperar?

G.G.:
El dólar está subvaluado frente a las monedas europeas (la libra es la excepción) y frente a las monedas de los países emergentes que no hacen del tipo de cambio un objetivo de política.

P.: ¿Como quienes?

G.G.:
Países como Australia o Brasil. Uno puede argumentar que las economías emergentes están inmersas en un proceso de transformación estructural que alterará el tipo de cambio de equilibrio, pero eso no se puede afirmar de las economías maduras como las de Europa.

P.: Son las monedas asiáticas las que todavía están atrasadas con respecto al dólar. ¿O me equivoco?

G.G.: No. Está en lo cierto. Allí hay más reticencia a flotar. Se prefiere intervenir y acumular reservas.

P.: Con China a la cabeza. Que de flotar contra una canasta de monedas, cuando estalló la crisis, se volvió a aferrar al dólar.

G.G.:
Seguro. China le dijo a Europa -el primer ministro Wen Jiabao a la troika de Trichet, Juncker y Almunia- que era una decisión temporal. Mientras durase la crisis. Si el dólar rebota, con el yuan fijo, el respiro para el euro vendrá, pues, de un doble frente.

P.: Pero nos quedan colgados los desequilibrios globales.

G.G.:
No. A eso iba. No hay un ajuste nominal sin fricciones de las paridades cambiarias. De acuerdo. No obstante, hay un ajuste real en marcha. Por el canal del gasto. EE.UU. supo tener un déficit de cuenta corriente de un 6,5% del PBI; en lo que va del año, lo redujo a menos de un 3%. China, a su vez, pese a que amarró su moneda al dólar con total firmeza, pasará de un déficit del 10% del PBI el año pasado a un 5,5% en 2009. Los desbalances disminuyen. Sin necesidad de promover un zafarrancho cambiario.

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