26 de enero 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El especialista en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» aseguró que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, logrará el apoyo parlamentario necesario para un segundo mandato. Consideró que lo recomendable para la recuperación económica de EE.UU., «de momento, es no hacer nada».

Periodista: Formalmente el mandato de Ben Bernanke al frente de la Reserva Federal expira el próximo domingo. No hay todavía una definición. Y la novedad es que se suman las defecciones de senadores del propio partido gobernante. Dos, el pasado fin de semana. ¿Le alcanzará a Bernanke para obtener la confirmación o será una víctima del vendaval político que se desató después de Massachussets?

Gordon Gekko: La impresión que uno tiene no se modificó en los últimos tiempos. Es un proceso embarrado, que devino en testimonial; agitar la oposición a Bernanke es útil para construir capital político. No hay, en cambio, una ventaja en airear públicamente el apoyo personal. Esa asimetría alimenta la incertidumbre.

P.: ¿Cree que el Gobierno contará con los votos necesarios para refrendar la designación?

G.G.:
Pienso que sí. Aunque será el margen más estrecho en registros.

P.: Los republicanos dieron el batacazo en Massachussets. Transformaron una derrota cómoda -de más de 30 puntos- en una victoria por 5 puntos. ¿No repetirán la proeza?

G.G.:
No tiene nada que ver. La distribución de escaños está fija de antemano. El Gobierno negoció los respaldos este fin de semana. Entiendo que contará con una base bipartidaria para lograr la designación.

P.: Los tiempos se dilataron sobremanera cuando qué mejor que darle un corte rápido a la situación. No debe resultar tan sencillo.

G.G.:
Nadie dice que sea fácil. No hay dudas de que se trata de avanzar a contramano de la dirección del viento y, por eso, la demora. Pero el propio líder de los republicanos en el Congreso -Mitch Mc Connell- reconoció que el desenlace será favorable a Bernanke.

P.: ¿Habrá «fumata blanca» antes que expire el plazo legal del primer mandato?

G.G.:
Es lo que se piensa. Pero, es verdad, estamos sobre la fecha límite. Y nadie puede descartar una estrategia opositora que no tuerza los resultados pero prolongue la espera. La audiencia del miércoles en Diputados sobre AIG -si levanta polvareda- puede aportar una excusa.

P.: ¿Qué pasa si se exceden los tiempos?

G.G.:
Nada grave. Bernanke puede permanecer en funciones; de la misma manera que lo hizo Greenspan en el pasado.

P.: ¿No está obligado a delegar el mando en su vicepresidente, Donald Kohn?

G.G.:
No. Aunque si quisiera, puede hacerlo. Pero los antecedentes comulgan con la retención del liderazgo hasta que se produzca el pronunciamiento oficial. Y, es más, aun si no se lo confirma, Bernanke puede permanecer en la Junta de Gobernadores. Su período expira recién en 2020.

P.: No como titular de la Junta sino como un integrante más, con voz y voto, pero sin presidirla.

G.G.:
Correcto.

P.: ¿Y usted cree que Bernanke se allanará a ese rol?

G.G.:
No. En ese caso se irá. Y Kohn -un veterano de la línea, antes de ser gobernador- asumirá en forma temporal.

P.: La Fed comienza mañana (por hoy) la primera reunión de política monetaria del año.

G.G.:
Es un cónclave de dos días.

P.: ¿Cree que las deliberaciones se verán afectadas por la incertidumbre en torno a la designación de Bernanke?

G.G.:
No. Para nada.

P.: Su saldo será el mismo, se confirme o no a Bernanke.

G.G.: La situación económica no deja mucho espacio para las dudas. Lo que conviene hacer, de momento, es no hacer nada.

P.: Un tema en discusión es si prorrogar o no, si ampliar o no, el programa de compras de bonos hipotecarios de largo plazo. ¿No se verá afectado?

G.G.:
No. Es un asunto que arrastra diferencias de criterio entre los miembros del Comité de Mercado Abierto. Pero las razones nada tienen que ver con quién preside la Fed.

P.: ¿Cree que se dejarán las cosas como están, digamos, para no hacer olas?

G.G.:
No por eso. Simplemente porque el consenso es seguir el tema de cerca y responder -variando la política anunciada- sólo si se verifica un cambio que pudiera ser delicado. Quizás si la tasa de diez años hubiera «testeado» el umbral del 4% -y lo hubiese atravesado con facilidad- tendríamos una modificación en la postura de la Fed.

P.: Pero eso no sucedió. Amagó ocurrir pero quedó en la nada. Y con el resbalón reciente de las Bolsas -la semana pasada, atravesaron una fulminante corrección del 5%- las tasas largas volvieron a distenderse.

G.G.:
No quebraron el rango de los últimos seis meses. Y, mientras sea así, no habrá queja. No se olvide tampoco que el Gobierno redobló su apoyo a las agencias hipotecarias patrocinadas.

P.: Fannie Mae y Freddie Mac.

G.G.:
No sólo absorberá sus pérdidas, sin límite alguno, hasta 2012, sino que también les permitió ampliar su portafolio de activos hipotecarios. En los hechos, ello puede servir como una fuente de demanda que sustituya a la Fed.

P.: ¿Cuál es la consecuencia sobre la política monetaria del cambio de eje que insinúa la campaña política? Me refiero a la beligerancia hacia la banca -y todo lo que huela a Wall Street- que ahora impulsa el Gobierno.

G.G.:
Como le dije antes, no verá cambios sobre la superficie.

P.: Sí los habrá por debajo.

G.G.:
En mi opinión, cambian los escenarios de riesgo. En caso de recaída, no se podrá contar con el Congreso. Las elecciones de noviembre -sobre todo, el hastío de la opinión pública- obligan a tomar distancia de muchas de las iniciativas que se usaron para atajar la debacle. No habrá quórum para reinstalarlas de prisa aunque exista la necesidad. La prevención -y la primera línea de defensa ante un hipotético «double dip»- queda en manos de la política monetaria.