20 de abril 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(La recepción de los muy buenos balances de los bancos se enturbió por la querella de la SEC contra Goldman Sachs. Sin embargo, para el experto en finanzas que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, la situación se puede digerir favorablemente. La suba de la Bolsa no está cuestionada y, pese a la incertidumbre legal, también los bancos podrían retomar el alza, si hacen valer la pujanza de sus márgenes de intermediación y la estabilización de sus costos crediticios.)

Periodista: Es una lástima que una fiesta que se preparó con tanta antelación se empañe por el affaire Goldman Sachs. Justo ahora que los bancos pueden decir, balances en mano, que dominan a la bestia de los malos créditos, los acorrala otro fantasma de su pasado. ¿Cuán gravosa puede ser la herencia de los problemas legales?

Gordon Gekko:
No hay certezas. La imaginación es el límite. Y el caso concreto que llevó la Comisión de Valores (SEC) a la Justicia -la demanda contra Goldman- dará rienda suelta a las especulaciones. Como ve, el camino a la exageración es muy corto.

P.: No es el único producto estructurado sobre hipotecas subprime que armó Goldman. Ni el hedge fund que lo promovió, Paulson & Co. Otros bancos de primera línea y otros fondos de cobertura también participaron de negocios similares -la creación de activos financieros específicos para lucrar con su ruina-.

G.G.:
Eso es público y notorio. Y es lo que genera más indignación. Pero fíjese que la SEC no lo cuestiona ante la Justicia. Es parte central de su relato, eso sí, y lo que le garantiza una gran repercusión pública. Pero la SEC querella a Goldman porque ocultó y tergiversó información relevante para sus inversores. No objeta la transacción en sí. No lo hace en términos legales. No presentó ningún cargo contra Paulson, quien fue su mentor, llevó a cabo la selección adversa de los créditos y pagó los gastos de la constitución y comercialización del CDO letal.

P.: Es interesante. Puede haber ocurrido una grave transgresión moral, pero la violación de la Ley de Títulos Valores se limita a un aspecto colateral: se produjo por la no difusión de información pertinente. A la hora de estimar los daños potenciales sobre el sistema, pienso que son unos cuantos miles de millones de dólares de diferencia.

G.G.:
Tal cual. Paolo Pellegrini, que era la mano derecha de Paulson en la transacción y es, en apariencia, el confidente de la SEC, ha dicho que éste es el único caso en que el hedge fund intervino en la selección de los créditos. Tenga presente que la SEC viene trabajando desde agosto de 2008 sobre el particular. No creo que se haya guardado nada bajo el brazo. Rigen incentivos para poner toda la carne al asador.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.:
Piense que la SEC ignoró olímpicamente las trapisondas de Madoff. Tampoco detectó a Stanford hasta que ya era demasiado tarde.

P.: Necesita un caso resonante para recuperar su imagen como ente de control.

G.G.:
Es lógico que pretenda extraer el mayor jugo posible de su investigación, dentro de lo que aceptaría la Justicia. Fíjese que, a simple vista, el caso tiene un gran potencial, pero los cargos son acotados. Y la presentación en sí se resolvió dentro de la SEC por votación dividida (apenas 3 a 2). Se demanda también a un joven vicepresidente de Goldman, Fabrice Tourre (uno de cientos de vicepresidentes que tiene todo banco de inversión), pero no hay ninguna acusación contra sus superiores. O contra algún director.

P.: Ello no evita que Goldman reciba un daño serio en su reputación. A instancias de la movida de la SEC, ya surgieron otros planteos legales en Alemania y Gran Bretaña. La Unión Europea le pisa los talones por su relación con Grecia. Los propios accionistas de Goldman podrían pedir la cabeza del directorio por el descalabro de la cotización del papel (e, inclusive, exigirles una compensación).

G.G.:
La SEC lanzó una piedra -tal vez pequeña-, pero, luego, nunca se sabe, se puede provocar un aluvión. Se necesita tiempo para tener una idea precisa. De movida, Goldman rechazó los cargos. No despidió a Tourre (a pesar de los mails que figuran en la causa y que, sin duda, serán terriblemente dañinos para la imagen del banco). Le recuerdo que la investigación no es reciente, data de agosto de 2008.

P.: Y Goldman fue oportunamente notificado.

G.G.:
Así es. Por eso el regulador inglés -la FSA- le iniciará acciones legales. Tourre está trabajando en Londres y Goldman no le reveló que era sujeto de una pesquisa de la SEC. Lo consideró no material.

P.: Las acciones de los bancos treparon más del 30% desde febrero. ¿Piensa que el efecto Goldman le pone una lápida a la suba? ¿Será el final, también, para el avance general de la Bolsa?

G.G.:
¿Habrá un aluvión o no? Hasta ahora, el único alud no es de causas judiciales, es político. El presidente Obama, Larry Summers, Tim Geithner, todos ellos hicieron hincapié en la necesidad de empujar la reforma financiera. Nadie como el senador oficialista Chris Dodd, quien encabeza la comisión pertinente, fue más explícito. «Nuestro proyecto de reforma hubiera evitado que esto ocurriera», dijo. Bill Clinton calculó que, después de la querella, las chances de aprobación de la reforma treparon del 60% al 90%.

P.: ¿Cómo se conjuga en términos prosaicos? ¿Compro o vendo?

G.G.:
A mi parecer, la suba de la Bolsa no está cuestionada. Los inversores, si quieren, pueden poner a los bancos en la congeladora hasta que decante la incertidumbre, y rotar hacia otros sectores que se beneficien de la remontada del gasto y el nivel de actividad.

P.: La Bolsa cabalgaría mientras los bancos se quedan de a pie.

G.G.:
Yo pienso que los bancos van a seguir tirando. Pero acepto que es terreno discutible.

P.: Citi trajo el balance positivo que usted esperaba. Pero no pudo sacarle el debido provecho.

G.G.:
Está claro que el affaire Goldman jugará en contra. Y la suba de los bancos fue, como dijo, muy violenta. Pero el contratiempo se puede absorber y hay espacio para mejorar. Los márgenes de intermediación -gracias a la pendiente empinada de la curva de rendimientos- son una máquina de crear dinero. Y si se estabilizan los costos crediticios, el proceso dista mucho de haber terminado.

P.: Es obvio que hay un techo. La reforma financiera restringirá el accionar de los bancos. La regulación y los controles van a avanzar sobre negocios que solían ser muy rentables.

G.G.:
Seguro. Esto nos dejará en algún sitio a mitad de camino. No volveremos a ver los brillos de antaño, pero nada exige clavarse en los valores actuales -un 60% por debajo de los máximos de 2007- como si fueran un portón infranqueable.