22 de abril 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Qué pasó con el efecto Goldman? No detuvo a las acciones bancarias ya que la imagen de solidez del caso planteado por la SEC no levantó vuelo y sí la percepción de una intensa utilización política. Para Gordon Gekko -el especialista en mercados internacionales que se resguarda bajo esa identidad- no es bueno que la política apunte sus cañones a la banca pero, por ahora, la mejoría de los balances es la que lleva la delantera.

Periodista: Si alguien pensó, en un primer momento, que la denuncia de la Comisión de Valores (SEC) contra Goldman Sachs era una acción política solapada, a esta altura, ya estará plenamente convencido.

Gordon Gekko: De seguro que no cambió de opinión.

P.: Si había un tufillo el viernes cuando se supo la noticia, hoy se respira un mal olor que no se puede ocultar.

G.G.: Si uno compara la envergadura de los cargos que planteó la SEC con la repercusión política, el contraste es sideral. La demanda oficial, el caso en sí, es muy acotada. Se refiere al mal uso de información -limitado a un par de renglones concretos- en el marco de una transacción que puede evaluarse como impropia pero que la misma SEC no considera ilícita.

P.: Gordon Brown, el primer ministro inglés, ha dicho que Goldman cayó en la bancarrota moral.

G.G.: Desde ya que nadie más llegó tan lejos en sus afirmaciones. Le recuerdo que Brown fue el tesorero de Tony Blair. Tuvo tratos con Goldman. Uno se imagina que, en ese entonces, mantenía otro concepto de la compañía. Mire, la utilización política del episodio es innegable. Ni siquiera se limita a los EE.UU. Toda Europa se plegó a la embestida. Pero, aun así, nadie puede afirmar que sea Gordon Brown quien mueve los hilos de la SEC.

P.: ¿Es más oportunismo que el fruto de una elaboración ex profeso?

G.G.: Europa, claramente, se montó a la ocasión. Inglaterra y Alemania tuvieron que rescatar a los dos bancos damnificados como inversores (RBS que heredó el muerto de ABN Amro e IBK). No puede esperar otra cosa. Es lógico que inicien una investigación y que busquen resarcirse. Lo mínimo que pueden hacer es este anuncio. Son mil millones de dólares -entre los dos bancos- los que dejaron en la mesa.

P.: Es distinto lo que ocurrió en los EE.UU. La votación en el seno de la SEC se definió en términos de la filiación partidaria. Los dos representantes demócratas a favor, los dos republicanos en contra. Desempató la titular de la Comisión, Mary Shapiro, quien fue designada el año pasado por el propio presidente Obama.

G.G.: Correcto.

P.: La decisión de la SEC fue el puntapié inicial de una maratón de anuncios que tiene como eje recurrente la reforma financiera. Todo el Gobierno participó de la movida. Obama, Geithner, Summers, el ex presidente Clinton, el senador Dodd.

G.G.: Le repito: la utilización del incidente es indudable. Es más difícil poder corroborar que todo surge de la necesidad de impulsar la reforma en el Congreso.

P.: Harvey Pitt -quien estuviera al comando de la SEC en tiempos de Bush- dijo que la Comisión está apostando el rancho con esta querella. Si la iniciativa no prospera, si la Justicia falla en contra, la credibilidad de la SEC se hará añicos.

G.G.: Algún cínico podrá decir que no será la primera vez que ocurre. La propia crisis consumió buena parte de sus pergaminos.

P.: Pero Mary Shapiro hizo un meritorio trabajo de reconstrucción. Invirtió mucho empeño.

G.G.: No lo discuto. Pero Pitt tiene razón: Shapiro apuesta fuerte al quebrar lanzas con la tradición.

P.: La tradición es no llegar a la Justicia. Que se alcance un acuerdo antes de litigar.

G.G.: Los juicios se pueden perder. Y la imagen de la SEC no saldría indemne. Pero la reputación de los bancos también se daña aunque, al cabo del tiempo, logren ganar el pleito.

P.: Y los bancos tienen una franquicia más valiosa. Están inclinados a conciliar. Goldman Sachs fue la excepción.

G.G.: O la actual conducción de la SEC. Si la decisión fue política, a la SEC no le habrá interesado arribar a un acuerdo sino poder formular una acusación pública. Piense que Goldman Sachs recibe el primer requerimiento en agosto de 2008. En julio del año pasado, fue informado (a través de lo que se denomina una notificación Wells) de que la SEC pensaba levantar cargos en su contra. Llamativamente, Goldman no lo hizo público. Creo, dicho sea de paso, que en ese punto sí hay una infracción del banco. Tal vez pensó que la cosa no llegaría a mayores, que se podría conciliar en el camino. En cuyo caso, la decisión de la SEC lo habrá tomado de sorpresa. No lo descarte. Recuerde que en 2003, en un caso muchísimo más sensible, y mejor fundado, la controversia entre la SEC y diez bancos corredores de Bolsa -entre los que estaban los principales, incluyendo a Goldman- se cerró mediante un millonario arreglo extrajudicial.

P.: También fue un caso donde se hizo patente el conflicto de intereses entre los bancos y sus clientes. ¿No fueron las recomendaciones de los analistas las que motivaron la disputa?

G.G.: No se equivoca. Los bancos aceptaron pagar 875 millones de dólares (no de-ducibles de impuestos) para evitar ir a juicio y modifi-

car sus procedimientos de investigación e informes («research»).

P.: El efecto Goldman sobre los mercados -el riesgo de provocar un derrumbe en las acciones- termina siendo absorbido pacíficamente.

G.G.: Hasta el momento es así. Conocer la votación dividida en la SEC calmó los nervios.

P.: Le quitó imagen de solidez a la denuncia judicial.

G.G.: Le dio un tinte definitivamente más político. Lo que fue tomado con alivio.

P.: ¿Qué tan bueno puede ser convencerse que la política le apunta sus cañones a los bancos?

G.G.: En enero, cuando Obama tomó la lanza de la reforma financiera (porque se le había mancado la reforma de salud, tras perder la banca Kennedy en Massachussetts) fue suficiente para gatillar un peligroso resbalón. No es buena noticia. Pero los mercados están más firmes. Y los balances de los bancos -de manera abrumadora- dan cuenta de los progresos en la batalla contra los activos tóxicos. Por ahora, esa fuerza es la que manda. Sin embargo, por si acaso, como mañana (por hoy) Obama hablará sobre la reforma financiera, los papeles bancarios se replegaron a última hora. La convivencia, pues, puede volver a complicarse.