4 de mayo 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Wall Street da batalla, a pesar de todos los contratiempos. El especialista que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko cree que la política, el efecto Goldman Sachs y Europa juegan en contra de las Bolsas. En cambio, la recuperación de la economía y la promesa de la Fed de mantener las tasas en cero les dan un fuerte aire a favor.

Periodista: Wall Street es un tentempié. Se dobla pero no se quiebra. Se suponía que entre las vicisitudes de Grecia y Goldman Sachs, la escalada de las acciones había sufrido el tiro de gracia.

Gordon Gekko:
No es tan fácil. No está muerto quien pelea.

P.: Pero un retroceso era esperable.

G.G.:
No lo discuto. Tampoco está descartado.

P.: Ya lo dice el refrán popular: hay que vender en mayo y tomar distancia. «Sell in May and go away».

G.G.:
La estacionalidad favorable se agota. De eso no hay dudas.

P.: Y hay otros factores en juego que tampoco son propicios. Pero no alcanza, por lo visto, con poner a Goldman Sachs en la parrilla judicial. ¿Hará falta una condena en firme para doblegar la marcha de los papeles privados?

G.G.:
La obsesión con Goldman Sachs no augura nada bueno. La política -que en EE.UU. cabalga de nuevo sobre el lomo jabonoso de la reforma financiera- patea en contra. Y Europa, también. No son adversarios que se puedan despreciar.

P.: Pero, con toda su enjundia, no lograron descarrilar la suba.

G.G.:
Le pusieron freno. Generan incertidumbre. Y las cotizaciones ya no son módicas como para ignorar su presencia.

P.: ¿Qué es lo que ataja al mercado e impide una caída más contundente?

G.G.:
La economía le cuida las espaldas. La Bolsa se anticipa. Sube primero y sube sin noción del vértigo pero, a medida que la actividad económica y el gasto repuntan, se evita que se forme un gran barranco entre las cotizaciones y la realidad.

P.: Con el grueso de los resultados del primer trimestre ya conocidos, el saldo de los balances no ha sido malo.

G.G.:
Fue positivo. La orientación que dieron las compañías, sobre todo, es muy alentadora. Es esa visión constructiva la que opone resistencia a los malos vientos que usted citó.

P.: No es novedoso. Forma parte de la dinámica de la resurrección de las Bolsas.

G.G.:
Sí, pero hay que actualizar su vigencia. Llevamos ya cuatro trimestres consecutivos en los que las empresas corrigen su orientación favorablemente. Pero nunca el margen de revisiones alcistas (11%) superó con tanta luz a las correcciones a la baja (2%).

P.: ¿Algún sector en particular que se haya destacado?

G.G.:
Fue el mejor trimestre de la banca. El primero en el que los balances reflejan una buena digestión de los problemas de arrastre.

P.: ¿Cuál será la realidad?

G.G.:
Si lo hubieran dicho un año atrás, nadie les hubiese creído. En cambio, hoy la mejoría se monta en un entorno general de recuperación. No se puede negar que hay basura bajo la alfombra, pero los progresos que se muestran son creíbles.

P.: Lástima el contrapunto con Goldman Sachs. La querella de la Comisión de Valores fue muy inoportuna.

G.G.:
El balance financiero de Goldman fue impecable. Lo que es desastroso es el balance de sus relaciones públicas. Abortó, sin dudas, cualquier proyección positiva a la que los bancos podrían haber aspirado.

P.: Ya habían trepado por adelantado. El 30% desde febrero. Tan mal no les fue.

G.G.:
Sólo que había más hilo en el carretel.

P.: La impresión que uno tiene es que, pese a todo, la valuación de las Bolsas está muy estirada. No son precios de oferta. Desde ya que no habría cómo justificarlos si la economía y las empresas no hubieran sido capaces de dejar atrás la recesión y sus penurias. Pero, aun tomándolo en cuenta, lucen excesivos.

G.G.:
Si la economía y las ganancias corporativas llegaron hasta aquí y aquí se plantan, no hay dudas de que las acciones se pasaron de revoluciones. La expectativa va más allá. Fíjese que también hay una levantada de la actividad de compra y fusiones de empresas. Hoy (por ayer), United Airlines anunció que adquiere Continental. Avis, por su parte, terciará en la puja por Dollar Thrifty (que tiene un ofrecimiento de Hertz sobre la mesa). No sólo el especulador financiero participa; los insiders, los que conocen de adentro el fluir de los negocios, ven oportunidades -a los precios actuales- para agrandar su esfera de actividad.

P.: Ninguna recuperación más robusta que la de China. Nadie creció al 11,9% en el primer trimestre. Y, sin embargo, las Bolsas de Shanghái y Shenzhen carecen de empuje. Los máximos datan de agosto último. ¿Cómo se explica?

G.G.:
Con dificultad. China es una historia de exuberancias. Y las mismas Bolsas las protagonizaron con muchísima frecuencia.

P.: Pero no lo hacen esta vez. ¿No es extraño?

G.G.:
Lo es. Sin embargo, no es inexplicable. Cuando China, en agosto, encendió la posibilidad de comenzar a retirar sus políticas de estímulo, las Bolsas chinas chocaron contra un paredón.

P.: Cayeron más del 20%. Pero China no concretó la amenaza. Se mueve con pasos muy cortos. Eleva los requerimientos de encajes pero no tocó todavía -ni una sola vez- las tasas de interés. Y las Bolsas no lograron recomponer su fisonomía previa.

G.G.:
Yo diría que lecturas de un crecimiento económico tan vigoroso resultan contraproducentes porque avivan el fantasma de una intervención más restrictiva.

P.: No hay un temor semejante en EE.UU.

G.G.:
El contraste con la posición de la Fed es más que notorio. Bernanke es muy claro: las tasas cortas permanecerán en torno a cero por un tiempo «extendido». Los inversores pueden arriesgarse más con el pincel en la mano. A diferencia de las autoridades chinas, promete que no retirará la escalera.