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Diálogos en Wall Street
ä Lo que no mata, fortalece. Y las pruebas de estrés no mataron a nadie. Las dudas sobre Europa se disipan y España emerge como un claro ganador de los exámenes. Pero también se corre el velo de la inusual incertidumbre que agobia a Ben Bernanke para dejar paso a un rotundo avance de las Bolsas. ¿Rally de verano? Para Gordon Gekko, el experto en finanzas que se transfigura en el protagonista del filme «Wall Street», de Oliver Stone, todavía rige un mercado lateral. Sólo que después de probar los pisos, ahora explorará el «techo» del rango de precios.
Gordon Gekko: Hay mucho pesimismo sobre su verdadero nivel de exigencia, pero la inercia que hoy prevalece en Europa es favorable y se termina imponiendo.
P.: Se calmaron las ansiedades sobre el futuro de Europa.
G.G.: Tanto que el corto circuito entre el Fondo Monetario, la Unión Europea y Hungría no le quita el sueño a nadie. Hungría se hartó del ajuste, quiere dejar al FMI de lado, aplicar un impuesto a la banca que el FMI rechaza por distorsivo y reniega de las reformas estructurales que se le piden. Es un espejo donde uno puede mirar el futuro. Pero, a diferencia de lo que ocurría un par de meses atrás, a los inversores no les interesa.
P.: Los exámenes bancarios no han hecho daño.
G.G.: ¿Cuál era el objetivo? ¿Levantar la confianza en los bancos europeos? Su cotización se elevó sensiblemente. Es un buen punto de partida.
P.: La resurrección de los precios comenzó antes. La difusión de los resultados en sí no les prodigó un gran impulso.
G.G.: Las pruebas de resistencia forman parte de una estrategia que comenzó a ejecutarse a principios de mayo, cuando la crisis llevaba al abismo. Tome la cotización del Banco Nacional de Grecia. Trepó el 35% desde sus mínimos de junio. Banco Santander aumentó el 48% desde entonces. Si los exámenes se hubiesen vendido mejor, ¿hubieran apuntalado más esa suba? De acuerdo. Pero su efecto no fue neutral y comenzó con el anuncio de la iniciativa. España, en apariencia, mostró los peores resultados, con cinco cajas regionales escasas de capital (en rigor, cuatro porque una ya se fusionó con éxito). Pero España fue el gran ganador de las pruebas.
P.: Fue el que se sometió a las mayores exigencias.
G.G.: Y eso quedó claro para todos. Fue el único país que examinó a todo su sistema financiero y no sólo a las entidades más grandes. Y las condiciones que planteó el Banco de España para el mercado inmobiliario en 2010 y 2011 fueron durísimas. Nadie fue tan drástico.
P.: Cada país diseñó sus propios escenarios nacionales.
G.G.: Correcto. España simuló una caída del precio de las oficinas del 55% hasta fines de 2011. Y del 23% para las viviendas. Grecia, por ejemplo, sólo estimó un retroceso del orden del 7%. Francia, una merma del 9%. Inglaterra, Alemania, Holanda y Bélgica, del 19%. Y Austria, por caso, un aumento acumulado del 5,4%. También fue muy severo con las hipótesis de caída del PBI y de recorte del valor de la deuda pública (-12%) en el caso más adverso. España planteó una contracción del PBI siete veces superior a la media de la Unión Europea en 2010 y del doble en 2011.
P.: Salió desmejorada en la foto, pero, al fin y al cabo, el ejercicio le sirvió por lo que ganó en credibilidad.
G.G.: Yo pienso que es así. España fue la que obligó a Europa a tomar el examen en forma pública. Y desde que impuso su criterio, una señal a priori de solidez comenzó a remontar la cuesta de la crisis. Estabilizó a sus bancos, consiguió abrir una ventana para colocar deuda pública a plazos largos; ahora reduce el spread de sus CDS, por primera vez desde mayo, por debajo de los 200 puntos base. Es la senda correcta.
P.: ¿Es creíble que la banca europea sobreviva a una recaída en la recesión y a un shock soberano y sólo exhiba una brecha patrimonial de 3.500 millones de euros?
G.G.: Es obvio que no. Pero las pruebas volcaron un gran detalle de información, banco por banco, que se desconocía. Y que será muy importante para fundar una opinión.
P.: Hubo un puñado de bancos alemanes que no informó sobre la composición de sus carteras.
G.G.: Es verdad y eso puede ser usado en su contra. Pero la mayoría de las instituciones facilitó una apertura de su exposición al riesgo soberano. Le diría que la iniciativa echa luz suficiente para ajustar los resultados, graduando el nivel de exigencia del examen.
P.: Hubo siete bancos que no aprobaron, pero muchísimos otros dieron en el poste. Superaron el umbral del 6% de capital, pero no pasaron del 7%.
G.G.: Hay 17 bancos en ese segmento. El Postbank alemán, el banco griego Piraeus, el irlandés Allied Irish Bank, el Monte dei Paschi di Siena italiano, los españoles Bankinter, Guipuzcoano y Pastor. La falta de capital tier 1 (una definición que contabiliza a híbridos e intangibles) trepa a 11,3 mil millones de euros cuando la vara se eleva del 6% al 7%. Y si se sube al 8%, la cifra se empina por encima de los 30 mil millones de euros.
P.: Más en línea con la carencia que descontaban las expectativas.
G.G.: Yo creo que contar con información desmenuzada va a servir para ponerles presión a los bancos que aprobaron pegando en el «poste». Y no sería extraño que refuercen su posición patrimonial en los meses venideros. En cuyo caso, los exámenes habrán cumplido un papel que hoy no se aprecia.
P.: Lo que no mata, fortalece. Ni Bernanke ni la sequía de ingresos de los bancos norteamericanos ni los exámenes de estrés pudieron hundir a las Bolsas. Y ahora los mercados ensayan un contraataque rotundo.
G.G.: La esperanza es lo último que se pierde. La suba es fuerte porque avanza a contrapierna y viene envuelta en la promesa de un rally de verano.
P.: ¿Se arregló el mundo?
G.G.: Es evidente que no. Pero no precisa tanto para abrirse camino. El escepticismo no era tan espeso como para resultar impenetrable. Uno diría que la convicción sigue a los precios.
P.: Pero, ¿qué fue lo que dio vuelta el ánimo?
G.G.: Los balances corporativos son el ariete más visible. Sobre todo, la orientación favorable que emana del grueso de las compañías. No es compatible con el escenario de recaída en la recesión que había ganado predicamento. Desde ya que ayudaron mucho los números económicos sorprendentemente buenos que provienen de Europa. Donde el «double dip» parecía un hecho cantado, en el Viejo Continente, no se verifica.
P.: Aunque, en paralelo, EE.UU. se haya debilitado.
G.G.: Si Europa soportó el mal trance, es más fácil creer que también EE.UU. será capaz de superarlo. Y si es así, con las tasas largas rondando el 3% y las tasas cortas planchadas, la Bolsa es atractiva.
P.: ¿Cree que terminó el mercado lateral y que se retoma la tendencia alcista?
G.G.: No creo. Pienso que exploraremos el «techo» del rango, así como antes probamos el «piso». Pero una ruptura más decisiva requerirá contar con mejores elementos de juicio. No hay que impacientarse. En un par de viernes, el informe de empleo puede arrimar un pasaporte válido. ¿Tendrá la Bolsa el coraje suficiente para tomar una posición muy agresiva antes de saber qué pasa con la creación de puestos de trabajo privados? No me parece.

