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Diálogos en Wall Street
ä El periodista dialogó con el experto en mercados mundiales personificado como el banquero de la película «Wall Street», Gordon Gekko, sobre los anuncios de la Fed de ayer. Opina que se optó por una impasse al decidir la reinversión de parte de los cupones que cobre la Fed en bonos del Tesoro. Pero si la economía no reacciona, seguramente, dice Gekko, irán por la solución Bullard, compras masivas de bonos del Tesoro.
Gordon Gekko: No había certezas de antemano. La Fed se las arregló para instalar una inusual incertidumbre sobre cuál sería su decisión.
P.: Finalmente optó por una mezcla de palabras y acción.
G.G.: Lo que parece sensato, debido a su intención de no actuar de manera rotunda. Y, desde ya, teniendo en cuenta la conveniencia de no agitar innecesariamente el avispero.
P.: Salió del paso.
G.G.: Ganó tiempo, que es lo que en el fondo busca.
P.: No desairar las expectativas de los mercados fue un ingrediente importante de la decisión.
G.G.: Sin ánimo de exagerar, creo que esa consideración jugó un papel.
P.: Los mercados impusieron su voluntad de que la Fed no dejase todo en un cambio de discurso, forzaron que hubiese una cuota de acción. Era fácil imaginar su decepción si se marchaban con las manos vacías.
G.G.: Creo que no hay que exagerar. Si la Fed estuviera en desacuerdo profundo con lo que terminó anunciando, no le hubiera costado mucho corregir las expectativas previas.
P.: Las expectativas se montaron después del pobre resultado del informe de empleo de julio, que se conoció recién el viernes. Usted sabe que ya regía el período de embargo. Ningún orador de la Fed debe pronunciarse públicamente cuando la reunión es inminente. No debe ni se estila.
G.G.: Una voz oficiosa, filtrada a través de la prensa, hubiese alcanzado. No se engañe: la Fed conduce, no los mercados. Y a la política monetaria le sirve muchísimo. Basta mirar la magnitud en que ya se recortaron las tasas largas de interés, antes que la Fed toque una coma de sus planes.
P.: Como sea, el banco central rebajó el tenor del comunicado oficial. Ya no encierra la promesa de una recuperación a todo vapor.
G.G.: El banco central reconoció lo obvio, una economía más débil. Y conste que el comunicado postreunión de junio ya había bajado un cambio.
P.: Lo novedoso es que la Fed se inclinó por la reinversión de los cupones de amortización de la cartera de bonos hipotecarios que adquirió, en su mayoría, en 2009. Tal como usted suponía.
G.G.: No es una mala decisión. Ya se lo dije: me parecía la mejor alternativa para un banco central que, uno se da cuenta, preferiría que el tiempo corra -y despeje los interrogantes por sí solo- antes que tener que entrometerse de lleno.
P.: No hay garantía de que el mero pasaje del tiempo resuelva el bache de actividad y gasto que irrumpió en la economía de los EE.UU. los últimos meses.
G.G.: No la hay. Es verdad. Esta es la «inusual incertidumbre» que mencionó Ben Bernanke en el Congreso. Significa que no existe tampoco la certeza de que el desenlace de esta transición sea finalmente traumático. Si bien se mira, es el guión del «paper» de James Bullard, el titular de la Reserva Federal de St. Louis.
P.: Una contribución ciertamente fuera de programa. Lo publicó a fin de julio. Y trata, extrañamente, temas candentes de la agenda de la Fed. Sin esquivar una recomendación explícita sobre cursos de acción.
G.G.: Ahí tiene un ejemplo de cómo la Fed puede afectar las expectativas de los mercados con gran elegancia. Como si no tuviera nada que ver.
P.: Bullard plantea dos escenarios de equilibrio posibles. Uno de ellos, inocuo, y alcanzable con las herramientas conocidas de política monetaria. Otro es una réplica del Japón de los noventa.
G.G.: Eso se supone que es el papel de investigación, el plano teórico que se monta para demostrar un resultado, no una descripción de la realidad.
P.: Todo lo que usted quiera. Pero Bullard también dice que la realidad va por ese lado, que no está hablando de meras abstracciones. No sólo escogió el momento oportunísimo. Los EE.UU. están más cerca que nunca en la historia reciente de la situación de estancamiento a la japonesa. Eso lo escribe expresamente.
G.G.: Tiene razón. Y la recomendación de Bullard es muy potente. El compromiso de la Fed de «mantener las tasas bajas por un tiempo extendido» puede ser contraproducente.
P.: Eso me llamó la atención. En los hechos, el comunicado de hoy (por ayer) vuelve a repetir ese mantra.
G.G.: Es un componente reiterado de todos los comunicados desde marzo de 2009.
P.: Y el propio Bullard lo rubricó.
G.G.: Sólo se opone formalmente Thomas Hoenig, el presidente de la Fed de Kansas City.
P.: Que no se cansa de cumplir con su rol de Llanero Solitario.
G.G.: Es la quinta vez que disiente en soledad. Y esta vez por partida doble.
P.: Bullard afirma que la promesa de mantener las tasas bajas hasta donde llega el horizonte puede, paradójicamente, alentar las expectativas de deflación y, en tal caso, contribuir a hundir la economía en la trampa japonesa. No me convenció demasiado.
G.G.: No convenció tampoco a sus pares. Ni él está demasiado seguro, a juzgar por que también reincide en la fórmula. Lo que importa es que si la economía deriva hacia ese equilibrio peligroso, la Fed debe reforzar el uso de la política de expansión cuantitativa. Concretamente, comprar más bonos del Tesoro.
P.: Que es lo que acaba de anunciar.
G.G.: La Fed inventó el medio escalón. Reinvertirá sólo los pagos de capital que reciba por sus bonos hipotecarios en la compra de bonos del Tesoro. Lo que viene más adelante, el paso próximo, sí es la recomendación de Bullard.
P.: La Fed estrena una versión dietética de tal política.
G.G.: La Fed adquirió un portafolio de 1,4 billón de dólares en bonos hipotecarios (más 300 mil millones de dólares en bonos del Tesoro). Un 5% (aproximadamente) de ese capital se amortiza anualmente, y la Fed había decidido cobrarlo sin reinvertirlo. O sea, los efectos de la política se reducían progresivamente sin que hubiera un anuncio formal de repliegue. La Fed, más que declarar una nueva política expansiva, lo que está haciendo es mitigar esa leve pero persistente contracción.
P.: Una acción más simbólica que otra cosa.
G.G.: Tal cual. Pero que quede claro que si la impasse se prolonga, seguirá la recomendación de Bullard. Comprará una buena cantidad de bonos del Tesoro. Es el capítulo que asoma.

