29 de octubre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Octubre concluye y no hubo retroceso en los precios de las acciones, pero sí en los bonos de largo plazo. Tanto que se perdió todo lo ganado en septiembre. ¿Hacia dónde irán las tasas de interés? El experto en finanzas internacionales -que encubre su identidad tras la máscara de Gordon Gekko- no descarta que ya se hayan visto los mínimos de las tasas largas. Así será, no lo duda, si el relajamiento monetario que prepara la Fed -el llamado QE2- consigue hacer blanco en sus objetivos.



Periodista: Usted esperaba un repliegue en octubre -un pullback- que no se produjo. Si ya sabíamos al terminar el mes pasado que la Fed se aprestaba a lanzar una compra masiva de bonos los primeros días de

noviembre, y Wall Street lo había incorporado con un rally vibrante (como septiembre no registraba desde la década de 1930), no parecía haber mucho espacio para el alza. No obstante, las acciones se las arreglaron para subir.


Gordon Gekko: En el imaginario, el tamaño del programa de relajamiento cuantitativo se ensanchó aun más. A su manera, se acomodó y evitó el problema.

P.: El inconveniente es que la fecha decisiva se acerca. Y todo sugiere que el llamado QE2 no será tan grande en la realidad como en la fantasía de las especulaciones.

G.G.: Está claro. Hace dos o tres semanas que se escuchan voces autorizadas de la Fed tratando de limar las expectativas. Pero no se las quiso oír.

P.: Se nota que se calmó el frenesí. Wall Street pisó el freno.

G.G.: En las acciones, sí. En los bonos, lo que se produjo fue nomás el repliegue que avizoramos.

P.: Las tasas largas treparon ya más de un cuarto de punto.

G.G.: El mínimo de octubre se ubicó levemente por debajo del 2,40% anual. Y no es muy reciente. Data del 8 de octubre. Hoy (por ayer) las tasas de diez años excedieron, fugazmente, el nivel del 2,70%.

P.: No muy lejos de donde merodeaban a fines de agosto.

G.G.: Un poco por encima.

P.: ¿Quiere decir que el QE2 arranca con el pie izquierdo?

G.G.: No. Para nada.

P.: Pero si el programa resulta más modesto que lo que se estima, provocará una decepción.

G.G.: O si procede más lento en su ejecución.

P.: Como sea. Si no calza cabalmente con las expectativas, las tasas largas podrían subir aun más.

G.G.: Estamos inmersos en ese proceso de descubrimiento.

P.: ¿Ya vimos el piso de las tasas largas?

G.G.: Es muy probable. Pero finalmente dependerá del éxito que tenga la iniciativa.

P.: Si el QE2 tiene buena estrella, ¿volveremos a registrar tasas inferiores al 2,50%?

G.G.: Si tiene éxito, no sólo ya vimos el piso de las tasas, sino que las tasas deberían incrementarse.

P.: Es al revés de lo que podría pensarse.

G.G.: No. La lógica es muy sencilla. Hay que implementar el QE2 porque las cosas no salieron bien. En abril, cuando la recuperación lucía rotunda y parecía destinada a cobrar mayor vuelo, las tasas largas rozaron el 4%. En ese entonces, la Fed aceitaba los mecanismos para comenzar, con tiempo, a retirar la liquidez que había inyectado con el QE1. Fue la adversidad lo que bajó las tasas y obligó al cambio de planes.

P.: En esta coyuntura cambiante, las tasas largas también escalaron en Europa.

G.G.: Yo diría que más aún que lo que subieron en los EE.UU.

P.: Sobre todo en Gran Bretaña.

G.G.: Así es.

P.: Se esperaba que el Banco de Inglaterra se sumara a Japón y EE.UU. en la cruzada de la expansión monetaria. Pero, después del último informe de las cuentas nacionales, esa convicción se evaporó.

G.G.: Correcto. Y por las buenas razones. La economía luce mucho más sólida que lo que cualquiera suponía.

P.: ¿Hay que tachar el aporte del banco central británico?

G.G.: Probablemente se postergue. Hasta que la información disponible sea convincente, la idea de recurrir a nuevas compras de bonos estará vigente y continuará rondando.

P.: Es imposible no ceder a la tentación de comparar lo sucedido en Inglaterra con la decisión que vaya a tomar la Fed. Si los indicadores económicos repuntan, ¿el relajamiento previsto puede quedar en la nada?

G.G.: Una economía robusta no precisa anabólicos. Ni andadores.

P.: Si uno mira en detalle el flujo de información económica más reciente, advierte dos circunstancias. Se cortó la tendencia al deterioro que resultaba evidente un par de meses atrás. Y hay sorpresas positivas en terrenos sensibles. Sin ir más lejos, los pedidos de subsidios de desempleo conocidos hoy (por ayer). Fueron muchos menos que los que se esperaban o que los que se registraban últimamente.

G.G.: Échele un vistazo al mercado inmobiliario. Sobre todo a los precios en declive.

P.: No digo que la situación sea próspera. Pero hay indicios de mejoría.

G.G.: Hay una gran diferencia con Gran Bretaña. Allá la inflación no mermó y es alta. En EE.UU. la desinflación es la regla, es muy persistente, y, a esta altura, quita el sueño. Para que la Fed decida que no hace falta meter manos en el asunto -que se puede librar de tomar esa cucharada de aceite de castor que es el QE2 (lo que haría con gusto)- necesitará recolectar evidencia de que no hay tiempo material de producir.

P.: No hay marcha atrás.

G.G.: Ya lo conversamos. La Fed no tomará un compromiso con el QE2 bajo las mismas condiciones del relajamiento de 2008/2009. Avanzará de manera gradual y permanecerá atento a las sinuosidades de la economía. No librará un cheque por un billón de dólares y se dispondrá a gastarlo todo. Hace tiempo que pisa terreno inexplorado y ahora se aventura en un confín recóndito. Irá, con cuidado, paso a paso.

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