2 de noviembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Llegó la hora decisiva. Las elecciones y la reunión de la Fed se definirán esta semana. Para Gordon Gekko, el seudónimo del especialista en mercados internacionales que dialoga con este periodista, las urnas darán un dictamen dividido -el presidente Obama cederá el control de la Cámara de Diputados, pero retendrá el Senado- y la Fed será menos generosa con las compras de bonos que lo que llegó a estimarse. Pero, aun así, no prevé un cimbronazo severo en las acciones si éstas se montan sobre la expectativa de una mejoría de la actividad económica.

Periodista: Semana de definiciones vitales. Las elecciones, la Fed. Los mercados se tomaron un respiro. ¿Qué cree que esperan?

Gordon Gekko:
Un triunfo republicano en la votación general, por margen considerable.

P.: Pero un resultado dividido en cuanto al control del Congreso.

G.G.:
Así es. Los republicanos necesitan ganar 39 asientos para retomar la Cámara de Diputados y estarían en condiciones de llevarse de 50 a 60.

P.: Y el Senado seguiría dominado por el Partido Demócrata.

G.G.:
Si mira los mercados de apuestas, verá que ponen en tela de juicio esa afirmación. Pero creo que se equivocan.

P.: Nunca es bueno para un Gobierno perder una elección. El efecto Obama, la esperanza de un cambio, se consumió con rapidez. ¿Cómo lo tomará Wall Street?

G.G.:
Este escenario ya está ampliamente descontado. No fue óbice para un rally furibundo de las acciones y otros activos de riesgo en septiembre y octubre.

P.: ¿No convertirá a la presidencia de Obama en un pato rengo?

G.G.: Es una posibilidad, aunque no pienso que sea la más probable. Y los mercados, tampoco. Más bien, ponen el énfasis en la noción de equilibrio de poder, que no los molesta.

P.: Pero un avance de los republicanos premiará su constante oposición a las políticas de Obama. Alentará su falta absoluta de colaboración. Y le dará empuje a la hostilidad del Tea Party. No parece una buena receta.

G.G.:
Si no se produce una avalancha adversa, que no se prevé, pero no puede descartarse por completo, la derrota de Obama será menos cruenta que la que sufrió Bill Clinton en su primera presidencia. Lo que fue un revés durísimo, pero -como bien se sabe- no definitivo. No impidió que, dos años más tarde, Clinton obtuviera su reelección.

P.: ¿Qué pasará con los recortes impositivos que dispuso el ex presidente Bush y que están a punto de expirar a fin de año?

G.G.:
Será el gran examen de Obama, inmediatamente después de los comicios. La experiencia de Clinton les enseña a los republicanos que no debieran ensoberbecerse y arrinconar al presidente ante la opinión pública. La propuesta de la oposición será extender los recortes para los segmentos de ingresos medios y bajos, y procurar una extensión temporaria, por uno o dos años, para el 2% de la población de mayores recursos. Es una señal de flexibilidad de parte de quienes presumiblemente vencerán en las elecciones. Pero Obama, el probable derrotado, la rechaza. Como se ve, la relación de fuerzas en este tema crucial desafiará la lógica lineal del resultado en las urnas.

P.: ¿Se resolverá antes que cambie la composición actual del Congreso? ¿O habrá que esperar al año próximo?

G.G.:
No creo que Obama dé el brazo a torcer. No se sorprenda si caen todos los recortes y recién después se negocia una solución.

P.: ¿Y ello no sacudirá los nervios de Wall Street?

G.G.: No lo ha hecho hasta ahora, aunque no se vea cómo se alcanzará un arreglo.

P.: Pero pudiera llegar a ocurrir.

G.G.: Será una partida de póker. De eso no tengo dudas.

P.: Después que vote la población, tocará otra votación, más restringida, muy técnica, en el seno de la Fed. Será una reunión prolongada, que culminará el miércoles. Se supone que ya se conoce el resultado de antemano. Que el banco central le dará alas a la segunda fase del relajamiento cuantitativo, el llamado QE2.

G.G.:
Hasta ahí, no habría novedad. Como siempre, el diablo está metido en los detalles.

P.: Ahora parece que difícilmente la Fed se comprometa a comprar más bonos del Tesoro que por un billón de dólares. Se habla, inclusive, de una cifra de 500 mil a 750 mil millones de dólares en los próximos seis meses.

G.G.:
Siempre la imaginación es más generosa que la realidad. Ya le comenté que la Fed, a través de múltiples voceros, hace ya unas tres semanas, procura desinflar la excitación.

P.: No será la primera vez que se confirme la noticia y se produzca una decepción.

G.G.:
El mejor de los mundos era tener la certidumbre del QE2 y la incógnita sobre su verdadera magnitud.

P.: Esto acaba mañana. ¿Cómo prevé la reacción de Wall Street?

G.G.:
Si las cifras son más modestas que lo esperado, lo lógico será ensayar una corrección. En principio, los bonos serían más vulnerables que las acciones a una decepción. Pero los bonos ya devolvieron en octubre todo lo que habían ganado en septiembre.

P.: Mientras las acciones no interrumpieron su trepada.

G.G.: Tal cual.

P.: Están más expuestas.

G.G.: Vienen de galopar durante dos meses una suba del 12% (en el caso del NASDAQ, del 18%) a caballo de la promesa de una inyección de liquidez de un billón de dólares.

P.: Si nos enteramos, de repente, que será la mitad o las dos terceras partes, deberían desandar el camino.

G.G.:
Seguro. Pero me cuesta creer que la Fed promueva un cimbronazo severo. Las acciones pueden cambiar de monta. Bajarse de las promesas del QE2 para subir a la grupa de otras expectativas: las de una mejoría de la economía. Pienso que la Fed justificará su mesura en un cuadro de situación pobre, pero exento de dramatismo. Y así facilitará el traspaso.

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