4 de noviembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- para quien, además de la inyección de u$s 600.000 millones que decidió ayer la Reserva Federal, «proseguirá con las reinversiones del capital e intereses que vaya cobrando por la cartera que ya tiene en su poder. Y si no es suficiente, la Fed podrá corregir los montos en sus próximas reuniones». Sin embargo, se sinceró cuando dijo: «Entiendo que le pusieron un límite más modesto que el que las propias autoridades habían echado a rodar como posibilidad».

Periodista: Las urnas y la Fed, los dos temas urticantes de la semana, pronunciaron su veredicto. No hubo enormes sorpresas. Pero uno diría que la política a secas se ajustó más a las expectativas que el dictamen del Comité de Mercado Abierto.

Gordon Gekko:
Como sea, no hubo grandes reacomodamientos de precios.

P.: Todo lo contrario. Es una semana que transcurre con llamativa placidez.

G.G.:
Quiere decir que los resultados no están muy lejos de lo que íntimamente se esperaba.

P.: El traspié de los demócratas no es asunto menor, y alumbra un futuro en el que la agenda legislativa del presidente Obama enfrentará un cerrojo a simple vista imposible de destrabar.

G.G.:
Eso se sabe y, sin embargo, no quita el sueño.

P.: Lo que puede constituir un gran error de cálculo.

G.G.:
No lo discuto. El punto es que Obama ya descargó gran parte de la agenda que necesitaba que pase por el Congreso. Lo que se aguarda ahora es que relance su gestión de gobierno.

P.: Ya cambió buena parte del gabinete económico.

G.G.:
Lo depuró significativamente.

P.: Lo desbrozó de todos aquellos que podían hacerle sombra a Tim Geithner. ¿El secretario del Tesoro queda como el verdadero hombre fuerte, la persona que deberá dar el golpe de timón para enderezar la economía y darle chances a Obama de obtener su reelección?

G.G.:
En algún momento, en círculos bien informados también se lo daba a Geithner fuera del Gobierno. Deje pasar un poco más de tiempo.

P.: Se hablaba del aterrizaje de Michael Bloomberg en su lugar. Pero no se verificó.

G.G.:
Veremos cómo se arma todo el equipo de gobierno. También se alejó Rahm Emanuel, el principal operador político. Y la derrota, seguramente, obligará a un replanteo y a cambiar gente. Si no hay un desembarco de una figura de mucho peso, uno diría que sí, que por Geithner pasará la apuesta a generar una reacción que pueda modificar el mapa de la opinión pública. Que fue una misión que Bill Clinton supo lograr en su momento, después de una derrota aún más severa en las elecciones de mitad de período. Paradójicamente, Clinton, como en el judo, usó a su favor una agenda de cambio demasiado agresiva como la que propulsaba Newt Gingrich y su Contrato con América, que guarda grandes parecidos con el boom actual, y el ideario, del Tea Party.

P.: Vayamos a la Fed. Uno imagina una reunión ardorosa, extenuante, muy reñida a lo largo de dos jornadas, pero que se resolvió por amplísimo margen: una votación 10 a 1 a favor de lanzar la segunda fase de la compra masiva de bonos del Tesoro.

G.G.:
Cuando exploremos las minutas, o quizás antes (si el debate fue muy encarnizado se filtrarán los detalles a la prensa), sabremos cuáles fueron las objeciones y con qué grado de virulencia.

P.: Pero, como haya sido, no frenaron el llamado QE2.

G.G.:
Entiendo que le pusieron un límite más modesto que el que las propias autoridades habían echado a rodar como posibilidad.

P.: Se llegó a hablar de un programa de hasta un billón y medio de dólares.

G.G.:
Eso no tenía más sustento que una expresión de deseos. No obstante, creo que era factible pensar en un ritmo de compras más acentuado que el que sugiere el comunicado.

P.: Cien mil millones de dólares por mes. Eso era lo que usted barajaba. Y finalmente se habla de 75 mil millones.

G.G.:
En rigor, no hay un compromiso firme. Pero eso es lo que se da a entender.

P.: Como promedio.

G.G.:
Tal cual. La Fed podría arrancar en noviembre y diciembre con un ritmo más intenso, en cuyo caso no diferiría demasiado con respecto a lo que uno tenía en mente.

P.: El tamaño total del programa es de 600 mil millones de dólares. ¿Será suficiente?

G.G.:
No se olvide de que, a la par, la Fed proseguirá con las reinversiones del capital e intereses que vaya cobrando por la cartera que ya tiene en su poder. Son unos 250 mil/300 mil millones de dólares de reinversión (casi la mitad de lo nuevo que se va adquirir). Y si no es suficiente, la Fed podrá corregir los montos en sus próximas reuniones. Queda muy claro que esta iniciativa está armada de manera distinta que la versión original del relajamiento no convencional. La Fed sabe que pisa terreno delicado. Y quiere tener a mano la opción de revisar su compromiso, ya sea ampliarlo, reducirlo o cancelarlo. Si la Fed de veras confía en sus pronósticos económicos, pensará que antes de junio podrá discontinuar las transacciones en la medida que el crecimiento económico repunte.

P.: O si lo que repunta es la inflación.

G.G.:
Llegado el caso, así sería. Pero eso no está en los cálculos del Comité. Y sí figura la idea de una mejoría en el nivel de actividad.

P.: ¿Cómo evalúa la reacción operada en los mercados después del anuncio?

G.G.:
Revela una predisposición favorable. Era legítimo esperar una leve decepción en la medida que se abrigara la expectativa de un accionar más agresivo. En parte, creo que ayuda el tenor del comunicado, que no muestra una preocupación acuciante por la situación económica. Yo diría que es menos dramático que el parte oficial de septiembre.

P.: ¿Piensa que el rally continúa?

G.G.:
De los bonos ya hemos visto lo mejor. Pero la Bolsa puede montarse sobre la mejoría que recojan los indicadores económicos. Será interesante, este viernes, pulsar las condiciones del mercado de trabajo.

P.: Thomas Hoenig, de la Fed de Kansas City, volvió a votar en disidencia. Lo hizo en cada una de las siete reuniones que celebró la Fed este año, pero nunca había sonado tan dramático. Dijo que acrecentar las compras de bonos tiene el potencial de «desestabilizar la economía».

G.G.:
Que hay efectos colaterales cuando usted manipula este tipo de herramientas, no tenga dudas. Pero la omisión tampoco está exenta de consecuencias nocivas. Lo que pienso es que si uno se equivoca porque pecó por demasía de estímulo, ello tiene arreglo (no niego que muy costoso). La situación opuesta, esto es que el equivocado sea Hoenig y que usted le haya confiado el tratamiento, supone caer en un pozo depresivo a la japonesa. Y de ahí no se sabe bien cómo salir. Así que prefiero el camino que tomó la Fed aunque entienda las razones de Hoenig.

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