16 de noviembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Exceso de estímulo en los EE.UU.? ¿Demasiada austeridad en Europa? Siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Para el experto en finanzas, que se identifica bajo el seudónimo de Gordon Gekko, a Europa se le desmorona el frente interno con el regreso de los problemas de las deudas soberanas. Si antes fue Grecia, hoy Irlanda es el principal dolor de cabeza. Pero a diferencia del trato que recibió Atenas, hoy se presiona a Dublín para que acepte un «rescate exprés».



Periodista: Europa no sabe de términos medios. Criticó duramente la decisión de la Fed de proveer una segunda ronda de estímulo. La juzgó un exceso, pero, a la par, no pudo evitar que se le desmoronase el frente interno. De nuevo afloran las vicisitudes adversas de la deuda pública.

Gordon Gekko: Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno.

P.: La acusación de que los EE.UU. buscaban manipular su tipo de cambio a través de la expansión monetaria que significa la compra masiva de bonos lucía creíble cuando el dólar rondaba una paridad de 1,42 frente al euro. Pero, en un santiamén, la situación se revirtió. ¿Qué decir ahora cuando repuntó a 1,36?

G.G.: No hay mucho que agregar. El argumento tiene sus limitaciones y se desdibujó sólo. No hay dudas de que el QE2 fue tremendamente eficaz para debilitar el dólar. Pero aquí no juega únicamente la voluntad de los EE.UU. Tiene razón Tim Geithner, el secretario del Tesoro de los EE.UU., cuando sostiene que el dólar opera como (el principal) activo de refugio y es lógico, pues, que su demanda se debilite si renace la confianza y el apetito de riesgo.

P.: De la misma manera que ahora los problemas de Irlanda le echan sombra al euro y apuntalan la cotización del dólar.

G.G.: ¿Será que Europa le responde a EE.UU. tirando por la borda a la deuda irlandesa? ¿Será su propósito contrarrestar los efectos del QE2 y manipular el valor del euro? Es obvio que no.

P.: Los irlandeses no ven nada obvio. El propio ministro de Finanzas, Brian Lenihan, se lamentó de la decisión «inoportuna» de Alemania de apresurar el tratamiento de un mecanismo europeo de reestructuración de deudas.

G.G.: Alemania es el elefante en el bazar. Los daños que provoca, por cierto, no son menores. ¿Son involuntarios? Así lo dijo el ministro irlandés. ¿O es una conspiración? Preste atención a las palabras de la primera ministra alemana, Angela Merkel, y verá que, en el fondo, lo que pretende es darle una respuesta satisfactoria a la lógica indignación de los votantes de su país. ¿Por qué ellos deben pagar la cuenta y no los inversores que la financiaron? Los cortocircuitos que se producen no son casuales, hay una intencionalidad; se trata de hacerles pagar a los mercados los platos que rompió.

P.: El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. Nada más peligroso, en un camino de cornisa, que un error de manejo.

G.G.: De acuerdo. Pero convengamos una cosa: todo este embrollo no está armado para debilitar al euro.

P.: Desde ya. Pero, ¿cómo se sale?

G.G.: Queda claro que así, no. Así la crisis va devorándose a sus víctimas de a una. De manera inexorable.

P.: Uno piensa si el Banco Central Europeo (BCE) no debiera emular a la Fed. En vez de criticarla, copiarle los procedimientos.

G.G.: Juergen Stark, uno de los consejeros alemanes del BCE, dijo la semana pasada que la recuperación europea ha ganado suficiente vigor como para «casi» autosostenerse. Y señaló también que el BCE está inmerso en el proceso de retirar las medidas de estímulo que hubo que aplicar para contener la crisis financiera.

P.: ¿No se enteró de los problemas de Irlanda, de Grecia, de Portugal?

G.G.: No subestime a nadie. Sí, los conoce. Mejor que nosotros. Pero no le cambian las declaraciones. Es una manera distinta de ver la situación.

P.: No muy sagaz.

G.G.: Los resultados no son muy alentadores. Pero es la visión que prevalece, la que guía sus actos.

P.: Será difícil, entonces, que el BCE cambie de rumbo.

G.G.: No necesariamente. Pero, es obvio, requerirá un golpe más grande.

P.: Irlanda quedó contra las cuerdas. ¿Cuántos azotes deberá recibir para que el BCE replantee su posición?

G.G.: El BCE no se hará cargo. Más allá de continuar con la asistencia a la banca irlandesa y, por cuentagotas, con la compra de bonos soberanos. Dejará que se ocupen las autoridades políticas. Existe una Facilidad Europea de Estabilización Financiera (EFSF), que se creó a mitad de año, para lidiar específicamente con estos problemas.

P.: Eso no está mal. Una materia es la política monetaria y otra, que debiera discurrir por canales separados, una operación de salvamento de un país. Es razonable que se realice con cargo expreso a las finanzas públicas.

G.G.: Correcto. No se olvide cómo está diseñada la Unión Europea: la política monetaria es común, pero no existe el federalismo fiscal. Las Tesorerías están separadas. Precisamente la EFSF se montó como un mecanismo especial, una plataforma de recursos integrada, que ofició en su momento, cuando la crisis acorralaba a Grecia, como el «blindaje» tácito a España y Portugal.

P.: Y finalmente lo estrenará Irlanda.

G.G.: Así parece.

P.: ¿Cree que se repetirá la tragedia griega? Me refiero a esa situación dramática de ver a Grecia expulsada de los mercados de crédito, indefensa, con un paquete de rescate acordado, pero sin la capacidad de destrabar los desembolsos hasta el último momento.

G.G.: Todo sugiere que no será así. Se presiona por una solución de vía rápida. De hecho, es Irlanda la que se opone a la ayuda.

P.: ¿No es curioso?

G.G.: Entienda que es un daño de reputación muy grande.

P.: El tiro de gracia al milagro irlandés.

G.G.: El tiro de gracia se gatillará cuando deba modificar su régimen de Impuesto a las Ganancias corporativas -a una tasa de sólo el 12%- como contrapartida del paquete de rescate.

P.: Después de Irlanda, ¿quién?

G.G.: Portugal es el siguiente en la línea de fuego. Pero si lo de Irlanda se transforma en un «rescate exprés» debería zafar por el momento.

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