24 de noviembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Europa deberá lanzar su propio QE2 para frenar la crisis de las deudas soberanas? Es lo que piensa el especialista que -bajo el alias de Gordon Gekko- analiza los avatares de los mercados internacionales. No recomienda apostar dos dólares a que Europa dará rápido con la tecla, pero sí a que finalmente logrará remontar la situación. La duda es cuántos destrozos se producirán hasta calmar la ansiedad de los mercados.

Periodista: Teníamos bastante con Europa. Y ahora se sumaron las dos Coreas.

Gordon Gekko
: Así es.

P.: ¿Fruto del azar? ¿O de la intencionalidad?

G.G.:
Es obvio que Corea del Norte escogió el momento de lanzar el ataque. Le recuerdo que no es la primera vez que muestra los dientes en un momento internacional delicado.

P.: ¿Cómo sigue la película?

G.G.:
¿Quién sabe lo que piensa Pyongyang? Lo que sí se conoce es que hay ya una larga lista de incidentes -y más graves que el actual- que finalmente se disolvieron sin llegar a mayores.

P.: ¿Qué decir de Europa? Más que acotar que el rescate de Irlanda fracasó.

G.G.:
Todavía no se instrumentó.

P.: Pero está claro que el contagio no cesará porque se auxilie a Irlanda. La sensación de alivio, cuando se concretó el anuncio, no duró más que unas pocas horas.

G.G.:
De acuerdo. Los mercados huelen sangre y van por más.

P.: Se dice que se difundió la cáscara de un acuerdo, pero que los detalles brillan por su ausencia.

G.G.:
Es una excusa. Siempre es así. Lo que importa, a esta altura, es que exista la decisión. Por supuesto, habrá que negociar el contenido y eso lleva algún tiempo por más que la negociación sea urgente.

P.: ¿Con quién se va a negociar? El Gobierno irlandés está en la cuerda floja.

G.G.:
Pregúntele a Tim Geithner, el actual secretario del Tesoro de EE.UU., cómo se cerró el salvamento a Corea del Sur sobre el final de 1997. La situación política no era mucho mejor y hubo que comprometer a todas las partes, incluyendo a los candidatos presidenciales. No había tiempo para esperar el resultado de la elección.

P.: No es un imposible. Pero es muy difícil.

G.G.:
La gravedad de la coyuntura debería facilitar una salida, no es la primera vez que el pánico sirve para arrimar a los interlocutores.

P.: ¿Usted cree que funcionará?

G.G.:
No dependerá de Irlanda. El timón está en manos de la Unión Europea. O, si usted quiere ser crudo, de Alemania.

P.: ¿Retiene el timón? ¿No lo perdió? ¿No se lo arrebataron los mercados? No es la voluntad de la Unión Europea la que promueve esta turbulencia en ascenso.

G.G.:
Eso es debatible. Antes que los mercados arrinconaran a Grecia, eran Alemania y Francia los que la conminaron a elegir entre el ajuste y el default. No se olvide. Se enfatizaba que la letra del Tratado de Lisboa impedía cualquier intento de salvataje; se decía -con énfasis- que si Atenas no ponía sus cuentas en orden, quedaría librada exclusivamente a su suerte.

P.: Eso quedó muy lejano en el tiempo.

G.G.:
Con exactitud, un año atrás.

P.: Pero hoy las posturas cambiaron.

G.G.:
No se equivoque. La reestructuración de las deudas soberanas, a partir de 2013, no fue un tema que resucitaran los mercados, sino que es el corazón de un documento acordado previamente por Alemania y Francia y apoyado por el Consejo de los 27 de hace un mes.

P.: Me alineo con Jean-Claude Trichet, el titular del Banco Central Europeo, cuando se interpuso a los jefes de Estado y les dijo que había muchos que no entendían la gravedad de la situación.

G.G.:
Ése es el problema esencial. Finalmente, los mercados respondieron a las propias iniciativas que instalaron las autoridades. Es un patrón que impresiona: cada corrida -contra Grecia, los países mediterráneos e Irlanda- está precedida por decisiones oficiales que le abren las compuertas. Y, a decir verdad, no fue tan difícil tampoco arrear los mercados en mayo cuando la Unión Europea erigió una vasta muralla defensiva -que incluyó los desembolsos del rescate a Grecia, las compras de bonos por parte del BCE y la constitución de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera como un «blindaje» para la región- y les puso freno.

P.: No fue sencillo lograr que la Unión Europea retomara el liderazgo. Fue exasperante y se corrió el riesgo de que la crisis se desbocara sin control. ¿No puede suceder lo mismo?

G.G.:
Yo no apostaría dos euros a que Europa dará rápido con la tecla. Pero creo, y ahí van ambas monedas, que podrá remontar la situación. La incógnita es cuánto daño producirá el episodio.

P.: Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe. Todo el mundo conoce ya la hoja de ruta de la crisis. Portugal es el próximo blanco. España, mientras tanto, precalienta. Italia, en mayo tuvo dos días muy complicados, ¿habrá que sumarlo a la lista?

G.G.:
Es obvio que hay que cortar el circuito. Atender rápido a Irlanda no alcanzó a calmar las aguas. No está mal. Hay que frenar la corrida bancaria. Es lógico que se le gire la cuota a Grecia, como también se hizo. Pero habrá que ponerse delante de los acontecimientos.

P.: Pregunto yo, ¿si se siguen sumando los rescates, de país en país, no se terminará corriendo siempre a la zaga?

G.G.:
España sólo ya sería un bocado indigesto. Es una ironía, después de haber criticado tanto a la Fed, pero, a mi juicio, lo que Europa tiene más a mano, y con chances de resultar efectivo, es lanzar su propio relajamiento cuantitativo.

P.: No hablará en serio. No veo al BCE ni a la Unión Europea con ánimo de replicar el QE2.

G.G.:
Nadie puede decir de qué agua no habrá de beber. Fue un error no haber acompañado a la Fed en su momento, siquiera con un anuncio de una política monetaria más laxa. Ahora habrá que poner la carne en el asador. Y en cantidad. Mientras los mercados vayan de punta, no veo posible estabilizar la situación si el BCE no se aviene a potenciar la compra de bonos públicos y, en paralelo, propicia una fortísima expansión de base monetaria. Nada de esterilización.

P.: Todo lo contrario de lo que el banco central venía pregonando.

G.G.:
Cuando usted va en contramano tiene que girar en U. No es motivo para negarse, argumentar que ya se recorrieron muchos kilómetros.

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