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Diálogos en Wall Street
El periodista dialogó con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», sobre el rebote del mercado y consideró que el Banco Central Europeo se arrinconó solo y ahora deberá actuar, comprando más bonos o bien inyectando más liquidez.
Gordon Gekko: Nunca mejor usado el término. Se recuperó el aliento. Después de dos semanas de vivir con el corazón en la boca, se pudo retomar la respiración.
P.: No durará mucho.
G.G.: En el afán de subirse a una corrida que no presentaba oposición, los mercados se pasaron de revoluciones. Están en off side. Así que dependerá de cómo se maneje la situación.
P.: ¿Qué fue lo que produjo el clic? ¿Cómo se pasó, de buenas a primeras, de acosar a la deuda de España e Italia a montar un salto de más del 2% en el Dow Jones? ¿Fue obra del reto verbal de Trichet, el presidente del Banco Central Europeo (BCE)?
G.G.: Si fue Trichet, se verá mañana (por hoy), cuando se reúna el Consejo Monetario. Pero no tengo dudas que su palabra jugó un rol muy importante. Ya lo habíamos hablado: usted no saldrá del atolladero si el BCE no se involucra activamente. Y Trichet sugirió que las autoridades están dispuestas a intervenir, que no se van a entregar sin ofrecer pelea.
P.: Quedó claro, a mi juicio, que si Europa se calma, Wall Street lleva el cuchillo entre los dientes. Cortará con fuerza a la suba.
G.G.: Europa se nubló justo cuando en EE.UU. volvió a salir el sol. Europa es un lastre, pero aun así no logró hundir demasiado a la Bolsa. Si su carga se aligera, lo decisivo será el rosario de buenas noticias que fluye como un reguero desde lo que era, un par de meses atrás, el frente más delicado, la marcha de la economía real.
P.: A esta altura, el rompecabezas que se puede armar es bastante compacto. La mejoría es ostensible.
G.G.: Diría que, con la excepción del mercado inmobiliario, se detecta un repunte generalizado más que alentador.
P.: Que arriba en un momento justo.
G.G.: Tanto como inoportunas son las tribulaciones de la deuda europea. Diría que no es sólo EE.UU. China también ayuda. Hoy (por ayer) presentó un informe de actividad industrial que confirma una expansión que, lejos de amesetarse, apura sus pasos. Y, en ese renglón, la zona del euro no desentona. Alemania y Francia tiran del carro.
P.: ¿A qué atribuir el rebote de la actividad en los EE.UU.? ¿Es el QE2?
G.G.: Yo diría que es el fruto de haber anticipado el mode la Fed. Son los beneficios de la baja de tasas largas que se produjo por adelantado. Antes del anuncio oficial y de su efectiva implementación.
P.: ¿Será así? ¿O no será que la Fed no tuvo la paciencia necesaria para aguardar a que la economía se recompusiera sola?
G.G.: Le recuerdo que la tesitura de la Fed era ver y esperar. No se precipitó. Se tomó su tiempo antes de adoptar una decisión. Indagó en profundidad. Y lo que la Fed vio no era muy agradable. Creo que su intervención enderezó el rumbo, aun antes de gastar el primer dólar en aumentar su cartera de bonos del Tesoro.
P.: ¿No era que la política monetaria generaba efectos reales con mucha tardanza?
G.G.: Aquí encontró un atajo bastante corto. Piense que el QE2 produjo un impacto muy potente en el precio de los activos de riesgo. Y en las expectativas de inflación.
P.: Eso no lo discuto. Mi pregunta tiene conexión con las variables reales.
G.G.: La economía se atascó en un bache y lo que precisaba era un empujón. Anticipar la compra masiva de bonos del Tesoro sirvió para barrer los temores de una doble recesión. Y destrabó una situación de parálisis que amenazaba esparcirse por contagio. Tengo muy presente un comentario de la gente de Cisco...
P.: Cuando lanzaron su primera «advertencia» de que no alcanzarían los objetivos de ingresos que suponía el consenso de analistas.
G.G.: Correcto. Decían que la marcha de los negocios no era mala. Ni los propios ni los de sus clientes, pero que aquellos temían que la coyuntura se complicara y, por esa razón, comenzaban a desacelerar los pedidos. Y a frenar, por razones de cautela, decisiones de inversión o de contratación de mano de obra.
P.: Se temía que el QE2 trajera de su mano un salto de la inflación, pero vino con un pan bajo el brazo. ¿Hora de comenzar a replegarlo?
G.G.: Yo le pondría un cartelito que dijera «no tocar». Hay que dejarlo correr. No hay razones para desactivarlo antes de tiempo; menos que menos con el zafarrancho de Europa sin resolver.
P.: Cobró cuerpo la versión de que los EE.UU. están dispuestos a contribuir a reforzar el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera a través del FMI. ¿Significa que los Estados Unidos van a sumarse como un nuevo aportante?
G.G.: Desde ya que no. Significa que apoyarán una extensión de los compromisos del FMI.
P.: Es un mensaje confuso.
G.G.: Tal vez sea ex profeso. El mensaje subliminal es claro. Es el mismo que vertió Trichet. Ningún Gobierno es ajeno a la crisis de la deuda europea. A nadie le sirve una repetición de lo que se vivió en mayo cuando la crisis se desbocó y, brevemente, tuvo al mundo en un puño. La Unión Europea y el FMI, ambos, alistan más piezas de artillería.
P.: Trichet mencionó la determinación de los gobiernos, pero pienso que también hablará por la institución que preside.
G.G.: Se sabrá mañana (por hoy). Nunca es bueno depender del BCE para incursiones de este tipo. Les producen urticaria.
P.: Pero Trichet ya montó la expectativa. No podrá echarse atrás.
G.G.: No debería. Y, a decir verdad, el BCE se arrinconó solo. Tarde o temprano tendrá que redoblar sus esfuerzos. Que mejor que anunciar un salto en el programa de compra de bonos y la reapertura del grifo de la liquidez y hacerlo motu proprio y no por imposición de los mercados dos o tres días más tarde y después de una paliza gratuita e innecesaria.


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