24 de enero 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La octava semana resultó la vencida. Y le tocó a Wall Street morder el polvo. Pero para Gordon Gekko, el especialista en mercados que utiliza el nombre del protagonista de la célebre película de Oliver Stone para verter sus opiniones, el rally no se agota. La poda se acentuó por los dudosos balances de los bancos, pero en la medida en que fuerza el abandono de las posiciones más endebles, despejará el camino para un avance ulterior.

Periodista: Al fin se cortó la racha. Después de siete semanas consecutivas en suba, Wall Street tuvo que dar un paso atrás. El índice S&P 500 se replegó el 0,8%...

Gordon Gekko:
Sólo el Dow Jones se salvó del castigo y pudo sumar la octava semana en alza. Gracias al zarpazo de GE.

P.: ¿Cómo se contabiliza esta discrepancia? ¿Es un empate 1 a 1?

G.G.:
Yo diría que es un revés.

P.: La cobertura del S&P 500, su valor de capitalización, es mucho mayor que la del Dow Jones.

G.G.:
No sólo por eso. Los índices más agresivos, los que lideran el avance, todos ellos chocaron contra la pared.

P.: Al NASDAQ lo hundió la salud de Steve Jobs. ¿Cómo incorporar en el análisis prospectivo un dato tan inasible? Apple era uno de los buques insignia del rally de las Bolsas. ¿Cómo seguirá la película? ¿Estará la suerte del rally atada al cuadro clínico de Jobs?

G.G.:
Ni Jobs ni nadie es inmortal. De eso sí podemos estar seguros.

P.: Pero su injerencia en la salud de los negocios de Apple nunca fue trivial. Todo lo contrario: siempre resultó decisivo.

G.G.:
En todo caso tendrá que mudar de embarcación.

P.: Le parece una exageración, o una mera casualidad, que el percance de Jobs frene la racha ganadora de la Bolsa.

G.G.:
Fue crucial para provocar la patinada de Apple, que cayó el 6,2% en la semana. Máxime cuando la compañía logró aumentar sus ingresos en más del 70%, superando con extrema facilidad los pronósticos.

P.: Es un recordatorio de que la suba está montada sobre bases que son muy frágiles.

G.G.:
Si usted quiere, le acepto que haya tocado un nervio sensible. Pero nada más. Bank of America cayó más que Apple: el 6,6%. Y le aseguro que Steven Jobs no tuvo nada que ver. Inclusive Google retrocedió el 2% y allí se da un proceso inverso al de Jobs. Larry Page, el co-fundador de la firma, está tomando de nuevo el timón. Y no hubo margen para ninguna euforia en la cotización.

P.: Tecnología no fue el sector más afectado por el retroceso.

G.G.:
Las palmas se las llevó el Russell 2000, el índice que mejor refleja la marcha de los papeles de compañías pequeñas. Bajó el 4,3% frente al declive del 2,4% del NASDAQ. Y así consumió todo lo que había avanzado en el año.

P.: ¿Hay motivos para alarmarse?

G.G.:
Mire el euro por encima de 1,36 y se dará cuenta de que no abundan las preocupaciones. Usted dio siete pasos adelante y ahora le toca dar uno atrás. No puede quejarse.

P.: Pero si perdió todo lo ganado en el año, es un salto para atrás en el que retrocede varios casilleros.

G.G.:
Es el caso de un ve-hículo agresivo. Ya se sabe de antemano. Aun con este golpe, desde que comenzó el rally en septiembre, el Russell 2000 retiene el liderazgo. Trepó el 25%, más que nadie.

P.: Quizás haya llegado la hora de bajarse. De tomar ganancias y recalar en colocaciones más conservadoras.

G.G.:
Es la tercera semana en serrucho. Y el corcovo más brusco.

P.: Señal de que el rally comienza a perder fuerza.

G.G.:
Seguro.

P.: Y después de tamaño recorrido, quizás esté próximo a su agotamiento.

G.G.:
Disiento. Para continuar creciendo, no le vendrá mal una poda. Que decante las manos más dubitativas.

P.: Se hablaba de «sobrecompra». ¿Piensa que comenzó a purgarse?

G.G.:
Creo que es evidente. Usted citó el caso Jobs. Y tiene algo de razón. La fe ciega en Apple ahora se pone a prueba. ¿En quién confía a estos precios, que ya no son de ganga? ¿En la compañía o en la persona? Si no confía tanto en la empresa, ¿por qué no bajarse, al menos, hasta que aclare? Y yo le diría que no pase por alto los balances de los bancos.

P.: Tampoco vinieron muy bien.

G.G.:
Fue un ramillete muy diverso. Hubo un poco de todo.

P.: Incluyendo decepciones en papeles clave. Citi, Bank of America, Goldman Sachs.

G.G.:
Nada verdaderamente grave. Pero hay problemas y usted estaba anticipando la perfección. Como las acciones tecnológicas y los «small caps» (compañías pequeñas), los bancos eran la punta de lanza del embate alcista. Y es lógico que ahora haya que barajar y repartir de nuevo. Le repito, nada grave, pero sí un contratiempo.

P.: ¿Llevará mucho tiempo?

G.G.:
Cuanto más negativo se ponga el mercado, mejor. Mire las lecturas de sentimiento. En rigor, el «pico» de optimismo se registró en la semana al 23 de diciembre. Luego lo que se advirtió fue un serrucho. Y ahora declinó sin ambages, el nivel es el más bajo desde mitad de diciembre.

P.: Que no era un piso particularmente deprimido.

G.G.:
Necesitaría otro chapuzón más. Tal vez una caída no más profunda, pero sí más compacta. Una semana en la que se ven caer acciones importantes el 6% pero, a la par, otros papeles -como GE o IBM, igualmente relevantes- se las arreglan para trepar el 5% o el 4% no asusta en demasía.

P.: Por algo se empieza. ¿Quién puede decir que la situación no se complicará más adelante? ¿O me equivoco?

G.G.:
Nadie puede tener certezas. Pero no se confunda con el ruido circunstancial. De lejos, el problema más serio es la situación de Europa. Ya tocará que pase factura, pero hoy por hoy allí han decretado un recreo. Con la bendición de Alemania. El propio ministro de Finanzas alienta la expectativa de un fortalecimiento del fondo de rescate. La posibilidad de que se amplíe y se sume a la compra de deuda pública. De ahí la exuberancia del euro. Preocúpese cuando lo vea caer a plomo, no cuando se lleva por delante al dólar. Y no se limite a un único indicador: mire el comportamiento del talismán de la época.

P.: ¿Se refiere al oro?

G.G.:
Perdió 80 dólares la onza desde que comenzó 2011. Tampoco remontó vuelo con estos corcovos. Créame que si examina el cuadro -incluya la economía y la política de los EE.UU.-, no se percibe mucha preocupación de fondo. Todavía tiene vía libre...

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