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Diálogos en Wall Street
El rally se instaló de nuevo a sus anchas. No escala raudo, sino «paso a paso», pero ya se ubica otra vez muy cerca de sus valores máximos. ¿Tiene recorrido? ¿Cómo es que soporta una sucesión de contratiempos que no parece tener fin, y que ahora suma la caída del Gobierno de Portugal? Razones hay varias y Gordon Gekko, el alias de un veterano conocedor de los mercados, las desglosa en un jugoso reportaje.
Gordon Gekko: No precisa esforzarse. Le basta con mantener el tranco. Ya está a tiro de la cima.
P.: Por lo visto, la saga continúa. Contra la opinión mayoritaria, es un rally incombustible.
G.G.: Tiene recorrido, pero, no se confunda, es la última milla. No pasará junio sin entrar en una fase de revisión general, más profunda.
P.: ¿No era el momento ahora? ¿Por qué va a ser más adelante? Será difícil recibir, en una misma mano, un póker de adversidades tan potentes como las que surgieron estas semanas.
G.G.: Fueron golpes de nocaut, pero el mercado está más sólido de lo que se quiere hacer creer. Los absorbió muy bien. La estacionalidad lo favorece. La desconfianza también. El «pico» de optimismo se registró en diciembre, no en febrero, cuando las cotizaciones hicieron cumbre. Al aflorar el alud de malas noticias, ya estaba en franco repliegue. Eso amortigua. Y piense que los flujos minoristas, lejos de volcarse hacia Wall Street, fueron de salida persistente hasta mediados de diciembre.
P.: Por 33 semanas seguidas los fondos comunes de acciones que invierten en el mercado estadounidense experimentaron cancelaciones netas de recursos.
G.G.: Los golpes fueron duros, pero, como ve, no se recibieron plenos. La fuerte caída de las tasas de interés sirvió como una vaselina oportuna. Saber que la Fed no pierde la calma en el entrevero, que tiene una visión que no se nubla con la minucia del día a día, si el crudo vale cinco dólares más o cinco dólares menos, es un anclaje muy útil. Si la Fed hubiese reaccionado como el BCE, le habría puesto una lápida a todas las aspiraciones.
P.: Los golpes fueron duros. Yo diría, son duros. En tiempo presente. No han cesado. Es un castigo pertinaz.
G.G.: No pondría todos los males en la misma Bolsa. Mire, anoche la acción de Tepco cayó el 14%...
P.: Es la compañía que opera la central nuclear de Fukushima.
G.G.: Correcto. Basta echarle un vistazo a la cotización para darse cuenta de que todavía hay problemas con los reactores. Pero ya no impactan sobre las Bolsas. El Nikkei apenas cayó el 0,15%. Las otras plazas no le prestan atención. Dentro de algún tiempo, la recuperación de Japón será la noticia. Y jugará a favor.
P.: En esencia, ese problema se «arregló», aunque torture a los afectados, aunque lleve tiempo reparar la dislocación del sistema productivo en Japón.
G.G.: Y fuera de Japón también. La industria automotriz de EE.UU. está muy afectada por el faltante de piezas.
P.: Pero desde el punto de vista de las Bolsas ya está superado.
G.G.: Así es. Los otros problemas de arrastre son de diferente naturaleza. La crisis europea, la primavera política árabe y su correlato de turbulencias son trastornos tenaces, persistentes. Un par de mochilas pesadas que llevar al hombro.
P.: Hoy por hoy, no frenan la resurrección de los mercados. Fíjese que acaba de caer el Gobierno de Portugal y nadie se da por enterado.
G.G.: Seguro. Pero la procesión va por dentro. La corrosión avanza. Los materiales se fatigan. Y, tarde o temprano, pasan factura. No será en marzo. Perfecto. ¿Será en mayo? Recuerde cómo se salió de cauce el año pasado la crisis europea y la zozobra que produjo. Avisó en febrero, se la pudo administrar malamente sin que perturbara a los mercados, hasta que explotó en mayo.
P.: Hizo falta una gran torpeza en el manejo del rescate de Grecia para que se desatara el pandemónium.
G.G.: Torpeza no va a faltar. La oferta europea es muy elástica. Portugal es un botón de muestra. Se suponía que hoy Europa iba a desplegar su flamante mecanismo de estabilización aggiornado. No la caída de un primer ministro.
P.: Lo que se anunció -el aumento de los fondos de rescate- finalmente quedó suspendido para mejor oportunidad.
G.G.: Para junio. Hubo un cortocircuito con la premier alemana, Angela Merkel, y se volvió a foja cero. En vez de asistir a un megaespectáculo de integración, lo que se proyectó fue el rechazo parlamentario al paquete de ajustes que el Gobierno portugués había conciliado con sus pares de la eurozona, la renuncia obligada del primer ministro José Sócrates y un llamado a elecciones anticipadas.
P.: Lo increíble es que la novedad no haya estremecido a nadie. La firmeza del euro sugeriría que este percance es una nimiedad, que será salvado al mero costo de una tardanza.
G.G.: La situación es delicada. El plan europeo no funciona, hace agua a raudales. Hay una impasse con Portugal. Pero también con Irlanda. Si los mercados no corcovean, es por razones de moral hazard, paradójicamente lo que el ajuste fiscal en Europa quería combatir. Portugal no se caerá, aunque se resista a la austeridad que le piden sus socios de la región. En el peor de los casos será otro paciente más en terapia intensiva. Con vida pero desahuciado, sin una estrategia clara de cómo retornar a una vida de normalidad.
P.: ¿Será Europa la que le ponga el cascabel al rally y lo obligue a una retirada?
G.G.: Le diría que lo más fácil es que sea el petróleo el que asuma esa responsabilidad. Simplemente, quitándole piernas a la recuperación.


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