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Diálogos en Wall Street
La Fed, vía Ben Bernanke, pasó en limpio su estrategia de política monetaria. Y alabó el éxito del relajamiento cuantitativo en su fase de refuerzo, el controvertido QE2. El economista que contesta como Gordon Gekko, el personaje que encarna Michael Douglas en las películas de Wall Street de Oliver Stone, tiene mucho que añadir al respecto.
Gordon Gekko: No hubo sorpresas, no dijo nada que no supiéramos. Pero fue muy útil porque pasó en limpio el mensaje oficial. Actualizado. Punto uno: las compras de bonos del Tesoro se mantendrán hasta fines de junio, en los montos planeados.
P.: El llamado QE2 se cumplirá tal cual lo prometido. Pero no habrá una extensión.
G.G.: Está clarísimo. No hay un QE3 en carpeta.
P.: El QE2, dicho sea de paso, fue un éxito. En la opinión de Bernanke, al menos.
G.G.: No tengo grandes objeciones a esa afirmación. Los objetivos que buscaba los consiguió. Ya no se habla de doble recesión («double dip»). Ya no se teme la deflación de precios. En agosto del año pasado era otro el cantar. Y si no se hubiese hecho nada, no me quiero imaginar.
P.: Es el terreno siempre brumoso de la historia contrafáctica.
G.G.: No requiere internarse mucho en el campo de la especulación. Mire que le pasamos raspando.
P.: Quizás el éxito ha sido demasiado. No se habla ya de la deflación, pero sí preocupa la inflación.
G.G.: Transitamos un camino de cornisa. Estrecho. Si uno derrapa hacia un costado, por fuerza debe virar hacia el otro.
P.: Y no pasarse.
G.G.: Creo que no estamos mal. Me refiero, claro está, a los EE.UU. Y la Fed piensa lo mismo. De ahí que no aborte el programa antes de tiempo.
P.: El QE2 quizás haya sido un estímulo excesivo para las economías emergentes. O para las materias primas.
G.G.: No se trata de un pincel de cerda fina. Todo lo contrario: se usó la brocha gorda. ¿Qué interés puede tener la Fed en estimular el precio del petróleo, si EE.UU. es un fuerte importador neto? Es un derrame no deseado, que se acentuó con los problemas políticos del mundo árabe. A la Fed le hubiera interesado alentar, en cambio, los precios de los inmuebles. Darle aire a la burbuja que estalló, evitar ahora la sobrerreacción negativa, y no inflar otras efervescencias que, para colmo, redistribuyen ingresos a favor de terceros.
P.: Entiendo. Pero no salió exactamente así.
G.G.: Nadie lo niega. Es una limitación importante del instrumental. Que también rige para la política monetaria de la estirpe más convencional. Si usted baja las tasas de interés, puede incentivar el gasto. Lo que no puede asegurar es que se va a dirigir al detalle hacia el tipo de actividades de su preferencia.
P.: ¿Cómo entra en la evaluación el impacto del QE2 en las economías emergentes? Se podría alegar que la liquidez internacional, la que provee el emisor de la moneda de reserva, es un caudal exagerado.
G.G.: Para la Fed ésa es una preocupación de segundo orden. Para un banquero central de una economía emergente, es el aspecto prioritario. Si se hubiera calibrado a su gusto, entonces hubiese resultado insuficiente para los EE.UU. Que fue lo que sucedió con el QE1. Zafar del peligro de la doble recesión en los EE.UU. exigió más esfuerzo. Las economías emergentes no lo necesitaban...
P.: Y la Fed hace política monetaria estrictamente para los EE.UU.
G.G.: Es verdad. Aunque tampoco ignora que el sistema monetario internacional gira alrededor del dólar. Y los efectos en el extranjero también impactan fronteras adentro. Haga memoria: se acordará de que a mediados del año pasado el debate estímulo versus austeridad estaba en pleno auge.
P.: En la reunión presidencial de Toronto (del G-20) el rumbo se había torcido a favor de la austeridad.
G.G.: Mi impresión es que la intervención de la Fed impuso el estímulo de prepo. A gran escala. Dentro y fuera de los EE.UU.
P.: A través de la debilidad del dólar, que fue una consecuencia lógica, directa, del QE2.
G.G.: Hubo países que se resistieron. Intervinieron para evitar la apreciación de su moneda contra el dólar.
P.: Allí se acuñó la famosa frase del ministro brasileño de Finanzas: «la guerra cambiaria».
G.G.: Tal cual. Pero el estímulo se filtró igual. Y en la medida que treparon las presiones inflacionarias internas, hubo que admitir, por lo menos, cierto margen de apreciación nominal. Mire China, mire Brasil y la mayoría de los emergentes. En ese sentido, EE.UU. se salió con la suya.
P.: La novedad que sí aportó Bernanke es un ajuste de las proyecciones económicas de la Fed. Bajó la previsión de crecimiento y subió la de inflación para lo que resta del año. ¿Cómo influye en el panorama inmediato?
G.G.: La Bolsa no acusó recibo. Ergo: ya lo sabía. No me refiero a los números que maneja la Fed, pero sí al desvío de la economía con respecto al curso más vigoroso que prometía a comienzos de año.
P.: No es una revisión dramática. Pero si se piensa que se produjo con el QE2 en plena vigencia, ¿no inyectará el virus de la duda para más adelante, cuando el relajamiento monetario se cancele?
G.G.: El mejor escenario no se dio. Era el que se preveía a fines del año pasado. La economía lanzada a un ritmo de crecimiento del 4% en este trimestre.
P.: En vez del magro 1,8% que se acaba de publicar.
G.G.: Quizás hubiera permitido cortar el QE2 antes de tiempo, como una manera de subrayar la fortaleza autónoma de la recuperación. No pudo ser.
P.: ¿Las razones?
G.G.: Ya las hemos mencionado. Clima adverso, petróleo, Japón. Una parte de la suba del petróleo puede anotarla como un subproducto del propio QE2. Pero la producción libia se redujo en un millón de barriles diarios por motivos ajenos a la Fed. El clima adverso no tiene por qué repetirse. Y lo mismo vale decir del tsunami. Es más: Japón va a jugar a favor en la segunda mitad del año. La incógnita obvia es el petróleo. Por dar un ejemplo: si la matanza que estamos viendo en Siria ocurriese en Bahréin, mucho más oscuro sería el panorama.


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