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Diálogos en Wall Street
Periodista: Arranca la temporada de balances, y la pulseada -día a día- sigue siendo EE.UU. versus Europa. Las buenas noticias de EE.UU. versus los dolores de cabeza que vienen de Europa. ¿Podrán los balances empresarios terminar de zanjar la disputa?
Gordon Gekko: No. Éste va a ser el trimestre más pobre desde que las compañías del S&P500 lograron retomar la senda de ganancias. No les pediría mucho.
P.: Todavía no vio la luz el balance de Alcoa y el papel ya está un 2,4% arriba. Se ve que hay quien está dispuesto a apostar a favor. Dice el refrán que cómo le va a Alcoa, le va después al resto de los papeles.
G.G.: Esperemos que les vaya mejor en sus negocios específicos. Alcoa ganó 21 centavos un año atrás y si ahora araña los dos centavos batiría las expectativas de todos.
P.: Entiendo. No hay que aguardar demasiado de este frente.
G.G.: Estamos vacunados contra una decepción importante. Eso es lo positivo: quizás se exageró y la sorpresa posterior nos permita trepar. De la misma manera que se exageró, en su momento, con el pronóstico de recesión en EE.UU. Y luego no se concretó. Se proyecta un crecimiento de las utilidades por acción apenas por encima del 6% interanual. No hace mucho tiempo era de dos dígitos. Si la cifra definitiva se arrima al 8%/9% obrará como un impulso. El cuarto trimestre soportó mucho viento de frente, no ha sido sencillo.
P.: La suba del dólar en los mercados de divisas no debe ayudar en la exposición de los resultados internacionales. El euro pasó de 1,40 a cerrar diciembre en 1,30.
G.G.: Es verdad. Antes el dólar débil los infló, ahora su fortaleza los descrema. Pero no se engañe: no es sólo el cambio de cotización, hubo un freno importante en el comercio y la actividad fuera de los EE.UU.
P.: ¿Cree que la Fed podría terciar de nuevo? La expectativa de un QE3 siempre revolotea. Y no han sido pocos los oradores dentro del banco central que han considerado la posibilidad de reanudar el estímulo.
G.G.: Nada es casual. Ya debería estar claro que la comunicación es un arma. Y, cuando las tasas están en cero, es quizás la más poderosa.
P.: ¿Piensa que la Fed nos mandó un mensaje? ¿Que cuando hablan tres o cuatro gobernadores o presidentes de distrito y mentan un mismo tema allí hay un mensaje solapado?
G.G.: Es imposible corroborarlo de manera fehaciente. Pero cuando tres funcionarios -una gobernadora y los presidentes de la Fed de Boston y de Nueva York- coinciden en remarcar el peso muerto que todavía supone la crisis de la vivienda conviene tomar nota.
P.: Eso hice. Eric Rosengren, de la Fed de Boston, señaló que una de las maneras de masajear la recuperación de la vivienda era a través de las compras de activos hipotecarios por parte del banco central. ¿Es un guiño al lanzamiento del QE3?
G.G.: Sólo personal. Y recuerde que Rosengren recién entrará el año que viene en la rotación de los presidentes que votan en el comité de mercado abierto.
P.: El QE3 está verde todavía.
G.G.: Lo que se activó es
el debate. Y la discusión en el seno de la Fed es condición necesaria para que avance la iniciativa.
P.: ¿Cree que hay oposición?
G.G.: Creo que hay más de un punto de vista. Lo habrá escuchado a James Bullard, titular de la Fed de Saint Louis, quien consideró que no hace falta innovar.
P.: Bullard, en su momento, fue un propulsor del QE2. Cuando arreciaban las críticas.
G.G.: Es una mente abierta. No se rige por un dogma. Simplemente considera que los últimos datos de la economía estadounidense -incluyendo el informe de empleo de diciembre- anticipan un repunte saludable. Para Bullard no hay necesidad de intervenir. Pero tampoco es la única voz que se sumó al coro. Hablaron otros. Lockhart, Williams.
P.: Ese desfile de opiniones es el debate que usted menciona. Lástima que falte la voz del que corta el bacalao, de Ben Bernanke.
G.G.: Es que no hay urgencias por tocar nada.
P.: No hay apuro, pero la recuperación económica no marcha a satisfacción.
G.G.: Desde ya. El punto es qué puede hacer la Fed para mejorar la transición. Lockhart, de la Fed de Atlanta, lo expresó bien: «No es momento para encerrarse en una posición rígida». La Fed no está cómoda con la situación del mercado de la vivienda. Pero las mejores políticas -ya lo dijo Bernanke en el último cónclave de Jackson Hole- están fuera de su radio de acción. La Fed tiene un mandato específico de propender al pleno empleo. Ahí también existe una brecha incómoda. Y como las presiones inflacionarias están en descenso (y el dólar en alza), es lógico que se retome la discusión. Ahora se amplió el margen de maniobra.
P.: Cabe citar también la incertidumbre tenaz que insufla Europa.
G.G.: Seguro. Por eso no está de más instalar -de paso- la percepción de que la Fed no se durmió al volante. Sigue explorando riesgos y alternativas de acción.
P.: Comenzamos con las expectativas por Alcoa. Cerramos con el balance de Alcoa recién anunciado. Hubo una pérdida de 18 centavos en el trimestre y neta de «elementos especiales» de 3 centavos. ¿Mal presagio?
G.G.: Hay que hurgar más profundo. Pero algo que resalta a simple vista es que el aumento de ingresos superó lo esperado. El precio del aluminio cayó, pero los despachos físicos treparon el 5%. Creo que eso no estaba en los cálculos. Y leo también que la compañía expresó una orientación positiva sobre la demanda global en 2012.
P.: ¿Alcanzará para salvar la ropa? No me preocupa Alcoa, sino el resto de los papeles.
G.G.: Qué mejor examen para testear la fortaleza de estómago de los inversores. No habrá otro balance importante hasta que el viernes JPMorgan difunda el suyo. No me sorprendería, pero no puedo fundamentarlo, que prevalezca una lectura favorable. Simplemente el cuarto trimestre ya pasó, lo que vale es la visión hacia adelante. Y si usted le cree a Alcoa, pareciera que es más robusta que lo que se pensaba.


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