26 de enero 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La Fed movió el tablero con un nuevo anuncio sobre el horizonte de quietud que vislumbra para las tasas cortas de interés. Ahora cree que se mantendrá hasta fines de 2014. En la entrevista con Gordon Gekko, el alias de un afamado analista de mercados, se detallan las razones detrás del mensaje oficial.

Periodista: Desde noviembre a la fecha, todo el protagonismo de la banca central estuvo en manos del BCE. La actividad de la Fed había pasado a un segundo plano.

Gordon Gekko:
Es natural. El BCE iba a contramano de la crisis. Tuvo que doblar en U, revertir una insólita suba de tasas de interés y lanzarle el salvavidas de la liquidez a destajo a la banca (y los gobiernos) de Europa.

P.: Todo este tiempo nos olvidamos de la Fed.

G.G.:
Le tomo examen: ¿alguien recuerda la operación «twist»? ¿Sabe que está en vigencia?

P.: Creo que nadie. Ha sido muy poco relevante.

G.G.:
Es que la Fed hizo los deberes a tiempo. Lo básico -como quitar a los bancos de la zona de zozobra- lo atacó en 2008-2009 y ya lo resolvió hace más de dos años.

P.: Con la ayuda del Tesoro y del plan Tarp.

G.G.:
Como fuera. Usted mira la hoja de balance del BCE, y ve que el Banco Central le presta al sistema financiero, hoy en día, más de 830 mil millones de euros. Es una operación de carácter -y envergadura- extraordinaria. Toma las cifras de la Fed y sólo encuentra 6 millones de dólares en redescuentos. Es como si viviera en otro mundo. Es natural, le decía, que estemos más enfocados en los pasos que da el BCE. Es el que perdió la brújula.

P.: De acuerdo. Pero la Fed se da maña para hacerse notar. Hoy (por ayer) ha vuelto a producir otro golpe de efecto. Y si uno se pregunta cuál es la medida concreta que utilizó -anunciar que, a su juicio, las tasas de interés no van a modificarse hasta fines de 2014- lo que sorprende es la capacidad de torcer visiblemente el rumbo de Wall Street, en el acto, apelando a una promesa tan distante.

G.G.:
Eso es conocer las artes del oficio en profundidad.

P.: Indudablemente. Y también gozar de credibilidad.

G.G.:
Vuelva a comparar con el BCE. Cuando anunció los pases a tres años; o sea, una asistencia ilimitada a la banca europea, y con la primera subasta que se iba a realizar en dos semanas, ¿cuánta gente creyó que sería una solución eficaz?

P.: No había mucha más gente que usted. Y quizás Sarkozy, que era parte interesada.

G.G.:
Fíjese que el arma más potente que hoy tiene la Fed en su arsenal es la comunicación.

P.: Agotó la munición convencional.

G.G.:
Hace tiempo. La herramienta que le sirvió impecablemente durante 25 años -ajustar las tasas cortas- se consumió hace más de tres años. Y las políticas no convencionales entraron ya en la zona de los rendimientos decrecientes en el margen. No está claro, por citar un ejemplo, que la operación «twist» haya servido de mucho. En esta condiciones, el uso de la palabra aventaja a la acción.

P.: Es este póker de anuncios lo que parece funcionar mejor. Es un bálsamo, quizás hasta un placebo, pero aliviar, alivia y da confianza.

G.G.:
Y a diferencia de la expansión cuantitativa -como lo fue el QE2- es difícil pensar que genere efectos colaterales que pudieran resultar, a la postre, muy dañinos.

P.: Es más fácil de desmontar.

G.G.:
Seguro. Sin que sea sencillo. Pero cuando corresponda, será menos traumático relativizar una promesa que desarmar una cartera de bonos largos.

P.: Pasamos de un horizonte de calma chicha en las tasas cortas desde mediados de 2013 a uno nuevo, que se extendería hasta fines de 2014. Pero recién despunta 2012. ¿Es tan importante?

G.G.:
El mensaje -que se profundiza- es que no hay moros en la costa. No existen intenciones de subir las tasas hasta donde llega la vista. En esta flamante modalidad de difundir los pronósticos individuales de gobernadores y presidentes de distritos de la Fed, once de los diecisiete funcionarios, no creen que vaya a haber alteraciones hasta por lo menos 2015. Hay, inclusive, dos personeros que no lo juzgan apropiado sino recién en 2016.

P.: Esta apreciación pudiera cambiar.

G.G.:
Lógico. Como ya lo hizo. En un sentido u otro.

P.: La Fed no asume un compromiso formal. No vierte una promesa.

G.G.:
Para nada. Si el mundo se arreglase hoy, por completo y sin sospecha ni duda, las tasas podrían subir mañana. Si la Fed baraja que no habrá modificaciones hasta fines de 2014, lo que le está diciendo es que no cree tampoco en una recuperación que se torne vibrante. Ve una larga convalecencia por delante.

P.: Con pocos signos vitales.

G.G.:
La Fed recortó levemente las estimaciones de crecimiento para este año y el próximo. Nada espectacular: considera un rango entre el 2,2% y el 2,7% en 2012 y del 2,8% al 3,2% en 2013.

P.: Pero, a la par, sin dolores de cabeza en el frente de la inflación.

G.G.:
La estimación de la inflación minorista tiene un «techo» del 2%.

P.: ¿Leí mal, o la Fed estrenó hoy (por ayer) un modelo de «inflation targeting»? Digamos que blanqueó, por primera vez, su adhesión a un modelo de metas de inflación.

G.G.:
No exactamente. Pero lo que sí definió por primera vez, y de manera taxativa, fue su objetivo de inflación de largo plazo.

P.: Y dijo que era una inflación minorista del 2% anual.

G.G.:
Correcto. El índice que prefiere la Fed, en rigor, no es el de los precios minoristas, sino el deflactor del gasto de consumo. No es lo mismo, pero se le arrima bastante.

P.: Lo que tomó como objetivo fue la medición general, no la versión núcleo. Incluye las variaciones de los componentes volátiles como la energía y los alimentos. ¿Hay otro cambio fundamental allí?

G.G.:
No. Siempre fue así. Otra cosa es pensar que, si usted depura esos componentes en el análisis de corto plazo, va a tener una mejor perspectiva de la tendencia, del comportamiento del índice general que si no lo hace. Pero la inflación que quiere estabilizar la Fed claramente incluye los precios de todos los bienes y servicios.

P.: Si esto no es un esquema de metas de inflación, ¿qué es?

G.G.:
La Fed tiene un mandato dual que cumplir y no ha renunciado al mismo. La Fed tiene una meta de inflación y otra de pleno empleo. Como la tasa de inflación de largo plazo está determinada principalmente por la política monetaria, la Fed especificó un nivel objetivo. No ocurre lo mismo con el nivel de empleo. Pero queda claro que su papel es central para la toma de decisiones de la Fed. No es sólo la inflación lo que le quita el sueño. Y no es únicamente controlando la inflación como piensa que resolverá su objetivo de pleno empleo.

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