7 de marzo 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Es el primer sofocón serio de 2012. Y no puede alegarse sorpresa. Se conocían los planes de Grecia, y las fechas del canje de su deuda. Pero recién ayer «cayó la ficha» de un posible default, ya anticipada en otras conversaciones con Gordon Gekko, el alias de un experto en las finanzas internacionales. ¿Se cancela el rally de los activos de riesgo? ¿Qué nos deparará la reestructuración, amén de un probable impago y la activación de los CDS?

Periodista: Finalmente, a los mercados les cayó la ficha. La suerte de Grecia -los interrogantes sobre cómo se resolverá el canje de deuda- obliga a pisar el freno y ajustarse los cinturones.

Gordon Gekko:
Es lógico. Estamos en el filo de una definición.

P.: Y el default del soberano es una derivación probable.

G.G.:
No me lo va a contar a mí.

P.: Sin embargo, los mercados parecen haberlo comprendido recién ahora. Esta reacción de temor es novedosa. Es la primera grieta profunda en el ánimo colectivo desde que comenzó el año.

G.G.:
En el fondo se confía en que Europa sabrá manejar la situación.

P.: La experiencia indica que -cuando se aproxima una curva cerrada, con las autoridades europeas al volante- lo mejor es ponerse el casco.

G.G.:
Es lo que los mercados están haciendo. No huyen despavoridos. No desmontan el rally. Van a tomar la curva sabiendo que habrá algún tumbo, pero, lo que digo es que confían en que se podrá enderezar la dirección y continuar la marcha.

P.: ¿Cómo lo sabe?

G.G.:
Repase las cotizaciones de los activos de riesgo. Recuerde sus valores a comienzos de diciembre -la de los instrumentos más expuestos a los coletazos que generaría un accidente en Atenas, como los bonos públicos de España e Italia- y verá que se mantiene la parte del león de los avances. Aun estando en la antesala de un impago en Grecia.

P.: La asociación que representa a la banca internacional -el Instituto Internacional de Finanzas- planteó un escenario calamitoso en caso de que Grecia se dirija a un default descontrolado. No es lo común que la banca -que tiene tanto en juego- agite las aguas que puedan hundirla. ¿Cómo se entiende?

G.G.:
Esto es una partida de póquer. Hay que influir en los demás. Los bancos necesitan que el canje registre la mayor participación posible.

P.: Asustar es una manera de aumentar la aprobación del canje.

G.G.:
No hay nada mejor a mano.

P.: El ministro griego de Finanzas, Evangelos Venizelos, apeló al mismo recurso.

G.G.:
Es obvio. El éxito de la iniciativa será proporcional al espanto.

P.: También a la falta de alternativas. Como no sea vender (malvender) la posición.

G.G.:
Habrá entonces quien compre a bajos precios con la idea de presentarse al canje y hacer una rápida diferencia.

P.: Siempre y cuando el canje se perfeccione.

G.G.:
Seguro. Aunque es difícil pensar que no se alcance el umbral mínimo de participación.

P.: Ahí entraríamos efectivamente en una situación de default fuera de control.

G.G.:
De acuerdo. Pero ésta es una partida de póquer con los naipes marcados. Cuesta pensar que Europa se lanzó a la aventura sin asegurarse de antemano el colchón de aceptación. Pasaron ya varios meses de preparativos. Existe además una masa crítica -las posiciones de los jugadores institucionales sujetos a férrea regulación estatal, dentro y fuera de Grecia- que sí o sí está comprometida con la operación. Las dudas debieran anidar en el margen: si se obtendrán unos puntos más o menos de lo que se tiene en mente.

P.: Si estima que el canje no fracasará, que será realizado, ¿por qué piensa que igualmente habrá un impago?

G.G.:
Porque no se obtendrá una adhesión que raye el 100%.

P.: El que no se presente no cobrará.

G.G.:
Tal cual. «No hay fondos previstos para atender las obligaciones con los acreedores privados que no concurran al canje». Lo acaba de señalar la agencia griega que administra los servicios del endeudamiento público.

P.: Ésa es otra amenaza de Venizelos.

G.G.:
Claro que sí. Pero, a la par, es enteramente creíble. Aun con un canje «exitoso», aun obteniendo el vía libre completo para el segundo paquete del rescate internacional, Grecia contará las monedas una por una. Su situación no dejará de ser azarosa.

P.: Ya hay quien habla de que será necesario habilitar un tercer paquete de ayuda oficial.

G.G.:
No será para pagarles a los privados que eludieron la reestructuración. Eso téngalo por seguro.

P.: ¿Cómo imagina el día después del canje? ¿Quiénes sentirán más el impacto?

G.G.:
Recuerde que los tenedores de bonos emitidos bajo legislación extranjera gozan de un lapso mayor -hasta el 11 de abril- para cerrar la transacción. Y el vencimiento importante de deuda que puede oficiar de gatillo al impago se producirá recién el próximo 20. No tiene que producirse un corte drástico este viernes. Ni tampoco la declaración de default que involucre a los CDS.

P.: Pero está claro que la operación marcará un antes y un después.

G.G.:
Sí. Portugal es el que sigue en la lista. La suya es la única deuda que no pudo sustraerse al día a día de los avatares griegos. No debería ser muy arduo estabilizar ese frente. Portugal cumple el programa acordado. No enfrenta vencimientos de deuda de magnitud. No exhibe ni siquiera una gran ebullición social o política (mucho menos que España). Y en última instancia es una carta que puede sacrificarse. Lo que Europa sí o sí debe lograr es aislar a España e Italia (y a los bancos de la región) de toda perturbación grave. Evitar que se retome la dinámica de contagio.

P.: ¿Lo ve posible?

G.G.:
Sí. Lo sensato era tener los fondos de rescate (como mínimo el Fondo de Estabilidad Financiera) lo suficientemente aceitados como para poder darle una rápida respuesta a cualquier contratiempo que se presente. No será así. A cambio se ha abarrotado de liquidez a los bancos y se les ha permitido a los países bajo escrutinio que -sacando tajada de las condiciones favorables de los mercados- anticipen la ejecución de sus programas de financiamiento. Esperemos que alcance para no sudar la gota gorda.

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