12 de junio 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Debut y despedida? El entusiasmo por el rescate bancario a España no duró una rueda completa. La solución que podía funcionar no pasa el veto de Merkel. La que Alemania impone acelera la crisis. ¿Cómo continúa esta película? Gordon Gekko, nuestro hombre camuflado en los mercados internacionales, arriesga su opinión.

Periodista: Mal debut para el rescate a la banca española.

Gordon Gekko:
El optimismo se facturó por anticipado. La semana previa.

P.: Expectativas demasiado altas, ¿o me equivoco?

G.G.:
Como nunca antes existía una idea muy clara de cómo había que atacar el problema. Con mucho respaldo político atrás. Y la intervención de Barack Obama, el presidente de EE.UU., pareció talonear la voluntad de darle un corte de cuajo a la crisis.

P.: No es así.

G.G.:
Fue una pulseada de Angela Merkel, la canciller alemana, contra el resto del mundo, contra los de dentro y fuera de Europa.

P.: Merkel prevaleció.

G.G.:
No hay dudas. Se hizo lo que ella quiso. En lo importante, no se apartó un milímetro de su postura.

P.: Por lo menos se apaciguará la corrida bancaria en España.

G.G.:
No necesariamente. La crisis bancaria obliga a España a endeudarse para tomar un paquete de asistencia equivalente a 10 puntos del PBI. El problema de los bancos es ahora también un problema de Hacienda. Y si la deuda española sufre, los bancos no podrán desligarse.

P.: Había que cortar ese nudo.

G.G.:
De ahí la insistencia en la recapitalización directa por parte del muro cortafuegos. El mismo esquema que se anunció, sin tocarle una coma, funcionaría de maravillas si estuviese en cabeza de los propios fondos europeos de estabilización -llámese FEEF o el futuro MEDE- en vez de constituir un pasivo adicional de España.

P.: Pero Merkel no dio el brazo a torcer.

G.G.:
Piénselo como un juego de dominó. La idea de la recapitalización directa era retirar de la mesa la ficha de la crisis bancaria y así cortar la cadena de shocks. Ahora esa pieza cayó sobre los hombros de España, que ya la tenía difícil de por sí, dada la doble recesión, el desempleo masivo y la resaca de la crisis inmobiliaria.

P.: No suena alentador. Y Merkel no va a dar marcha atrás con la decisión. ¿Hay alguna otra manera de recomponer el escenario?

G.G.:
Conocido el arreglo, desechada la alternativa de la inyección directa de capital, el interrogante era la postura que asumiría el BCE.

P.: ¿O sea?

G.G.:
Podía salir a comprar deuda española en los mercados secundarios. Y así marcar precios.

P.: Se refiere al programa SMP.

G.G.:
Tal cual.

P.: Hace trece semanas que el BCE no interviene en operaciones de recompra. ¿Pensó que podía involucrarse de nuevo?

G.G.:
Si se quiere cortar la dinámica de contagio, es la otra alternativa disponible.

P.: No parece que el BCE se haya dado por aludido.

G.G.:
No parece.

P.: ¿No se sabe?

G.G.:
Rumores siempre hay. Cuando las tasas españolas e italianas hoy (por ayer) establecieron un pico, fue fugaz y se revirtió luego bruscamente. Eso siembra la sospecha. Recién se sabrá, de manera fehaciente, el lunes próximo.

P.: En todo caso, la injerencia del BCE habrá sido mínima. No evitó que reviviera la sensación de vulnerabilidad.

G.G.:
Correcto. Si lo que se quiere es domar el potro de la crisis, la intervención puede ser pequeña, pero debe resultar contundente. Y eso no existió.

P.: ¿Cómo sigue la película si tampoco el BCE se hace cargo?

G.G.:
España tendrá que demostrar que se puede financiar.

P.: No es un examen sencillo.

G.G.:
No en estas condiciones. El ministro Cristóbal Montoro, la semana pasada, reconoció que se le cerraban las oportunidades.

P.: Aunque luego pudo colocar lo que tenía planeado.

G.G.:
España adelantó la ejecución de su programa financiero. Puede dosificar las próximas emisiones. Pero no se puede sostener a la cuarta economía europea alimentándola con cuentagotas. El «momentum» de la corrida lo tumbará pronto.

P.: Las tasas todavía están por debajo de las que tuvo que oblar a principios de diciembre.

G.G.:
En efecto. Pero si se zafó entonces, fue porque el BCE intervino con las subastas de pases a tres años. España por sí sola había perdido el margen de maniobra independiente. Y hoy enfrenta la misma encrucijada. Lo que supone, objetivamente, estar peor.

P.: Si los mercados no quieren deuda española, ¿qué camino queda?

G.G.:
La puerta abierta que deja Merkel es la del rescate convencional. Hay que entender que si había una salida y se la bloqueó, lo que en el fondo a Merkel le interesa es que España pase por allí. Mal que le pese a Rajoy.

P.: Algo que podría suceder en tiempos brevísimos.

G.G.:
Qué duda cabe.

P.: ¿Tendrá espaldas Europa para atender a España a pleno?

G.G.:
Y España no vendrá sola. ¿Cómo hará Italia para detener la rodada?

P.: ¿Otra vez la tormenta perfecta?

G.G.:
Estamos en manos de Merkel.

P.: Recuerdo cuando usted abogaba, el año pasado, por alguien que le quitase la navaja. Nadie se atrevió.

G.G.:
Hubo intentos. Pero nadie pudo.

P.: ¿Cómo se zafa de esta encerrona?

G.G.:
¿Cuánto rinden los bonos alemanes?

P.: Nada. Son el refugio de los aterrados.

G.G.:
Ésa debe ser la idea de Merkel. Los eurobonos. Pero no ahora, sino al final del túnel. De momento, los está volteando a sus socios, uno por uno. Ya lo dijimos: su prioridad es reconstruir un férreo control político.

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