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Diálogos en Wall Street
Se acerca la conferencia de Jackson Hole y todas las miradas se dirigen hacia Ben Bernanke, la figura clave de la Fed. Con Gordon Gekko, el experto de consulta obligada en temas internacionales, pasamos revista a las últimas noticias de la economía de EE.UU. ¿Cuál será la postura que asuma el banco central en su reunión de septiembre?
Gordon Gekko: Ésas son las preguntas correctas.
P.: ¿Y las respuestas?
G.G.: No me pregunte a mí teniéndolo a Bernanke listo para hablar.
P.: ¿Usted cambió de postura o sigue pensando que Bernanke no querrá actuar para no provocar la iracundia de los republicanos?
G.G.: En mi opinión, la elección obliga a no hacer olas. Y eso creeré salvo que Bernanke diga lo contrario. Él define, no yo.
P.: La Fed no está cómoda. La recuperación es débil, quebradiza, y, sobre todo, no produce los empleos que se necesitan para abatir rápido la tasa de desocupación. La última reunión del banco central culminó el 1 de agosto. ¿Piensa que, desde entonces, el cuadro económico cambió de manera «sustancial y sostenida»?.
G.G.: Está claro que no.
P.: Si uno toma las minutas al pie de la letra, debería esperar que la Fed proceda.
G.G.: La economía luce mejor. Pero no se trata de un giro copernicano. El dato más esperado -la foto del mercado laboral de agosto- no estará disponible cuando Bernanke tome el micrófono (mañana) en Jackson Hole, sino una semana después. Si el informe de empleo confirma el repunte que se observó en julio -y más si lo supera-, ahí podría decirse que la recomposición -con respecto al segundo trimestre- es importante.
P.: ¿Y también «sustancial y sostenida»?
G.G.: ¿Sustancial? No sé si tanto. Pero se le podría abrir una carta de crédito. ¿Sostenida? Una golondrina no hace el verano. Dos, tampoco. Pensar que con dos datos robustos, bien alineados, uno podrá sostener toda una temporada estival sería una extravagancia. No son observaciones suficientes, no se ha tenido el tiempo necesario siquiera para obtenerlas.
P.: Bernanke podría usar la inminencia del informe laboral como una excusa para no pronunciarse de forma contundente, para mantener viva la ilusión, pero no comprometerse y tirar la pelota hacia adelante.
G.G.: No me sorprendería. ¿No es, acaso, la intención detrás de las minutas? Se instaló una expectativa fuerte, pero no hubo acción concreta. No es descabellado pensar que se quiera mantener ese balance.
P.: ¿Cómo interpreta que las Bolsas, después del mensaje favorable de las minutas, no hayan retomado la suba pujante que sí tenían cuando la Fed parecía muy alejada de querer intervenir?
G.G.: ¿Los mercados anticipan?
P.: Eso se dice.
G.G.: Bueno, entonces, lo que anticipan es moderación. Pisamos el umbral de los máximos post-Lehman. Si Bernanke le abre la puerta a la compra masiva de bonos largos, al QE3, cruzaremos ese mojón a la velocidad del rayo. Si ni siquiera Wall Street lo intentó es porque no se vislumbra esa intención. El Dow Jones no trepa, pero tampoco se hunde demasiado. Respeta los 13 mil puntos. No baja de ahí. En definitiva, el entorno es amigable. La Fed hizo un buen aporte con las minutas.
P.: Sólo que no es el momento de montar otra embestida.
G.G.: Tal cual. Pero como le dije antes, Bernanke tiene la palabra. Él puede crear las condiciones en el acto.
P.: El mercado laboral es una espina todavía atragantada. ¿Qué decir del otro gran dolor de cabeza, el mercado de bienes raíces? Allí brotan buenas noticias. Y no son dos o tres cifras aisladas.
G.G.: Es una corriente de datos sólidos, es una tendencia creíble.
P.: ¿Lo peor ya pasó?
G.G.: Si no se descarga otro shock adverso, que no se prevé, le digo que sí. Hay una recuperación en marcha. Todavía frágil, hay uno que otro registro negativo que siempre aparece, pero lo que prima es una tendencia constructiva.
P.: La Fed habrá tomado nota.
G.G.: Qué duda cabe. Acabo de leer el Beige Book y allí hay una revisión panorámica de lo que acontece en los doce distritos en los que se divide la Fed. Y el balance que surge, con sus claroscuros, es muy positivo.
P.: Los precios que miden índices como Case-Shiller registran saltos significativos. ¿Puede ser que en el segundo trimestre hayan subido el 6,9% con respecto al primero?
G.G.: El índice nacional Case Shiller, sí.
P.: La caída de precios fue furibunda. ¿La recuperación le copiará los rasgos?
G.G.: Olvídese.
P.: Quizás la Fed lo piense dos veces antes de involucrarse en el QE3 si comienza a advertir aumentos de precios de los inmuebles de ese tenor.
G.G.: No pierda de vista la perspectiva. El incremento, corregido por estacionalidad, es del 2,2%. En el último año fue del 1,2%. ¿El mercado inmobiliario se estabilizó? Seguro. Las señales favorables son bastante generalizadas. ¿Comenzó un progreso de recuperación? ¿O se trata de un amesetamiento? Es una mejoría que avanza escalón por escalón. Pero sin explosión. De las 20 áreas metropolitanas principales, sólo una aumentó sus precios a un ritmo de dos dígitos en el último año (Phoenix). El promedio arroja un incremento del 0,5%. Hay mejores ventas y precios, menos inventarios, más construcción. Todo de a poco. Y con esas condiciones más fluidas no va a tardar en aparecer la oferta que estaba agazapada, en las sombras, que no se malvendió y que falta todavía digerir.
P.: La Fed, en sus planes, ¿debe temer una reflación inmobiliaria?
G.G.: Ciertamente, no. La recuperación inmobiliaria le aporta la tranquilidad de saber que ese frente delicado, por fin, cicatriza sus heridas. No hay urgencias allí.

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