20 de septiembre 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El festival monetario añade fuegos de artificio. Ayer fue el turno del Banco de Japón. Le preguntamos a nuestro hombre en Wall Street: ¿hasta dónde llegará la movida? Y la respuesta de Gordon Gekko -tal su «nombre de guerra»- conduce a otra importante corroboración: el aumento de las expectativas de inflación. ¿Resucitarán también esos viejos fantasmas que se creían definitivamente sepultados?

Periodista: Parecía que teníamos cartón lleno, pero no. El Banco de Japón se sumó a la cruzada monetaria. Y lanzó el enésimo QE.

Gordon Gekko:
Debe ser el séptimo u octavo mojón en su derrotero particular de compra de bonos. El QE7 o QE8.

P.: ¿Presagio de que el QE3 en EE.UU. no será el último mohicano?

G.G.:
De hecho, el QE3 de la Fed es una versión «abierta», sin topes de monto, que, en principio, se mantendrá vigente hasta que se corrija la excesiva debilidad del mercado laboral.

P.: ¿Cuál será el próximo anuncio? ¿Quién más se plegará al festival de relajamiento monetario? ¿El Banco del Pueblo de China?

G.G.:
Pienso que el Banco de Inglaterra.

P.: ¿Por qué razón?

G.G.:
Porque el tema se discutió en la última reunión.

P.: Una de las respuestas a esta avalancha de medidas monetarias, quizá la más llamativa, es la suba de las expectativas de inflación. Justo cuando los bancos centrales bajan la guardia y adoptan iniciativas más audaces pensando que la inflación está muerta, ¿no estamos asistiendo a los primeros atisbos de una resurrección?

G.G.:
El problema de la política monetaria, de la convencional y de la que no lo es, estriba en que no hay manera de asegurarse de antemano que se traduzca en un mayor gasto.

P.: La gente puede tomar la mayor cantidad de dinero que recibe y guardarla en la mesa de luz. No gastarla.

G.G.:
Correcto. Que suban las expectativas de inflación, dadas las condiciones iniciales, no es un fracaso de la iniciativa, sino un acierto. Es una de las vías para lograr que aumente el gasto.

P.: Un momento, ¿me está diciendo que el nuevo enfoque de los principales bancos centrales del mundo consiste en acelerar la inflación?

G.G.:
No le digo eso porque no lo es. Y hay que distinguir lo que busca cada banco central. El BCE ni siquiera bajó las tasas cortas a cero. Todo lo que hizo, que es lo más importante en danza, apunta a corregir la desintegración financiera de la eurozona. No hay QE en ciernes.

P.: El presidente del Bundesbank mencionó anteayer que la emisión de dinero sin control conduce a la inflación.

G.G.:
El BCE se comprometió a comprar bonos, pero sin aumentar su hoja de balance. Esterilizará las transacciones. Y si lo hace, en principio, no habrá emisión. El Banco de Japón, por su parte, luce más preocupado en evitar la apreciación del yen (fruto del QE3 de la Fed) que en cualquier otro objetivo. La declaración del Tesoro nipón que está en los cables es un agradecimiento por tal gentileza.

P.: Es la Fed, entonces, la que quiere la inflación. No tiene ningún problema en tirar al dólar por un barranco y ya avisó que va a comprar bonos -sin esterilizar- hasta que el mercado laboral se recomponga. Que es lo mismo que decir que lo hará hasta que las velas no ardan.

G.G.:
La Fed es el más agresivo en el margen (por más que el Banco de Japón no quiera quedarse atrás). ¿Pretende que suba la inflación? Creo que no. ¿Quiere que suban las expectativas de inflación? Creo que sí. En buena medida, porque toda la curva de expectativas de inflación -que se deriva de observar los rendimientos de los títulos del Tesoro- se ubicaba por debajo del 1,80% desde el plazo más corto hasta los 30 años. Antes de la crisis, para que tenga una referencia, esa misma curva no registraba ningún punto por debajo del 2,6%. Que las expectativas trepen, como lo están haciendo, sobre todo en los plazos hasta cinco años, yo diría que sí es uno de los efectos buscados.

P.: ¿No se corre el riesgo de despertar los viejos fantasmas, de abrir una caja de Pandora y luego no poder cerrarla?

G.G.:
Pienso que no.

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