7 de enero 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

De temer el fin del mundo, y el precipicio fiscal, a temer quedarse sin acciones. El nuevo año tuvo un arranque furibundo y quisimos preguntarle a Gordon Gekko, tras acertar con el pronóstico de un acuerdo sobre el mismísimo último minuto cuando ya no había tiempo material para firmarlo, cómo ve las perspectivas de los mercados internacionales de ahora en más.

Periodista: Se pasó del precipicio fiscal a la rampa de lanzamiento; 2013 arrancó muy bien pisado. ¿Año nuevo, vida nueva?


Gordon Gekko: No. Más bien la saga continúa. Con sus pros y sus contras.

P.: Todo el mundo descontaba que habría un arreglo fiscal de último minuto, pero, aun así, cuando se verificó, la suba de los mercados fue muy potente.

G.G.: Señal de que se temía un error de cálculo, quizás poco probable, pero capaz de producir enorme daño.

P.: Ya no quedan moros en la costa.

G.G.: No hay moros, pero sí republicanos, a dos meses de marcha, dispuestos a volver en marzo para entablar otra contienda. Esta vez, por los recortes pendientes del gasto público y el techo de la deuda.

P.: Los mercados no lo ignoran. Pero subieron como si no fuese un problema.

G.G.: Hay piedra libre hasta que se arrime marzo. Y el año recién comienza.

P.: En el corto plazo no se ven obstáculos.

G.G.: El precipicio fiscal era el obstáculo. Se desplazó a marzo. Hay espacio suficiente para retomar el rally y están los ingredientes para alimentarlo. La reacción de alivio, la estacionalidad favorable (que no debería existir, pero igual talla), la poca exposición en acciones y, no se olvide, la plena vigencia del «put universal».

P.: La buena predisposición de los bancos centrales del G-7.

G.G.: No olvide a Merkel en sus oraciones. Si fuera por el FMI, estaríamos reestructurando la deuda de Chipre y quién sabe si no habrían chispazos.

P.: ¿El cielo es el límite? Ya hemos dejado atrás los máximos previos a toda la zozobra que generó la discusión por el abismo fiscal.

G.G.: Wall Street está enfrascada en el proceso de despachar dichos máximos y de instalar nuevos récords post Lehman de manera convincente. Nobleza obliga, todavía no lo ha logrado.

P.: Confiemos en que lo conseguirá, ¿hasta dónde escalaremos?

G.G.: El año 2012 cerró con un patrón que 2013, en sus primeros tramos, va a respetar. Wall Street hoy no lidera. Las Bolsas que hacen punta son las de Europa, las de Asia (mientras las europeas explotaron en todo el segundo semestre, China y Japón lo hicieron sobre el filo del año), los mercados emergentes.

P.: ¿No le ve mucho resto a Wall Street?

G.G.: Será mucho más fácil propulsar a las demás. Si en marzo vamos a hundirnos otra vez en la discusión sobre el gasto público, si vamos a repetir la telenovela de noviembre y diciembre, que es muy desgastante y, para peor, no aporta nada, no se le puede pedir a Wall Street que tome ningún protagonismo.

P.: ¿Podrán desengancharse los mercados internacionales de cuanto suceda en los EE.UU.?

G.G.: Será muy difícil para Wall Street encabezar un avance cuando arrastra tanta incertidumbre que la política no quiere o no es capaz de despejar. Pero las Bolsas mundiales no podrán ir muy lejos si los índices de Nueva York no le siguen los pasos, aunque sea a la zaga, a distancia. Ya lo vimos en la discusión reciente: todo el mundo estuvo en vilo hasta que se logró un acuerdo. Uno mira los bonos alemanes o los bonos españoles, que poco tienen que ver con la negociación en Wa-

shington, y, sin embargo, reaccionaron con mucha vehemencia (en sentidos opuestos) no bien se conoció la noticia.

P.: Wall Street no va a liderar la suba, pero tampoco puede marchar a trasmano.

G.G.: En ese caso, pienso que el avance global de los activos de riesgo tarde o temprano abortaría. No se olvide que la Europa del euro permanece sumida en una doble recesión, Japón atraviesa su enésima recaída y Gran Bretaña, acaricia una tercera. Las Bolsas pueden apostar por una recuperación en todos esos países. Pero son demasiados pájaros volando. Quiérase o no, EE.UU. es pájaro en mano. Y se necesita que convalide, con su propia vivencia, un contexto de mejoría internacional, y no que lo cuestione o ponga en duda.

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