15 de abril 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Cuántas vidas tiene el rally de las Bolsas? De los récords accionarios al mercado bear del oro. Todo bajo la lupa de Gordon Gekko, nuestro tesonero analista en Wall Street.

Periodista: Wall Street se salió con la suya. Después del pésimo informe de empleo quedó atrapado en una encerrona. Y, como usted previó, la solución fue correr hacia delante. Y así, otra vez, se quebraron los récords.

Gordon Gekko: No hay mejor resorte que el pesimismo extremo. La economía ya no empuja. La liquidez, sí. Y el aporte extra del Banco de Japón surgió en el momento justo.

P.: Leí que el optimismo de los inversores se cayó a pedazos.

G.G.:
Al nivel más bajo desde marzo de 2009, según la encuesta de inversores minoristas.

P.: Marzo de 2009 es una fecha emblemática. Fue cuando renació Wall Street de sus cenizas.

G.G.:
Es creer, o equivocarse. Mire, la media histórica de optimistas es el 39%. Y, de una semana a otra, los "bulls" pasaron del 35% a sólo el 19%. En paralelo, los bajistas, los "bears", treparon 26 puntos porcentuales y se convirtieron en amplia mayoría, el 54,5%.

P.: Es mejor estar solo, que mal (o muy) acompañado.

G.G.:
La prueba está servida sobre la mesa.

P.: Dos viernes atrás, la mala noticia fue la magra generación de empleo. Este viernes, la dosis fue doble. Retrocedieron las ventas minoristas, por segunda vez en tres meses, y se desplomó la confianza del consumidor. ¿Y cuál fue la reacción de la Bolsa? Un calco. De todo el impacto inicial adverso no quedaron rastros cuando terminó la rueda. ¿No le entran las balas a Wall Street?

G.G.:
De momento, no. Usted lo ha dicho, es como Terminator.

P.: La economía se enfrió. Los balances empresarios, y la orientación que traducen, no son gran cosa. Sin embargo, el rally continúa impertérrito.

G.G.:
En rigor, esta semana se aceleró.

P.: ¿No es una exageración? Divorciado de los fundamentos, ¿no estamos incubando ya una burbuja?

G.G.:
Es efervescencia. A la gente siempre le impresionan estas muestras de poderío. Pero, el mejor proyecto de burbuja que se gestó todos estos años, y hablo de más de una década, se acaba de desinflar peligrosamente. Con riesgo, digo, para sus sostenedores.

P.: ¿A qué se refiere?

G.G.:
Al oro. ¿O no se enteró que cavó la fosa de un mercado "bear"? Su caída, medida desde los máximos de 2011, ya sobrepasó el 20%. Para peor, el derrumbe sucede cuando la liquidez abunda y se inyecta por doquier. Es toda una concepción filosófica -la amenaza inflacionaria de los bancos centrales- la que cae arrastrada. ¿Sabe qué dice Bill Gross, el mandamás de Pimco, el principal fondo de renta fija del mundo? Que ahora le gustan los bonos del Tesoro.

P.: Recuerdo cuando se lanzó el QE2 y se preguntaba quién iba a comprar bonos cuando la Fed dejara de hacerlo.

G.G.:
Ya conoce la respuesta. No había que tocar un bono a diez años cuando rendía el 3,5%, y ahora resulta que hay que tirarse de cabeza pese a que la tasa bajó a la mitad. ¿Y sabe cuál es el argumento?

P.: ¿Que ya no hay peligro de inflación?

G.G.:
Más convincente todavía: el inversor tiene que comprar lo que las instituciones japonesas van a comprar.

P.: ¿No es la lógica que envalentona a los que le apuestan al Dow? Después de todo el Nikkei ya escaló algo así como el 50% desde que Shinzo Abe tomó las riendas de la política en Tokio.

G.G.:
No son los inversores institucionales japoneses los que están detrás de esa embestida. Pero vaya usted a explicarles. Cuando el Nikkei corrija, se darán cuenta. Dicho esto, queda claro que el "tempo" de los anuncios de Japón ha sido un gran sostén en esta coyuntura.

P.: ¿Cuál es la conclusión? El rally de noviembre, contra viento y marea, se preserva intacto.

G.G.:
En la apariencia externa, sí. Pero hay daño en la estructura del avance. Y si no se repara, el fin de la pierna alcista y la agachada posterior son sólo cuestión de tiempo. Observe los índices Dow: el liderazgo pasó a manos de las compañías de servicios públicos. El sector de transporte se replegó. Usted no ganará una guerra importante si esconde a sus fuerzas de élite y manda al frente a la Policía de calle. Puede servir algún tiempo, pero así no puede pretender mucho más.

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