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Diálogos en Wall Street

Gordon Gekko: No diría que acá no pasó nada. Basta ver los escombros.
P.: La Bolsa de Nueva York está intacta. Con ánimo renovado. Y deseos, que no se esconden, de volver a picar en alza.
G.G.: La aplanadora no lastimó a las acciones en Wall Street. Les facilitó una corrección honorable, breve, no muy traumática. Todo lo demás -bonos, materias primas, mercados emergentes- se precipitó dos o tres escalones.
P.: Cambió el paradigma. Cuando empezó el año, el mantra era que "el equity había muerto". Ahora sólo hay vida en las acciones. Y se nota en los flujos concretos de fondos.
G.G.: Por el momento, es así.
P.: ¿Cree que ya pasó lo peor? ¿O nos queda el vuelto de algún último susto?
G.G.: La idea que manda es que la Fed ya nos dijo lo que nos tenía que decir.
P.: Y no fue tan bravo. Bernanke sonó mucho menos hostil que cuando habló inmediatamente después de la reunión de la Fed.
G.G.: Las propias minutas hubieran tenido una lectura más abrasiva sin el concurso oportuno de las palabras de Bernanke de ayer (por anteayer).
P.: ¿Cree que fue adrede?
G.G.: No sería razonable pensar otra cosa. Hace dos meses que los funcionarios no dejan de hablarnos. Lo que más me llama la atención es que los halcones, los duros de verdad (Lacker, George, Plosser), se llamaron a completo silencio todo este largo tiempo. Lo que nos asustó, en el fondo, es el revoloteo de las palomas.
P.: Es la tercera vez que un programa masivo de compra de bonos se apresta a finalizar. Terminó el QE1, bajó la tasa larga y se empantanó la Bolsa. Concluyó el QE2 y los resultados fueron los mismos. ¿Por qué el QE3 debería ser distinto? Y, sin embargo, los mercados apuestan a que será diferente. Las tasas largas suben, cuando antes siempre bajaron, y la Bolsa desborda de ganas de trepar. ¿Cómo se entiende?
G.G.: Es mérito de la Fed. Si alguien instaló la noción de una economía con un futuro robusto, a pesar de las limitaciones notorias del presente, ¿quién fue sino la Fed?
P.: La última información macro -sobre todo la referida a los inventarios mayoristas- insinúa una realidad más floja aún que lo que se barajaba...
G.G.: Es así. El mercado laboral tiene mejor cara. La economía, no. Pero es obvio que la Fed pretendía una suba de la tasa de interés, forzar una reducción del apalancamiento, y lo logró. No dañó a la Bolsa y sí a los instrumentos de renta fija porque vendió -y le compraron- la hipótesis de una economía en pronta recuperación.
P.: Bernanke puso un gran esfuerzo de comunicación en señalar que el final del QE3 y el comienzo de la suba de tasas de fed funds no constituyen una misma maniobra. Son operaciones distintas, y separadas por una franja de tiempo que se prevé muy prolongada. ¿Será que quiso que trepara la tasa larga de interés? ¿O le salió mal la jugada?
G.G.: Es un malentendido que la Fed sabía que se iba a producir. No creo que la Fed quisiese evitarlo, pero tampoco tengo dudas de que el banco central no va a empezar a reducirle la potencia al QE3 si antes desconfía de la estabilidad de las tasas. El mismo Bernanke hizo el doble rol de policía malo (en mayo y junio), y ayer (por anteayer) de policía bueno.
P.: Tan bueno que en menos de veinte días está agendada la reunión de la Fed y casi nadie piensa que comenzará a achicar la compra de bonos.
G.G.: Septiembre es la fecha reservada en el calendario.
P.: Si la economía confirma los pronósticos de firmeza.
G.G.: Si la economía no se deteriora aunque la robustez siga siendo una promesa. Relea el voto adverso de James Bullard. Ahí está claro que la Fed tiene más apuro que el que admite Bernanke. Lo positivo es que la idea ya está instalada y digerida. Mire los activos más golpeados: el oro, las materias primas, los mercados emergentes, los bonos a diez años. Todos conocen la intención de la Fed. Y ya todos han establecido pisos tentativos de cotización. La vida continúa, aun para los menos favorecidos. Uno diría que la Fed tiene la vía libre para meter manos a la obra.


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