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Diálogos en Wall Street

Periodista: Se hizo la calma en la antesala del debut de Janet Yellen como titular de la Fed en el Congreso, después de que bulls y bears se sacaron chispas la semana pasada...
Gordon Gekko: Es un round de estudio. No hay golpes. ¿Para qué? Mejor que Yellen baraje las cartas primero.
P.: Hemos pasado del pánico a la excitación. Fue la vuelta al mundo en cinco días. ¿Será ésta la calma que precede al temporal?
G.G.: A decir verdad, Yellen no encaja demasiado en el rol de tirabombas.
P.: Ya le tocará. Después de todo, ello depende del ciclo económico y no de la persona.
G.G.: Seguro. Pero no es el momento.
P.: Si hay un cliché instalado, desde los tiempos en que la Fed obedecía los dictados de Alan Greenspan, en los años noventa, es que Yellen es la más dócil de las palomas.
G.G.: Eso nunca es bueno.
P.: ¿Por qué?
G.G.: Porque nadie quiere tener un rótulo en la frente. Y en el afán de quitárselo puede exagerar con los gestos bruscos. En los tiempos de Greenspan, Yellen era la única persona en la Fed que pivoteaba sobre los temas laborales. Rompía el molde centrado en vigilar la inflación, y llamaba la atención. Ahora ya no. Los problemas de empleo están en el meollo de la discusión.
P.: Pero sigue abonada a las posturas más relajadas.
G.G.: No siempre. En la reunión de diciembre, Eric Rosengren, de la Fed de Boston, votó en disidencia oponiéndose a la decisión de comenzar el "tapering". Yellen no lo acompañó.
P.: Convengamos que nunca militó entre los halcones.
G.G.: Eso es cierto. Una razón obvia es que -como la número dos de Bernanke- influyó sobremanera en el diseño de las políticas. Es natural estar de acuerdo con lo que uno mismo realiza.
P.: ¿Cuál es el motivo entonces de tanta intriga por lo que dirá Yellen en el Congreso? Repetirá el discurso de Bernanke entonces...
G.G.: ¿Por qué tanto suspenso cuando era Bernanke el que asistía? Porque las circunstancias cambian, y la respuesta de política también puede cambiar. Y no le quite méritos a un estreno. Yellen no se limitará a leer una presentación escrita de antemano. Deberá contestar las preguntas de los legisladores. Sortear esos exámenes también es parte del trabajo.
P.: Entiendo. Pero la política en sí es difícil pensar que se modificó porque se fue Bernanke y ahora vino Yellen. Sin embargo, el "tapering" es condicional. Las dudas tendrán que ver con la marcha de la economía. De la economía de EE.UU. y de nadie más, como señaló, con franqueza tejana, Richard Fisher de la Fed de Dallas. ¿Hay razones para pensar que el "tapering" se alterará?
G.G.: En principio, no. Pero los inversores -como los legisladores - son todo oídos. La única diferencia es que no pueden repreguntar. La ola más reciente de indicadores ha sido muy confusa. Será bueno escuchar la interpretación de Yellen. Bulls y bears, estarán todos muy atentos a los comentarios.
P.: Usted es de los que sostiene que la estrategia de comunicación de la Fed cayó en una encrucijada y debe reescribirse. La tasa de desempleo bajó a un ritmo vertiginoso y se ubica apenas una décima por encima del umbral que la Fed publicitó como referencia para comenzar a pensar en una suba de tasas de interés. Pero la economía no está tan firme como ello sugeriría.
G.G.: Y el propio mercado laboral tampoco. Hay mucha más holgura que lo que insinúa la referencia. El problema lo tiene la Fed y también el Banco de Inglaterra. Sería fácil volver a la vieja fórmula de que las tasas cortas de interés se mantendrán estables "por un tiempo considerable". Pero eso sería un retroceso. Mudar la tasa de desempleo de referencia -y, por ejemplo, bajarla del 6,5% al 6% - ha sido propuesto por Charles Evans, de la Fed de Chicago, pero en el último mitin se prefirió dejar las cosas como estaban.
P.: Ahora es una cuestión más urticante.
G.G.: Tal cual. Se resolverá en la reunión de marzo. Pero Yellen puede anticipar un criterio. Y en la medida en que uno descuenta una flexibilización está claro que, si bien todo puede pasar (incluyendo el silencio), obra un sesgo importante a favor de que Yellen le termine dando un impulso a los mercados, aún sin quererlo


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