30 de septiembre 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El mundo es un polvorín. Wall Street duda qué hacer. Ya no es una tromba. Buen momento para consultar a Gordon Gekko, nuestro experto de cabecera.

Diálogos en Wall Street
Periodista: Mal momento para ponerse sensible. ¿Y ahora también se agita Hong Kong? Si Wall Street titubea, esta semana hay un centenar de indicadores que saldrán a la luz. O sea, un centenar de excusas para el paso atrás.

Gordon Gekko:
No es para tanto. Con la volatilidad de las acciones -el VIX- en lecturas de 16/17 tampoco se puede hablar de un gran escozor.

P.: Pero seguimos sumando percances. Hong Kong ensaya protestas masivas que no se veían desde antes de 1997. Y la sorpresa le pasó factura a la Bolsa. Brasil, tras el giro en las encuestas y el renovado liderazgo de Dilma, se precipitó el 4%. Las turbulencias políticas agregan nuevos teatros de operaciones.

G.G.:
Quizás no haya que sumar peras con manzanas. La Bolsa de Hong Kong cayó pero, en el continente, subió la de Shanghái. Son casos puntuales. Pueden ser inoportunos, pero no están vinculados.

P.: La debilidad de los mercados emergentes no es fruto de la casualidad, ¿o sí?

G.G.:
No se la achacaría a los conflictos políticos, tampoco. Ya hemos dicho que el fenómeno a monitorear es la resurrección del dólar en el mundo. Allí sí hay una raíz común que explica la dinámica reciente de mercados emergentes, materias primas y monedas.

P.: ¿Estamos dando vuelta la página?

G.G.:
Europa y Japón quieren relajar sus condiciones monetarias. China, en medio de una reforma estructural profunda, quizá necesite lubricarla con dosis moderadas de alicientes monetarios. Quedan EE.UU. y Gran Bretaña del lado de apretar las clavijas.

P.: La recuperación del dólar surge por descarte.

G.G.:
Escocia embarró las chances de la libra fuerte. El dólar, así, es el único mohicano en escena.

P.: ¿También los mercados emergentes están dando por cerrado un capítulo?

G.G.:
Todavía no hay apuro. La fiesta inolvidable terminó en 2011. Y los "blues" comenzarán cuando la Fed se aboque a subir sus tasas.

P.: En el ínterin, mediará un "tiempo considerable"...

G.G.:
Como reza en el comunicado de la Fed.

P.: ¿Hasta dónde ese tiempo no puede resultar ficticio y terminar acortándose?

G.G.:
Es la economía, stupid, diría Clinton. Usted mencionó la catarata de indicadores que se volcará esta semana. La tarea del banco central es sopesarlos bien, antes de interve-nir. Ya lo dijo Charles Evans (Chicago Fed) después de ver los números de agosto: no habrá aumento de tasas de interés si no hay constancia de que la inflación puede llegar al 2%.

P.: Tres meses atrás parecía que esa exigencia era pan comido.

G.G.:
Más a su favor. Si la Fed algo detesta es cometer el error que el BCE produjo dos veces, durante estos tiempos no convencionales. La Fed no querrá subir las tasas para tener, poco después, que bajarlas de apuro porque la economía -o los mercados- se derriten.

P.: Los precios minoristas -medidos por el deflactor de consumo personal- se mantuvieron sin cambios el mes pasado.

G.G.:
Y la inflación interanual volvió a descender -cuarto mes consecutivo- para ubicarse en el 1,5%. Lo que dice Evans -que fue el padre y pulmón del QE3- es que así no existen razones para innovar.

P.: Si el dólar se aprecia en el mundo, habrá menos presiones inflacionarias en EE.UU.

G.G.:
No lo dude. Ya lo estamos viendo.

P.: Ahora bien, si la Fed permanece de brazos cruzados, la suba del dólar no tiene por qué proseguir curso...

G.G.:
Se olvida de Draghi y del BCE. Ellos se ocuparán de mantener la llama encendida. A decir verdad, si algún resultado positivo pueden poner sobre la mesa, es que lograron torcerle el rumbo al euro. Iba derechito a desafiar el 1,40. En marzo y en mayo rondó en 1,39.

P.: Tiene razón.

G.G.:
Y costó bajarlo. Ahora es más fácil, la inercia está instalada. El jueves, Draghi tratará de darle otro empujoncito.

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