4 de noviembre 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La zozobra dijo adiós. Wall Street se instaló otra vez en las alturas y factura nuevos récords. Acertó Gekko, pero, ¿no estamos gestando el dolor de cabeza de una burbuja formidable?

Diálogos en Wall Street
Periodista: Volvimos a la vieja costumbre. Wall Street estampó nuevos récords. ¿Terminó la veda prudencial que regía desde mediados de septiembre? ¿Punto final para la sensación de penuria?

Gordon Gekko: El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. El rally dijo presente tras un cuarto intermedio.

P.: ¿Aquí no ha pasado nada? ¿Todo el temor sobre el debilitamiento de la economía global fue apenas una falsa alarma?

G.G.:
A juzgar por las cotizaciones, sí.

P.: ¿Y a juzgar por las cifras que irradian los indicadores?

G.G.:
Sabíamos que EE.UU. pisaba fuerte, más allá de algún leve tropiezo, y los números del PBI lo confirmaron de sobra. Una economía que crece al 3,5% real no está mal. Que las ventas finales aumenten al 4,2% anualizado no se ve todos los días. En rigor, desde el cuarto trimestre de 2006, un año antes que comenzara la recesión.

P.: ¿Y Europa? ¿Japón? ¿China? De ahí vino la alarma.

G.G.:
No espere una mejoría rápida de ninguno de los tres.

P.: A ratos, sus avatares importan. A ratos, no.

G.G.:
Importa que les vaya bien o, caso contrario, que aporten un antídoto. El Banco de Japón dobló la apuesta. La suba de impuestos de abril fabricó un atasco, y el gobernador Kuroda no se anduvo con minucias.

P.: Termina la expansión cuantitativa en EE.UU., pero se prolonga en Japón.

G.G.:
Viene corregida y aumentada. Y el ministro de economía nipón ya avisó que abogará por más estímulo fiscal si los guarismos del PBI del tercer trimestre no son satisfactorios. Súmele el aumento en la asignación de acciones y bonos en el fondo que invierten las pensiones del Gobierno, y entenderá la reacción que nos depositó, otra vez, en las máximas alturas.

P.: No está claro si el estímulo será suficiente para revivir la economía global, pero lo que son las Bolsas...

G.G.:
Usted sabe cómo opera el proceso. Primero corren, después preguntan.

P.: Es la receta para inflar una burbuja. Lo acabo de escuchar a Richard Fisher, de la Fed de Dallas, despotricando contra el QE3 (dijo que no debió haber existido) y el "put" de Yellen, la noción de que el banco central nos rescatará si hay inconvenientes. ¿No estamos jugando con fuego?

G.G.:
Nadie tiene la suerte comprada. El techo de los commodities, el récord del oro, se dio en 2011 al calor del QE2. Cuando sobrevino el QE3 no pudo torcer el destino bajista. Y hoy están de capa más caída todavía. La respuesta del precio del oro a la noticia de Kuroda fue un renovado hundimiento.

P.: No todo sube.

G.G.:
Piense en el crudo. Es lo mismo. No es tan fácil inflar una burbuja. Una exageración, sí. Pero algo digno de pasar a la historia requiere de mucha perseverancia. En ese sentido, no hay que olvidar el aporte de la temporada de balances. Las compañías aprobaron el examen. Nadie se quejó del dólar fuerte, de la pesadez del comercio o de la infinidad de conflictos que azotan al mundo. La Bolsa tiene un ojo en las oportunidades que le brindan las inyecciones de liquidez, pero también mira los fundamentos. Y este año, en EE.UU., mucho más que en 2012 o 2013.

P.: También mira el almanaque, me imagino. Y comienza la estación habitualmente más benigna.

G.G.:
Ésas son supersticiones.

P.: Pero que las brujas existen, existen. No parece casual que noviembre arranque con tanta firmeza.

G.G.:
Lo que prometía ser un octubre negro terminó con récord. Si piensa en una carrera de postas, es una buena entrega del testimonio: le limpió el temor a una corrección.

P.: La última pregunta: ¿qué pasa si Obama pierde el control del Senado?

G.G.:
El control republicano del Congreso es un escenario muy probable. Pensé que iba a perjudicar antes de la elección, y generar una reacción más favorable después. Pero, ya estamos a punto de votar y a nadie se le movió un pelo.

Dejá tu comentario