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Diálogos en Wall Street
Wall Street nada en petróleo pero no en euforia. Gordon Gekko nos cuenta los detalles de una rueda que arrancó con un pelotón de fusilamiento y terminó con ávidos compradores de baratijas.

Gordon Gekko: En principio lo que hay que decir es que no se produjo ninguna debacle.
P.: Uno diría que hubo más preocupación por lo que se puede romper, dada la fuerte baja del crudo que interés por lo mucho que hay por ganar...
G.G.: Wall Street se resiste a las euforias. No está nada barato y no lo ignora.
P.: El petróleo por la decisión de la OPEP de no recortar su producción, el oro por la decisión de los suizos de no atar al banco central a un programa de compras ampliadas obligatorio, eran blancos cantados. Y sin embargo se las arreglaron para rebotar con fuerza.
G.G.: Es la figura del cazador cazado.
P.: ¿La baja de las cotizaciones se pasó de rosca?
G.G.: Imposible sino que los patos ataquen a la escopeta. La suba fue importante.
P.: ¿El rebote del pato muerto?
G.G.: Más que eso, en mi modesta opinión. Hay alguna convicción en el momento y la magnitud de la maniobra. Sobre todo en los metales. El oro recuperó en un santiamén la media de las últimas 50 jornadas. El salto de la plata fue de dos dígitos -17%- contabilizado desde los mínimos. Las compañías mineras, firmes.
P.: ¿Cree que pasó lo peor? ¿Qué los precios ya incorporaron la incidencia de las malas noticias?
G.G.: No. El problema de las materias primas es que con la amenaza de un dólar fuerte en el horizonte tienen rodeada la manzana. No hay manera de escaparse muy lejos, a menos que se recorte la oferta de manera drástica.
P.: Toda suba es contra tendencia, entonces...
G.G.: Es remar contra la corriente. Muy difícil de sostener si además hay borrasca.
P.: Petróleo, a estos precios, sobra. Lo curioso es que nos llevara tanto tiempo darnos cuenta, ¿no?
G.G.: Sobra recién desde principios de año y el precio está cayendo desde junio. En el medio experimentamos varios sofocones geopolíticos, en áreas críticas para su provisión y existía riesgo de disrupciones en el abastecimiento. Y se pensaba por último que la OPEP, llegado el caso, iba a cerrar el grifo.
P.: Dijo que no lo hará. Pero, en todos estos años, la OPEP ha dicho tantas cosas, ¿por qué habría que creerle?
G.G.: Si le dicen que van a reducir la producción póngalo en duda. La tentación dentro del cártel es engañar a los pares y exceder la cuota. En este caso... ¿quién se va a sacrificar por los demás y bajar unilateralmente su oferta?
P.: Nadie.
G.G.: El que podía jugar ese rol era Arabia Saudita y todo indica que es quien gestó la movida.
P.: ¿La apuesta es reconquistar la participación de mercado que tenía la OPEP antes de la irrupción masiva del shale y los no convencionales?
G.G.: Es más agresiva. Y no sólo por su componente geopolítico. La caída del precio va a estrangular las energías alternativas, los biocombustibles y toda esa caravana de sustitutos que creció al amparo de las elevadas cotizaciones.
P.: Decíamos que los mercados se ocuparon más del lado negativo -del riesgo de quebrantos crediticios- que del costado favorable de dejar que fluya el petróleo en abundancia. ¿Cuál es el Talón de Aquiles de este shock imprevisto?
G.G.: Toda exposición al negocio levanta sospechas, aunque es obvio que una compañía refinadora, por ejemplo, que compra el crudo y vende los derivados, después de pasar las de Caín, tendrá una ganancia envidiable. Todo el mundo está haciendo cuentas. En el papel, países, compañías petroleras, de servicios y los bancos y bonistas que los financian están en el brete. Pero hay producciones que están cubiertas con derivados y el impacto frontal caerá en terceros. Como la merma se arrastra desde junio sin lamentar desgracias, la clave para que no pase a mayores es que no se produzca otro derrumbe brusco de precios.


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