10 de diciembre 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Dura prueba para los inversores. Una andanada de malas noticias envolvió a los mercados en un mar de dudas. Qué mejor que consultar a Gordon Gekko, nuestro veterano de mil batallas.

Diálogos en Wall Street
Periodista: ¿Qué pasó? ¿Comenzó una masacre? Desde principios de octubre que no veía todas las pantallas en rojo.

Gordon Gekko: Uno se olvida que los mercados pueden sangrar así. No está mal recibir un recordatorio a tiempo.

P.: ¿Cuál fue el disparador? ¿China, Grecia? ¿O un nuevo resbalón del petróleo?

G.G.:
Si quiere, los tres. Cada uno hizo su contribución. Y menos mal que no se repara mucho en Venezuela. El mercado de bonos allí está para el Caracazo.

P.: China fue el primero que sacudió el tablero. Una cuestión de huso horario, nomás. Shanghái arrancó un 2% en alza y se destruyó cuando las autoridades anunciaron medidas restrictivas. Al cierre, el derrumbe fue del 5,4%. Violentísimo.

G.G.:
Los árboles no crecen hasta el cielo. Y menos de prestado.

P.: Usted nos avisó sobre lo que se venía en la Bolsa china. Y el boom se produjo. ¿Hora de pisar el freno? ¿O un mero pozo de aire?

G.G.:
La Bolsa cayó más del 5% en la rueda, y aun así trepó el 35% en lo que va de 2014. Todo el rally, en rigor, se produjo a partir de julio.

P.: Desde que se lanzó la plataforma que vincula a Shanghái con Hong Kong -y los extranjeros pueden invertir en acciones del continente- el avance fue espectacular.

G.G.:
Más del 30% antes de la colisión de hoy (por ayer). Pero no son los inversores extranjeros, son los chinos quienes pisaron el acelerador. A partir de la rebaja de tasas que el banco central dispuso el 21 de noviembre, se desató una fiebre. A temperaturas chinas, podríamos decir.

P.: Por eso se está restringiendo el uso de garantías.

G.G.:
Es una señal amable, pero firme. La especulación apuesta que habrá más reducciones de tasas en camino. De momento, queda claro, no hay plafond.

P.: Suena como un problema circunstancial de los chinos, y no del mundo. Distinto es el caso de Grecia. Sabemos que arrastra a Europa, y la Europa del euro, a diferencia de Pekín (o Washington), suele complicarse y participar a todos de sus tribulaciones. ¿Vuelve la odisea que supimos padecer?

G.G.:
Quizás a manera de farsa y no como tragedia.

P.: El primer ministro Samaras anticipó la sucesión presidencial y arriesga la posibilidad de no poder imponer el nombre, y que se caiga el Gobierno. Maldita la gracia del vodevil. La Bolsa de Atenas se hunde el 12,7% y el Euro Stoxx 600, sin comerla ni beberla, el 2,5%.

G.G.:
Es fácil ignorar a China. Y, a la postre, recibir buenas noticias de allá. Grecia es un caso más peliagudo. Por empezar, nunca tuvimos una rueda tan negativa en Atenas, en ningún momento de la crisis, hay que remontarse a 1987 para hallar algo similar. El candidato oficial a la presidencia carece de los apoyos necesarios. Y si hay que adelantar elecciones, la coalición trotskista- Syriza marcha a la cabeza en las encuestas. Y trae una agenda de colisión con el resto de Europa.

P.: Sobre llovido, mojado. Europa parece políticamente cansada, se mece al borde una tercera recesión, sufre la desinflación, hay pujas internas en el BCE.

G.G.:
Habrá que sacar fuerzas de flaqueza. Que Grecia se manque a esta altura, cuando la economía por fin salió de la depresión, sería un crimen.

P.: La incertidumbre europea puede nublar el horizonte del resto del mundo como ya lo ha hecho en el pasado. ¿Hasta acá llegó el rally global?

G.G.:
Es interesante ver la reacción de Wall Street. EE.UU. es el ancla del sistema. Y hoy (por ayer) sintió el impacto, pero lo absorbió muy bien. La agenda que enfrenta está sobrecargada. No es sólo el ramalazo eventual de China. O las dudas sistemáticas que va a provocar Grecia. Uno no puede pensar que el precio del petróleo cae como cayó, y nada va a crujir. El riesgo de crédito es un interrogante crítico. Alguien va a sucumbir. Y habrá que soportar el chubasco. De ahí a dar las hurras y despedir el rally por anticipado, me parece una exageración. Vienen bien el escepticismo y los cuestionamientos, siempre se dice que no hay mercado bull que no tenga que trepar un muro de preocupaciones.

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